Entre todos los chavales, seguro que alguno sufre fobia escolar. Ese miedo que te paraliza y te aterra hasta el punto de no ser capaz de ir a la escuela.
Una de las primeras medidas que propongo a los padres para convertir los suspensos en aprobados es aprender a usar bien la agenda. Parece una tontería, pero la gran mayoría de mis alumnos o no la usa o no sabe hacerlo y son pocas las familias que revisan las agendas de sus hijos a diario para saber qué tareas tienen pendientes.
Soy un cabrón porque me lo he currado, porque me he tenido que esforzar para conseguir las cosas. He tenido que sufrir injusticias, y así aprendí a reconocerlas y combatirlas. Y eso es lo que no tienen mis alumnos; por eso votarían a Trump, porque se lo creen todo y porque no dice cosas tan alejadas de su forma pleistocénica de pensar.
Los cambios económicos están generando una creciente complejidad en los procesos, los instrumentos y los mercados financieros, al tiempo que enfrentan a los usuarios a un abanico de opciones y decisiones más amplio, complicado, en muchas ocasiones incomprensible y, desde luego, con mayores riesgos. La educación económica y financiera adquiere, por ello, cada vez más importancia.
En el campamento WiSci 2016 nada es al azar. No solo escuchamos cómo funciona el ADN, sino que tuvimos que simular un examen de paternidad y descubrir los padres de tres supuestos huérfanos. No solo nos explicaron cómo funciona la extracción de cobre, sino que pudimos nosotras mismas llevar a cabo un proceso de electrólisis con una batería.
No entraré en detalles sobre los recortes de presupuesto, la cantidad masiva de alumnos que hay por clase o el sueldo medio. No voy a hablar sobre el agotamiento profundo que implica estar todo el día sobre la tarima ni sobre la sensación de ahogo que te embarga esas noches y fines de semana en los que tienes cientos de trabajos que corregir.
Llegamos a la vida a escuchar y confundimos la vida con repetir lo escuchado; nos configuran para deber y luego confundimos la vida con esperar. Nos hacen olvidar rápidamente que podríamos conseguir cosas por nosotros mismos; que vale valernos. Nos arropan demasiado rápido, y enseguida nos abrazan y al cabo nos asfixian. Nos ponen a depender con una velocidad de rayo y con una eficiencia ingenieril.
Todos los niños son genios. Cada uno a su manera. Cogerles de la mano y ayudarles a descubrirlo será la mayor aventura que podamos vivir. Con el respeto y la autoridad bien entendida como bandera. ¿Quién se apunta?