La fórmula 1, además de un conjunto de elementos extradeportivos, es también un deporte de riesgo, como acabamos de comprobar con el accidente de Bianchi. Un riesgo que afortunadamente va reduciéndose año tras año. Pero siempre habrá un espacio para la fatalidad imprevista y no necesariamente negligente.
Se puede decir que todo deporte debe evolucionar y que la Fórmula 1 lo necesitaba. Pero tengo serias dudas de que este sea el camino apropiado. De momento, los seguidores nostálgicos le sacamos tarjeta amarilla... o tal vez habría que decir en este caso, bandera amarilla.
En menos de un mes comenzará en Australia una nueva temporada de Fórmula 1. Los 11 equipos llevan a cabo pruebas en Baréin para poner a punto unos coches notablemente diferentes a los del año anterior: nuevos motores, nuevas cajas de cambio y nuevo sistema de aprovechamiento energético.
La venta de este Ferrari por esta cantidad vuelve a demostrar lo que llevamos viendo en los últimos tres lustros: la inversión en vehículos históricos de ciertas marcas concretas se ha convertido en una inversión en valores tan segura como las que se realizan en arte.
La temporada 2013 todavía tiene muchas carreras y muchos puntos por delante. Pero 2014 es un cambio reglamentario masivo, tanto de motores como de chasis. Los recursos de los equipos de fórmula 1 no son infinitos, aunque algunos den esa sensación.