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Varapalo para Trump: por qué en Texas nadie quiere petróleo venezolano barato

Varapalo para Trump: por qué en Texas nadie quiere petróleo venezolano barato

Allí no se percibe como una victoria para el consumidor, sino como un golpe directo a la industria local.

Donald Trump enfadadoREUTERS

Lo que para gran parte de Estados Unidos sería una buena noticia —el abaratamiento del petróleo— en el oeste de Texas se ha convertido en motivo de preocupación. Y es que, en Midland, uno de los corazones de la cuenca del Pérmico y símbolo del auge del fracking, la caída de los precios del crudo amenaza con enfriar una economía que vive y respira energía.

Desde la pasada primavera, el precio del petróleo ha ido a la baja. A ello se suma la estrategia de la Casa Blanca de presionar para que aumente la producción venezolana, una maniobra que, según distintas informaciones, el expresidente Donald Trump considera clave para empujar el barril hacia los 50 dólares. Sin embargo, en Midland, esa cifra no se percibe como una victoria para el consumidor, sino como un golpe directo a la industria local.

Las señales del frenazo económico empiezan a ser visibles. Restaurantes con menos clientes, peluquerías vacías y negocios ligados al sector petrolero ajustando gastos forman parte del nuevo paisaje. En plataformas de compraventa local aparecen camionetas Ford F-150 casi nuevas a precios inusualmente bajos, un reflejo de la incertidumbre entre los trabajadores del sector.

"Si quieres una moto de agua nueva, ahora es el mejor momento para comprar", ironizó Taylor Sell, director ejecutivo de la pequeña productora Element Petroleum, al describir el enfriamiento del mercado.

El problema es estructural. Con el crudo por debajo de los 60 dólares el barril, muchas compañías apenas logran mantener en marcha los pozos existentes y posponen la apertura de otros nuevos. Además, los aranceles han encarecido materiales esenciales como tubos de acero y productos químicos, reduciendo aún más los márgenes. "Ahora mismo no estamos perforando", reconoció Sell.

Las consecuencias llegan al empleo. Empresas de servicios petroleros han reducido plantilla o recortado horas. Kyle Patterson, directivo de la firma Buckeye, especializada en fluidos de perforación, explicó que tuvieron que despedir a cerca del 10% de su personal en el último año ante la menor actividad. "No puedes quedarte sentado esperando a que el mercado se recupere", dijo, mientras admite que incluso su propio salario podría verse afectado.

Según datos del sector, el número de plataformas activas en la cuenca del Pérmico ha caído alrededor de un 14% interanual. La menor renta disponible de los trabajadores se traslada al resto de la economía: la ocupación hotelera bajó más de un 5% en el último año y el consumo local se resiente.

El temor en Midland es que esta vez la crisis no sea breve. Ben Shepperd, presidente de la asociación petrolera del Pérmico, advierte de que un periodo prolongado de precios bajos podría forzar el cierre de más pozos y aumentar la dependencia de Estados Unidos del crudo extranjero. "Realmente ha proyectado una sombra sobre el Pérmico", afirmó.

Para muchos en la zona, el precio “ideal” del petróleo ronda los 80 dólares por barril. Bubba Dobson, representante comercial de una empresa que alquila equipos de perforación, sostiene que ese nivel permite gasolina relativamente barata sin asfixiar a la industria nacional. Aunque entiende el argumento geopolítico de reactivar el petróleo venezolano, rechaza que EE.UU. dependa de importaciones. "Estamos sentados sobre una mina de oro; podemos producir lo suficiente para abastecernos", defendió.

Midland, conocida como la “Tall City” por sus edificios visibles a kilómetros en el paisaje llano del oeste de Texas, creció al ritmo del petróleo durante más de un siglo. Hoy cuenta con unos 143.000 habitantes y una tercera parte de su empleo está ligada directa o indirectamente a la extracción energética. Concesionarios de coches de lujo, urbanizaciones millonarias y jets privados conviven con barrios modestos que dependen del pulso del crudo.

No todos sienten aún el golpe con la misma intensidad. Algunos comerciantes creen que los efectos más duros tardarán meses en llegar. "Será dentro de un año cuando realmente empecemos a sentir el dolor", opinó Pat Dennis, que alquila herramientas para pozos petroleros y, por ahora, celebra pagar menos por la gasolina.

El malestar también empieza a rozar la política. Trump arrasó en Midland County en las últimas elecciones y las petroleras han sido históricamente grandes donantes republicanos. Aun así, algunos votantes comienzan a cuestionar si la estrategia de petróleo barato beneficia a su comunidad.

Ese desencanto se nota especialmente en los pequeños negocios. Nemecio Torres, copropietario de dos restaurantes, aseguró que uno de ellos vio caer sus ingresos cerca de un 30% el último año, obligándole a despedir empleados y a reducir drásticamente su propio sueldo. "Pensábamos que iba a ayudar a la economía aquí en el oeste de Texas", lamentó. "Algunos meses fue incluso más lento que durante la Covid".

Mientras tanto, en ciudades vecinas como Odessa, donde antes se formaban colas de trabajadores petroleros cobrando cheques de miles de dólares, ahora los ingresos son menores y menos frecuentes. "Es una ciudad petrolera, pero ya no se siente como tal", resumió una comerciante local.