La operadora, que comenzó a prestar este servicio a comienzos de diciembre de 2016 en los trenes del AVE a Sevilla, lo irá implantando de "manera escalonada" en el resto.
Conseguir que el 60 por ciento restante del planeta esté conectado no es tan fácil como instalar algunos cables. Significa que hay que combatir condiciones climáticas extremas y terrenos difíciles y proponer soluciones originales para llevar la conexión a lugares de difícil acceso.
No he entendido nunca cómo te pueden cobrar tanto en un aeropuerto por un triste bocadillo de queso y jamón, o por el dichoso wifi. No me extraña que muchos viajeros, amedrentados por los precios nórdicos de nuestros aeródromos, acaben llevándose de casa su bocata envuelto en papel Albal.
No entiendo cómo los hosteleros de España, "una de las primeras potenciales mundiales del sector turístico", como nos recuerdan a cada momento nuestros complacientes gobernantes, no se preocupan del tema o siguen ofreciendo un wifi con velocidades de otra época.
Dicen que España es una de las potencias mundiales en turismo, y sigo sin entender cómo los empresarios del sector hotelero no afinan en este punto. Al igual que el agua caliente o la luz , el WiFi debería estar por defecto, y, por supuesto, no debería añadir un céntimo a la factura.