Después de Hungría
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Después de Hungría

"El fracaso de la ultraderecha europea en el único país donde había conseguido instalarse, entre marrullerías y corruptelas, permite alejar negros presagios del futuro del Viejo Continente y nos abre un espléndido horizonte a los europeos".

El primer ministro húngaro Viktor Orbán.Sean Gallup

Como es bien conocido, una vez proclamados los resultados oficiales, las elecciones en Hungría del pasado 12 de abril otorgan al partido Tisza de Péter Magyar 141 de los 199 escaños, muy por encima de los dos tercios de la cámara. El vencedor ha denunciado fraude en una circunscripción, por lo que su ventaja podría incluso aumentar.

La noticia es gozosa para los europeos, que veíamos con estupor cómo uno de los países centroeuropeos que padecieron la bota del Kremlin tras la Segunda Guerra Mundial renegaba de los Tratados y se aproximaba peligrosamente a Vladimir Putin, al tiempo que, lógicamente, se alineaba con Moscú en la guerra de Rusia contra la Ucrania prooccidental.

La alternancia húngara tiene escaso interés desde el punto de vista dogmático ya que Magyar militó hasta hace poco en Fides, el partido de ultraderecha de Orban, pero el derribo de Orban supone un verdadero cambio de régimen y la radical marginación de quienes pretenden hacer de Europa una entidad “iliberal” procurando la hegemonía de formaciones de ultraderecha , claramente xenófobas y racistas, alejadas del consenso socialdemócrata que emergió en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial, que dio lugar al surgimiento de cómodos estados de bienestar dotados de servicios públicos universales y gratuitos e inspirados con criterios redistributivos capaces de garantizar que nadie descendería por debajo de determinado umbral de renta y bienestar.

La caída de Orban ha tenido ya inmediatas consecuencias. La Comisión Europea se dispone a otorgar a Ucrania el crédito de 90.000 millones de euros que le permitirá mantener la guerra contra Rusia, tras el desinterés norteamericano (como es sabido, Hungría impuso el veto indignamente a tal concesión).

El lunes 20 de abril, Magyar declaró que su país debe detener al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, si este entra en territorio húngaro mientras esté en busca y captura por la Corte Penal Internacional (CPI). Como se sabe, la CPI emitió una orden de arresto contra Netanyahu en noviembre de 2024 por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad pero Hungría se negó a arrestar al líder israelí cuando visitó Budapest en abril de 2025, con Viktor Orban, firme aliado de Netanyahu, como primer ministro. Antes de la reunión, Orban anunció la retirada de Hungría de la CPI , un proceso que tarda un año en hacerse efectivo según los estatutos del tribunal, y garantizó la inmunidad a Netanyahu. Magyar se ha ocupado ya de manifestar que la salida de Hungría del Tribunal no se producirá.

La mayoría que ha obtenido Magyar, superior a los dos tercios de la representación parlamentaria, le permite reformar en solitario la Constitución, que había sido recortada varias veces por Orban. La última reforma se realizó el 14 de abril de 2025, y con ella se permitía al Gobierno prohibir los actos públicos de las comunidades LGBTQ+ y se establecía que solo hay dos géneros: hombres o mujeres. Asimismo, se abría la vía para despojar temporalmente de la ciudadanía a personas con doble o múltiple nacionalidad.

En Bruselas, ha habido explícito alborozo por la caída de Orban, y Bálint Ódor, y ya se espera con impaciencia la salida de el representante directo de Orban en Europa durante los últimos seis años, mientras las relaciones con el bloque caían a mínimos históricos. En ese tiempo, Budapest se acercó a Rusia, criticó duramente a Ucrania… y vio cómo la UE congelaba miles de millones de euros en fondos debido a las restricciones a las libertades democráticas.

Como la dicha nunca es completa, la victoria de Magyar en Hungría ha ido acompañada por pardos nubarrones en Bulgaria, el país más pobre de la Unión Europea, que ha salido sin embargo de un periodo de grave inestabilidad

El pasado día 19 de abril, el prorruso y euroescéptico Rumen Radev ganaba las elecciones legislativas en Bulgaria, convocadas tras el fracaso de los tres intentos de formar gobierno tras las últimas elecciones de octubre de 2024, en un contexto de protestas masivas que hicieron caer el gobierno de Rosen Zheliazkov. El 11 de diciembre de 2025, el gobierno de Zheliazkov dimitió tras semanas de protestas contra los presupuestos de 2026. Estas últimas elecciones han sido las séptimas elecciones anticipadas en el país desde 2021, como resultado de una crisis política de hondo calado.

Presionado por Putin, Radev ha defendido una política exterior “pragmática y de mutuo respeto” con Moscú, abogando por mejorar las relaciones con Rusia, acabar con las sanciones y reabrir el flujo de petróleo y gas ruso hacia Europa. Durante su presidencia, se opuso al envío de ayuda militar a Ucrania y criticó a la Unión Europea por ese apoyo. En esta campaña electoral ha reafirmado su creencia, expresada anteriormente, de que la península de Crimea anexionada por Rusia pertenece efectivamente a Rusia.

También ha criticado algunas políticas de la Unión Europea, como el Pacto Verde, y aun resuenan sus elogios a Orbán antes de su caída, con quien supuestamente comparte una visión ultraconservadora de la sociedad. No obstante, tras ganar las elecciones ha dicho que hará lo posible por mantener “el camino europeo” de Bulgaria. Todo indica que Radev no será un segundo Orban ni entorpecerá el avance europeo. En todo caso, no se puede comparar la capacidad de influencia de la pequeña Bulgaria con la de Hungría.

Así las cosas, Europa ya no tiene excusas para no emprender la gran aventura de la integración, una vez que la OTAN aparece con peligrosas grietas y hasta el Reino Unido da discretas muestras de nostalgia por su pasado comunitario. Queda mucho por hacer, además de las reformas que federalicen la Unión y que deben abarcar todas las sinergias posibles. Además, habrá que definir nuestra propia occidentalidad en un marco geopolítico distinto del de los Estados Unidos. Israel, que en lugar de democratizar Oriente Medio lo ha incendiado reiteradamente, no es un buen compañero de viaje para la mirada oriental de Europa. Y a Occidente, América es mucho más que una colonia norteamericana, y su desenvolvimiento depende, en gran medida, del apoyo que Europa preste a aquellos países.

En definitiva, el fracaso de la ultraderecha europea en el único país donde había conseguido instalarse, entre marrullerías y corruptelas, permite alejar negros presagios del futuro del Viejo Continente y nos abre un espléndido horizonte a los europeos.

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Mallorquín, de Palma de Mallorca, y ascendencia ampurdanesa. Vive en Madrid.

 

Antonio Papell es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos del Estado, por oposición. En la Transición, fue director general de Difusión Cultural en el Ministerio de Cultura y vocal asesor de varios ministros y del Gabinete de Adolfo Suárez. Ha sido durante más de dos décadas Director de Publicaciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación). Entre 2012 y 2020 ha sido Director de Comunicación del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y director de la centenaria Revista de Obras Públicas, cuyo consejo estuvo presidido en esta etapa por Miguel Aguiló. Patrono de la Fundación Caminos hasta 2024, en la actualidad es asesor de la Fundación. Ha sido durante varios años codirector del Foro Global de la Ingeniería y Obras Públicas que se celebra anualmente en colaboración con la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander.

 

Fue articulista de la agencia de prensa Colpisa desde los años setenta, con Manu Leguineche; editorialista de Diario 16 entre 1981 y 1989, editorialista y articulista del grupo Vocento desde 1989 hasta el 2021; y después de unos meses como articulista del Grupo Prensa Ibérica, es articulista del Huffington Post. También publica asiduamente en el diario mallorquín Última Hora. Ha sido colaborador del Diario de Barcelona, El País, La Vanguardia, El Periódico, Diario de Mallorca, etc. Ha participado y/o participa como analista político en TVE, RNE, Cuatro, Punto Radio, Cope, TV de Castilla-La Mancha, La Sexta, Telemadrid, etc. Ha sido director adjunto de “El Noticiero de las Ideas”, revista de pensamiento de Vocento. Ha publicado varias novelas y diversos ensayos políticos; el último de ellos, “Elogio de la Transición”, Foca/Akal, 2016.

 

Asimismo, ha publicado para la Ed. Deusto (Planeta) sendas biografías profesionales de los ingenieros de Caminos Juan Miguel Villar Mir y José Luis Manzanares. También es autor de un gran libro conmemorativo sobre el Real Madrid: “Real Madrid, C.F.: El mejor del mundo” (Edit. Global Institute).

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