Gato es aquel que se siente gato
Las realidades therianas existen, han existido siempre y siempre van a existir, por mucho que moleste a los que afirman que nadie nace en una especie equivocada.

El odio no descansa. No pierde ni una única ocasión de destruir, de aniquilar, de arrasar allá donde aparezca un rastro de vida. Siempre está alerta para detectar al diferente, al que se sale de la norma establecida, a la persona única y especial. Lo hemos visto esta semana, en donde por fin se han atrevido a salir a la luz los therians, personas que se identifican como perros, gatos o cualquier otro animal. Sólo quieren que se les permita ser ellos mismos, que la sociedad les acepte como lo que realmente son y no como les han dicho que tenían que ser. Y ya hemos visto la respuesta en los medios de comunicación y las redes sociales: odio. Odio. Odio. Siempre odio. Las mismas burlas, los mismos acosos de siempre, ahora multiplicados por mil, como respuesta a la provocación imperdonable de querer existir.
Lamentablemente, vivimos en una sociedad en donde las formas del odio se han sofisticado y especializado hasta la náusea. Enebefobia, islamofobia, glotofobia, gordofobia, surrofobia. Debemos sumar una más: la therianofobia. Las realidades therianas existen, han existido siempre y siempre van a existir, por mucho que moleste a los que afirman que nadie nace en una especie equivocada. La biología ha demostrado hace tiempo que el concepto de “especie animal” es mucho más flexible y amplio de lo que se creyó en épocas más oscurantistas y cuadriculadas. Las especies animales son un espectro, y las personas pueden transitar entre ellas ejerciendo el libre desarrollo de su personalidad y la libre autodeterminación de especie. No obligan a nadie. No molestan a nadie. Sólo quieren ser.
¿Quién soy yo para decirle a nadie de qué especie animal es? Los perros therianos son perros. La especie animal es un constructo social que se asigna al nacer. Se puede ser de más de una especie animal. Gato es aquél que se siente gato. Los cuerpos therianos retan los convencionalismos represores de la diversidad desde su escisión zooperformativa, horadando los cimientos del zoocisheteropatriarcado y su zootecnología de la bipedestación. En todas las culturas encontramos imágenes —torsos humanos con cabezas animales, cuerpos de otras especies con cabezas humanas, esfinges, serpientes emplumadas— que demuestran que el propio concepto de “especie animal” es una idea puesta en práctica por el colonialismo blanco para oprimir toda disidencia, como bien supo ver Fucó.
La experiencia con anteriores odios nos enseña que es necesario cortar de raíz las semillas de la therianofobia. “Ya no estamos en la época en la que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva”, señaló con acierto el lehendakari Pradales. “Ya no estamos en la época en la que los seres humanos son homo sapiens”, debe decir ahora. Los centros educativos deben detectar, acoger y normalizar al alumnado no primate, celebrando la diversidad. Necesitamos implementar por vía de urgencia leyes que apoyen la transición médico-afirmativa de los menores therians y combatan con fuertes sanciones cualquier asomo de therianofobia. Cada niña, niño y adolescente tiene pleno derecho a crecer en libertad siendo de la especie animal que decida, con el amor y apoyo de su comunidad. No daremos ni un paso atrás.
