Introspectiva nacionalidad
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Introspectiva nacionalidad

"Los nietos de españoles exiliados perdieron la nacionalidad y los dirigentes del PP han perdido la poca vergüenza que les quedaba a la hora de encontrarse con la memoria democrática de España"

El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor TorresEFE/Chema Moya

«Amó la verdad» — Inscripción en la sepultura de Marc Bloch, historiador y héroe de la resistencia francesa.

La pasada semana Francia volvió a dar una lección de dignidad como país ante el mundo. El Panteón de los Ilustres abrió de nuevo sus puertas en una solemnidad solo propia de su espacio (ruego al lector que eche un ojo a las redes de Macron para ver alguna fotografía del momento), y lo hizo para recibir el ingreso de Marc Bloch, el historiador medievalista más referenciado y héroe de la resistencia francesa contra el fascismo al que combatió, que le torturó y finalmente fusiló. Esa majestuosidad en el reconocimiento a un ciudadano demócrata y comprometido con la historia y su mismo presente es propia de un país que se sabe suyo, que al mirarse dentro la respuesta que brota es la del orgullo de un país que reconoce, sin matices, su propia historia. Una grandeza francesa a la hora de abordar su memoria democrática que teje lazos de unión con la nuestra: hace una década el Rey Felipe VI rindió homenaje con la alcaldesa socialista de París a los héroes de la Nueve que liberaron la ciudad del nazismo; hace dos años que ingresó en ese mismo Panteón el primer español ilustre, Celestino Alfonso; y cómo olvidar Montauban, localidad cercana a Toulouse donde descansan los restos de Manuel Azaña, último presidente democrático de España antes del encuentro constitucional del 78; presidente de nuestro país enterrado, por tanto, en el exilio.

Junto a él, fueron conducidos fuera de nuestro país más de medio millón de españoles, única forma de escapar de una muerte segura. Primero a Francia, después en los llamados Buques de la esperanza a los países de América Latina. En muchas ocasiones sufriendo también la deportación a campos de concentración nazis.

En España no hay forma de que la derecha aplique el más mínimo gesto de introspección para estar en paz con nuestro pasado reciente, lo que dificulta definitivamente una reparación mandatada por la ONU, la UE y el sentido democrático común. Después de vulnerar nuestra Constitución derogando las leyes de memoria democrática en CCAA con muchos muertos aún sin identificar, esta semana el PP compra la última mercancía tóxica de VOX: una supuesta manipulación electoral por la Ley de Nietos, denominación acuñada con cariño en Latino América a nuestra Ley de Memoria Democrática. No les basta con derogar: ahora también cargan contra la ley que está en vigor de la única forma que saben, a través de la difamación (Feijóo: “vamos a ver si fabricando votantes me salen las cuentas”). Porque no es aleatorio, ni hay manipulación: hay un ejercicio de reparación para los descendientes de ESPAÑOLES que también merecen serlo por origen, como dice el Código Civil. Una reparación que además de justa y legal, es sumamente garantista: la ley de memoria daba un plazo de 2 años para el procedimiento de adquisición de la nacionalidad para los hijos y nietos de exiliados; un plazo que tuvo que prorrogarse otro año más (fíjense las prisas por adulterar nada) y cuyo plazo de solicitud se cerró finalmente en octubre del 25. No, no hay 2,5 millones de votantes más como ha dicho la derecha: ese número se aproxima al de solicitudes. Otro millón hay que restarle al de los expedientes que se han recibido y que se tramitan, donde el material probatorio es muy riguroso y exige probar parentesco y el arraigo del exiliado a una zona concreta de nuestro país. Poco más de medio millón son los expedientes aprobados que además han de pasar después por el registro civil consular para poder votar. Pero es que, además, tener derecho a voto no significa ejercerlo, y desde luego no hacerlo en un mismo sentido o hacia un mismo partido. Y si tenemos en cuenta los antecedentes… el último diputado por Madrid en unas generales por el voto exterior se lo llevó el PP.

Que VOX siga empeñado en borrar sin reparar un pasado que les avergüenza, forma parte del largometraje en blanco y negro que duró 40 años y al que quieren que regrese España. Que esto sea comprado por el PP de Ayuso es la tónica general, pero que cale hasta el extinto moderado Feijóo refleja la incontinencia de éste a la hora de intentar zafarse de la política trumpista a la que les somete su jefa en la única dirección que sabe hacerlo: abrazarse a ella. Pero es torpe, y hasta eso lo hace mal. La recogida de cable operada por su portavoz parlamentaria ya es histórica: del “pucherazo electoral” de Ayuso y Abascal a la “ingeniería electoral” de Feijóo, quedan por el camino trazas de lo que un día fue el PP… de ese ahínco del PP gallego por el voto exterior, de las palabras huecas de Ester Muñoz cuando fue senadora hace una década diciendo que “es de Justicia que todos los nietos de aquellos ciudadanos españoles que tuvieron o quisieron salir de España al exilio puedan acceder ahora a la plena nacionalidad que está en sus orígenes. Tuvieron que pasar en su día por el trago amargo e injusto del exilio; ya es hora de que recuperen lo que nunca debieron haber perdido: la nacionalidad española”.

Efectivamente, ellos perdieron la nacionalidad y los dirigentes del PP han perdido la poca vergüenza que les quedaba a la hora de encontrarse con la memoria democrática de España. Porque, ¿qué le ha pasado a Ester Muñoz para que diez años después, diga que “nos encontramos con que 2,5 millones de personas más pueden votar porque han accedido a la nacionalidad, muchos sin haber pisado en su vida España”? La deriva ideológica del PP y su ausencia total de proyecto para nuestro país hace que no sepan hacer oposición; y quien no sabe hacer oposición, no se merece dirigir nuestro país. Cada vez se alejan más de un panteón de ilustres y se parecen más a una fosa séptica de manipuladores.

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Raúl Díaz es portavoz de Memoria Democrática y diputado del PSOE por La Rioja.

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