Oriente Medio: no a la guerra, sí a la diplomacia (lecciones de la historia)
Los ejércitos de los Estados Unidos han estado presentes de forma ininterrumpida en Oriente Medio desde la creación del Estado de Israel con una intención ordenancista o arbitral que no ha dado resultado alguno.

Irán ha sido el último fruto putrefacto del colonialismo occidental en Asia. Como es bien conocido, el último sha de Persia, Mohammad Reza Pahlaví, sucedió en agosto 1941 a su padre, Reza Shah, obligado este por el Reino Unido y la Unión Soviética a abdicar después de haber mostrado su simpatía por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el resto de la guerra, Persia permaneció ocupada por los británicos y soviéticos, y el nuevo sah colaboró activamente con los aliados.
El reinado de aquel monarca, que se estrenó reuniendo a todos los partidos en uno solo, el partido del rey, fue verdaderamente desastroso. En 1953, tomó parte en un golpe de Estado organizado por la CIA norteamericana y por los británicos para atajar un intento de nacionalización del petróleo, en perjuicio de las compañías anglosajonas que lo controlaban. La década de los sesenta fue particularmente dura para los iraníes que sufrieron un régimen dictatorial y vieron como se agravaban las heridas abiertas, la brecha económica, la desigualdad social y la falta de libertades políticas. Todo ello bajo el control de una temida policía política que asfixiaba y reprimía cualquier voz opositora.
En la década de los setenta del pasado siglo, el sha ya era visto como una marioneta americana. En 1978, el malestar social desembocó en una revolución. Jimmy Carter instó al sha a que pusiera en marcha políticas sociales, pero ya era tarde; Reza designó varios gobiernos liberalizadores que cayeron uno tras otro. La revolución avanzaba y el 16 de enero de 1979 el sah debió exiliarse, pilotando su avión. Giscard d’Estaing le negó la entrada en Francia —donde estaba exiliado el líder integrista Jomeini— y el sha, después de un penoso periplo, acabó recalando en Egipto, donde murió de un cáncer en 1980. Poco después de que el sha se exiliase, Ruhollah Jomeini volvía del exilio. Irán se convirtió en República Islámica el 1 de abril de ese mismo año.
Desde este momento, Irán profundizó en sus políticas antiisraelíes, no solo por razones ideológicas sino por las políticas que el estado judío aplicaba a la población palestina. Como es conocido, las Naciones Unidas decidieron el 29 de noviembre de 1947 la partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío con Jerusalén bajo la administración de las Naciones Unidas. La mayoría de los judíos en Palestina aceptaron esta decisión, pero no así los árabes. Paralelamente a estos acontecimientos, los británicos anunciaron su intención de retirarse de Palestina. Poco después de la declaración del Estado de Israel, Egipto, Siria, Transjordania, Irak y el Líbano invadieron el nuevo país. En una guerra a la desesperada, los israelíes no solo resistieron, sino que se apoderaron de nuevos territorios. Se firmó un alto el fuego que disponía que los territorios ocupados permanecerían en poder de Israel. En definitiva, Israel ocupó el territorio que le había asignado las Naciones Unidas, más una buena parte del asignado a los árabes y la parte occidental de Jerusalén (Israel aumentó su tamaño en casi un 50%). Quedaron en manos de los árabes la zona occidental del Jordán (la Cisjordania) y la Franja de Gaza, ocupada por Egipto.
Desde entonces, la normalidad ha sido la guerra y no la paz: en 1956 tuvo lugar la guerra de Suez; en 1967, Israel lanzó la llamada guerra de los Seis Días; en 1973, Siria y Egipto lanzaron un ataque combinado contra Israel… La trágica historia avanzó hasta la guerra de Gaza, que comenzó con un ataque de Hamás y otras milicias palestinas contra Israel el 7 de octubre de 2023 y que desencadenó un sanguinario genocidio en Gaza contra la población civil palestina —con un mínimo de 72.000 muertos, la mayor parte civiles—, acompañado de la destrucción total de las estructuras e infraestructuras de la franja.
Si se observa con la suficiente perspectiva, se verá que el objetivo constante de los Estados Unidos, el gran actor geopolítico mundial, durante todo este periodo ha estado directa o indirectamente encaminado a la preservación del Estado palestino. Las intervenciones de Washington en la región han sido numerosas, pero en todos los casos, sin excepción, han fracasado más o menos estrepitosamente. Pasemos lista:
En la primavera de 1979, más de 30.000 efectivos militares de la URSS, apoyados por aviones y carros de combate, comenzaron su despliegue en Afganistán en apoyo al gobierno "revolucionario" de Kabul. Grupos guerrilleros locales resistieron durante años la invasión soviética de Afganistán con el apoyo de Washington, que les suministró armas y dinero para entorpecer los objetivos de la URSS, la superpotencia rival. La URSS abandonó Afganistán el 15 de febrero de 1989.
El 11 de septiembre de 2001, tenían lugar los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, atribuido a los terroristas de Al Qaeda, y el 7 de octubre comenzaba la invasión norteamericana de Afganistán, cuyo gobierno estaba en manos de los talibanes, es decir de la milicia terrorista comandada por Bin Laden, considerado el autor intelectual de los atentados. Después de innumerables vicisitudes, los Estados Unidos salían de Afganistán el 30 de agosto de 2021 después de la caída de Kabul el 15 de agosto de 2021 a manos de los talibanes. El 2 de mayo de 2011 fue efectivamente asesinado Bin Laden por agentes norteamericanos, pero no en Afganistán sino en Pakistán. La guerra de Afganistán, que duró veinte años, fue el conflicto bélico más largo en que se han involucrado los Estados Unidos en toda su historia. Hoy, Afganistán está en todos sentidos peor que antes de las sucesivas invasiones de la URSS y de EEII.
Entre 2003 y 2011, los Estados Unidos estuvieron embarcados en la guerra de Irak, secundados por una coalición en la que participaban Blair y Aznar. Aquella guerra estuvo precedida de una vergonzosa y mendaz campaña publicitaria para justificarla. El propio Blair manifestó que el detonante de la colosal operación fue la incapacidad de Irak para aprovechar una "última oportunidad" para desarmarse de supuestas armas nucleares, químicas y biológicas que funcionarios estadounidenses y británicos calificaron como una amenaza inmediata e intolerable para la paz mundial. Todo aquello era una colosal mentira que puso a los contendientes en un absoluto ridículo. En cualquier caso, la invasión fue fuertemente rechazada por algunos aliados tradicionales de Estados Unidos, incluidos los gobiernos de Canadá, Francia, Alemania i Nueva Zelanda. Según Kofi Annan, el entonces secretario general de las Naciones Unidas, dicha invasión fue ilegal según el derecho internacional, ya que violaba la Carta de la ONU. Irak no se ha recuperado de aquella guerra, que generó millones de emigrantes, y es hoy un estado postrado y fallido que no tiene visos de revivir a medio plazo.
El ataque a Irán lanzado conjuntamente por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero se ha querido justificar mediante el argumento de que Teherán estaba a punto de conseguir la bomba atómica (otra vez las armas de destrucción masiva). Pero en junio de 2025, Israel, con apoyo de los Estados Unidos, había ya atacado a Irán en la llamada “guerra de los doce días”, para destruir la infraestructura militar atómica del país; al concluir la acción, Washington dijo con solemnidad que Irán ya no conseguiría la bomba atómica. Por ello, es evidente que, al reiterarse el ataque a Irán, Trump no ha hecho más que ceder al llamado de Netanyahu, quien, después de la operación de destrucción de Gaza, quiere llevar al límite el afianzamiento del Estado palestino, que pasaría, como bien se ve, por la anulación del poder militar de Irán y por el asolamiento del Sur del Líbano, que Tel Aviv pretende convertir en una inmensa franja desmilitarizada y baldía.
Resumidamente, los ejércitos de los Estados Unidos han estado presentes de forma ininterrumpida en Oriente Medio desde la creación del Estado de Israel con una intención ordenancista o arbitral que no ha dado resultado alguno. La última incursión no solo ha destrozado las infraestructuras de Irán, sino que ha desacreditado a las boyantes monarquías del Golfo, juguetes en manos de Washington que están sin embargo al alcance de los misiles árabes de diversos países. Emiratos, Baréin, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí, grandes potencias económicas, penden de un hilo. Su vulnerabilidad es muy inquietante: 90 millones de personas morirían de sed si se destruyeran las desaladoras (56 grandes plantas) y el turismo, siempre tan cobarde, huirá como es lógico de cualquier peligro.
No sabemos cómo concluirá la guerra de Irán, no solo porque hay numerosos factores de incertidumbre sino porque la solución está en gran medida en manos de un loco decrépito que nunca debió ser entronizado hasta la jefatura del Estado (la frivolidad del pueblo americano traerá implícito el castigo).
Loque sí es seguro es que Oriente Medio necesitaría un gran despliegue diplomático que solo una institución como Naciones Unidas podría realizar, si las grandes potencias se comprometieran a devolver al organismo multinacional su fuerza moral y su prestigio mermado por los abusos que se han cometido. De cualquier modo, con Trump en la Casa Blanca y su mayoría parlamentaria en ambas cámaras hay poco que hacer. Cualquier solución posible pasa por la desaparición de este sátrapa inculto, que podría quedar en minoría parlamentaria en noviembre y que en todo caso tendrá que marcharse cuando concluya su mandato. Hasta entonces, solo cabe sortear lo mejor posible las procelas y borrascas que este innoble personaje continuará sembrando a su paso, vaya a donde vaya.
