Sobre 'jevis', jipis y Zapatero
"Llevamos seis días oyendo a la peña insistir en que hay que distinguir entre el legado del Zapatero presidente y su turbia actividad posterior".

Es una de las frases favoritas de mi amigo Álvaro: “Los jevis son buena gente que van de malos; los jipis son mala gente que van de buenos”. Es necesario irse a la geometría para encontrar una afirmación con un número tan bajo de excepciones. Yo tengo otro as en la manga que saco como última solución cuando quiero revitalizar una conversación que decae: “tras un hortera siempre hay una mala persona”. Catedráticos de Filosofía Postanalítica ya han explorado las íntimas conexiones entre ética y estética, entre la actitud y la aptitud, entre el significante y el significado. Pero yo voy por otro lado, si tu vanidad es más fuerte que tu sentido del ridículo, si el ansia por la pedantería sobrepasa los frenos de la vergüenza ajena, entonces serás capaz de cualquier cosa, de cualquiera. Tu único límite lo marcará el miedo.
Quiero decir, que si el conjunto de indicios que hemos leído esta semana en el auto del juez Calama se refiriera a un señor gris, que habla de compuestos hidrogenados fitosanitarios y trabaja con empresas llamadas Hispacorp o Transportes Logroño en el ramo del caucho, yo tendría mis serias dudas acerca de la culpabilidad del investigado. Pero si el contenido de tal auto tiene que ver con un señor que lleva más de una década subido a una suficiencia ética de todo a cien, sermoneando bobadas banales sacadas de tazas de Mr. Wonderful desde su atalaya moral, mientras viaja por el mundo compitiendo con Greta Thunberg por el Oscar a los Derechos Humanos financiado por Análisis Relevante, entonces yo también pongo la mano en el fuego por ZP. Pero la pongo a que es culpable. Presuntamente, claro.
Llevamos seis días oyendo a la peña insistir en que hay que distinguir entre el legado del Zapatero presidente y su turbia actividad posterior. Yo más bien propongo que el punto de corte, como con Anakin Skywalker, sea el momento en que cayó en el lado oscuro de la Fuerza, que fijo en aquel discurso sobre la infinitud del universo y la posibilidad sublime del amor —“el universo es infinito, seguramente”; añadió “seguramente” al final algo dubitativo y avergonzado por no haber terminado la “Historia del tiempo” de Hawking—. ¿Que Darth ZP haya dicho una horterada del tamaño de “la tierra sólo pertenece al viento” no nos exime de tener que andar repitiendo “presuntamente” todo el rato cuando hablamos de los millones que se embolsó con la trama de los hidratos de carbono, digo, de los hidrocarburos?
El increíble personaje que interpreta Guillermo Francella en la deliciosa serie argentina “El encargado” se lo dice muy claro a un joven aprendiz de sinvergüenza: “Desconfía siempre de las personas cuyo trabajo es ser buenas. Son las peores. Las peores”. Y, como dicen que dijo Mark Twain, es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada, incluso cuando el engaño pasa por una ocurrencia como la “alianza de civilizaciones”. Desconfiemos siempre de las personas cuyo trabajo es ser buenas, pero también de las que fundan empresas inexistentes llamadas Inteligencia Prospectiva, dirigen Cátedras de Transformación Social Competitiva o cobran cientos de miles de euros por maquetar textos. Desconfiemos siempre de los horteras. Especialmente de los horteras ideológicos.
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