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26/05/2013 09:59 CEST | Actualizado 25/07/2013 11:12 CEST

Jovel creyó que salía (pero en Honduras no se sale)

El 22 de febrero del año pasado Jovel parecía animado. Tenía apetito, hablaba por los codos, escalaba una jerga divertida llena de anglicismos y exageraciones. Pocos en San Pedro conocían su historia. Valga de prueba que el día de su muerte, el diario local apenas le dedicó unas líneas.

El 22 de febrero del año pasado Jovel parecía animado. Tenía apetito, hablaba por los codos, escalaba una jerga divertida llena de anglicismos y exageraciones. Nos habíamos citado en un hotel céntrico de San Pedro Sula, la capital económica de Honduras y una de las ciudades más violentas del mundo. Creo que Jovel quedaba allí con quien pedía conocerle; corría menos riesgos.

Pocos en San Pedro conocían su historia. Valga de prueba que el día de su muerte, el diario local apenas le dedicó unas líneas. "Cuando iba con su padre matan a pintor", titulaba Tiempo el pasado 25 de abril.

Eso hacía Jovel últimamente, pintar casas. Tenía esposa y dos hijos. Vivía en un modestísimo barrio de San Pedro; pasaba desapercibido o eso creía.

Jovel muestra su pecho lleno de tatuajes de sus años en la pandilla. Foto: ALEJANDRA S. INZUNZA.

Jovel había liderado uno de los tentáculos del Barrio 18 en San Pedro hasta hacía unos años. Pandilla de pandillas, el Barrio 18 es una de las dos más grandes de Centroamérica junto a la Mara Salvatrucha, MS-13, su eterna enemiga. Jovel tuvo la palabra de -lideraba- la clica -tentáculo- Santana Locos en San Pedro. Según cuenta en el video, llegó a tener a su cargo hasta 100 homies -camaradas.

Lo extraordinario de Jovel es que dejó la pandilla y sobrevivió 12 años. Como explica en el vídeo, minuto cuatro y 35 segundos, el que sale de la pandilla es considerado un traidor y por eso uno se muere. Él era una rara excepción, un ejemplo de superación, un tipo que había burlado el pasado a base de sacrificio y dedicaba ahora su tiempo a ayudar a otros a encarar la curva.

El vídeo es apenas un resumen de las dos o tres charlas que mantuvimos a lo largo de varios días en San Pedro. Ayer lo encontré de casualidad y lo vi entero, lo repasé. Pasé por ese momento en que dice: "¡He cambiado mi vida!" (12:54); cuando explica cómo usaba la droga para captar niños para su clica: "Se volvían adictos y cuando ya no me podían pagar, les decía cómo: una es que si no me pagas te mueres, otra es que te haces de la pandilla y ya no me debes nada" (9:48); cuando dejó de creer en la pandilla, cuando su padre le dio la última oportunidad y le sacó de la cárcel...

Cuelgo el vídeo porque conocí a Jovel. Obviamente, muchos otros mueren en Honduras cada día y nadie cuelga vídeos en ningún lado y menos de un tipo que durante años fue un asesino. Pero la realidad en Honduras es un tanto distinta. La tasa de homicidios allá supera los 80 por cada 100.000 habitantes cada año, una auténtica barbaridad; dejar de matar se convierte en un logro.

Una enorme XV3 cubre a Jovel del pecho a la cadera. Entonces, aun trataba de quitarse los tatuajes con láser. Foto: ALEJANDRA S. INZUNZA.

El caso de Jovel es especial porque dejó de seguir la corriente y enfrentó el sistema pandilleril. Fue un tipo valiente. Dejó de tener un enemigo, la Mara Salvatrucha, para tener dos y hasta tres, el Barrio 18 y la misma policía. Y el tipo aguantó 12 años.

En su página de Facebook aun cuelga un mensaje que escribió hace unos meses; le hablaba a su tía: "Cómo quisiera traer de regreso a alguien del cielo ... Y pasar un día con esa persona". Imagino que ahora su mujer le estará dando vueltas a lo mismo.

Notas:Daniel Valencia, reportero de El Faro, escribió un relato soberbio sobre Jovel. Lo puedes leer aquí y en Crónicas Negras, recopilación de textos del proyecto Sala Negra de El Faro, recién editado por Santillana.

Este año, José Luis Pardo y yo publicamos en Esquire un reportaje sobre San Pedro Sula. Jovel es uno de nuestros protagonistas.

Grabamos a Jovel de espaldas a petición suya. El vídeo está subtitulado porque hay partes en las que no se le entiende bien.

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