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31/10/2012 17:34 CET | Actualizado 31/12/2012 11:12 CET

El silencio del presidente de la Caixa inquieta al Gobierno y al Rey

2012-09-25-sesioncontrol2_r2_c2.jpgEl Gobierno y las altas instituciones del Estado como la Casa Real siguen intentando que los empresarios y banqueros catalanes abandonen su ambigüedad con respecto a las posiciones independentistas.

El Gobierno y las altas instituciones del Estado como la Casa Real siguen intentando que los empresarios y banqueros catalanes abandonen su ambigüedad antes del próximo 25-N -fecha de las elecciones catalanas- con respecto a las posiciones independentistas lideradas ahora por el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Pero no parece que el éxito les acompañe. Ni el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz con Rosell, ni siquiera el Rey en citas con Fainé o Godó, logran que estos grandes e influyentes empresarios se posicionen de forma rotunda.

La pasada semana, el presidente de la CEOE, el catalán Joan Rosell, comía en Madrid en el reservado del restaurante Luarqués con el ministro de Interior para volver a retormar el asunto del posicionamiento de los empresarios catalanes con respecto a Mas. Pese a que Rosell ha hecho diferentes declaraciones sobre el problemón que sería la independencia, lo cierto es que a continuación matiza con el apoyo a las reivindicaciones del pacto fiscal y la revisión del estado autonómico. Fuentes económicas confirman que en estos dos meses -tras la Diada- la cúpula de la CEOE ha llegado a pedirle más claridad en su posicionamiento, en línea con la única declaración rotunda que hasta ahora ha tenido un gran empresario catalán, José Manuel Lara, quien anunció que el Grupo Planeta saldría de Cataluña si el independentismo avanzaba.

El presidente de la patronal española, catalán, siempre ha mantenido una posición correcta con los miembros del ejecutivo de Rajoy con los que ha hablado, un "se hará lo que se pueda", que a todas luces no resulta suficiente para contrarrestar el enorme poder e influencia que mantiene el Gobierno de Mas sobre las estructuras económicas catalanas, ya sea vía subvenciones o simpatías políticas auténticas.

Con todo, el silencio que más molesta en Madrid tanto en el Gobierno como en sus colegas banqueros, es el del presidente de La Caixa, Isidre Fainé. Pese a la petición o sugerencia de numerosas instancias políticas e institucionales, e incluso de alguno de sus colegas de la banca más importantes, el primer ejecutivo de la primera entidad bancaria catalana -la tercera de España- ha optado por no abrir la boca y dejar que sean otros banqueros, como el consejero delegado del Sabadell, Jaume Guardiola -muy cercano al presidente Mas- quienes pongan de relieve que no a todos los grandes empresarios catalanes, ni mucho menos, les preocupa la independencia y por eso el Sabadell ha decidido no posicionarse sobre la independencia.

Con el fin de intentar lograr algo más concreto, el Rey llamó a Fainé a la Zarzuela, igual que ha hecho con otros empresarios, como José Manuel Lara (Planeta), Javier Godó (La Vanguardia) y Josep Piqué (Vueling), exministro de Industria y portavoz con Aznar. A Fainé le pesa demasiado el boicot que se desencadenó a finales del 2005 y principios del 2006, coincidiendo con la negociación del Estatut y la OPA de Endesa, y que afectó a la Caixa tanto en la retirada de depósitos como en la entrada de dinero. Ese temor regresa con fundamento, pues ya circulan por la red diversas iniciativas en las que se prepara un nuevo boicot condicionado al resultado de las elecciones. Zarzuela se limitó a confirmar ayer estos contactos: "A don Juan Carlos le gusta escuchar a todo el mundo, y por eso les va recibiendo, para conocer sus opiniones". Aprovechando la coyuntura, el Rey, por su parte, trata de profundizar en ese nuevo papel de hombre de Estado que le están fabricando sus estrategas y con el que se pretende lavar su deteriorada imagen, y en el que cuenta con el beneplácito de Rajoy, tan poco dado a mover ficha.

Sin embargo, hasta ahora Juan Carlos no ha tenido mucho más éxito que el equipo de Rajoy. En general, los empresarios contactados, con excepción de la rotunda posición de Lara, prefieren nadar y guardar la ropa, a la espera de las elecciones del 25-N. A medida que el calendario corre hacia la consulta catalana, tanto en el Gobierno, como en los aledaños de la Zarzuela y de otras instituciones, aumenta la sensación de que el día siguiente de las elecciones, el 26 de noviembre, puede abrirse un camino del que nadie conoce el final y que será muy complicado si CIU saca mayoría absoluta. Por eso, posiciones ambiguas como la del presidente de La Caixa, preocupan tanto como exasperan.

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