Pilar, ¿Alegría?: el PSOE vuelve a darse un batacazo electoral en Aragón e iguala el peor resultado de su historia
La candidata del Partido Socialista sigue el camino de las pasadas elecciones extremeñas y obtiene el peor resultado de la historia, consolidando así una racha que viene de largo donde la formación no obtiene buenos resultados en los comicios autonómicos.

Un nuevo batacazo se suma a la lista de desastres autonómicos del Partido Socialista. Este domingo, a esa racha se ha sumado Aragón, donde su candidata, Pilar Alegría, ha igualado el peor resultado de la historia del PSOE en la comunidad con 18 escaños, evidenciando una vez más la debilidad de la formación en los comicios autonómicos. Después de Extremadura, donde Miguel Ángel Gallardo también obtuvo las peores cifras de su historia, Alegría ha seguido el mismo camino. "Cuando la extrema derecha avanza seguramente los que más pierdan sean los aragoneses y las aragonesas. La mala noticia es que el Partido Popular sigue dependiendo de Vox", ha dicho la candidata socialista después de conocerse los resultados.
Además, la candidata de los socialistas ha confirmado que no va a dimitir tras los resultados de Aragón. Su trabajo, a partir de ahora, consistirá en formar a un partido que pueda alcanzar la presidencia aragonesa.
La perspectiva a futuro no es favorable. En las próximas paradas de este recorrido —Castilla y León y Andalucía— se prevé que los socialistas tampoco logren la victoria, ni mucho menos unos resultados sólidos. Todo ello, a la espera de la convocatoria de unas elecciones generales que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha asegurado en numerosas ocasiones que se celebrarán en 2027. Sin embargo, hasta entonces, el desangre territorial parece lejos de detenerse.
La candidatura de Alegría ha sido un experimento que se repetirá a lo largo de 2026. Se trataba de una figura cercana a Moncloa, ya que, hasta su salto electoral, era ministra de Educación y portavoz del Ejecutivo. Esta fórmula será la misma que se empleará en Andalucía, donde María Jesús Montero, la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del Gobierno intentará recuperar un bastión histórico socialista. De nuevo, con una previsión bastante pesimista según todos los sondeos y que previsiblemente terminará con dos figuras cercanas a Sánchez fuera de la gobernabilidad.
El pan nuestro de cada día
Los barómetros ya advertían de un camino por la cuerda floja para Alegría. A una semana de los comicios, el diario El País señalaba que la candidata podía exponerse al peor resultado de la historia del PSOE en Aragón, y así ha sido. Finalmente, el Partido Popular volvió a imponerse, consolidando una encrucijada que se ha convertido en costumbre en la mayoría de territorios: los populares ganan, pero sin mayoría absoluta, y necesitan apoyos externos para gobernar. Vox vuelve a presentarse como ese socio incómodo que nadie parece querer, pero que en la práctica resulta imprescindible para la formación azul al no tener más opciones a las que agarrarse.
El regreso de Alegría a casa ha sido amargo. Se trata del segundo envite frente a Jorge Azcón. No hace tanto tiempo, en 2019, ambos se enfrentaron por la alcaldía de Zaragoza, donde, de nuevo, el candidato popular se impuso, iniciando entonces el salto 2.0 de Alegría a la política nacional. Las encuestas ya apuntaban antes de la jornada electoral que una parte del electorado socialista tradicional se estaba planteando cambiar su sentido de voto hacia el Partido Popular y, tras esta bajada histórica, parece confirmarse.
Además, la caída del Partido Socialista no sólo se evidencia en la gran pantalla y ante el Partido Popular, sino que en numerosas regiones de la comunidad el partido ha quedado en tercera posición siendo adelantado por la extrema derecha de Vox.
El desgaste Salazar
Más allá de la tendencia descendente del PSOE en las elecciones autonómicas, que arrastra desde Extremadura e incluso desde antes —cuando en 2023 perdió gran parte de sus bastiones históricos, a excepción de Asturias—, Alegría llegaba a estos comicios con un talón de Aquiles que no ha logrado superar: el caso Salazar.
El Partido Popular era consciente de esa debilidad y no dudó en utilizarla para desgastar a la candidata socialista. Durante la campaña, citó a Francisco Salazar —quien estaba llamado a ser el nuevo secretario de Organización del PSOE— para intervenir en la comisión del caso Koldo en el Senado. La candidatura de Salazar a ocupar uno de los cargos más relevantes del partido se desmoronó cuando numerosas mujeres denunciaron presuntas agresiones y comportamientos machistas que, según relataron, habría mantenido dentro de la organización.
Además, Alegría habría mantenido una comida que ella misma limitó al "ámbito personal", incluso cuando ya se conocían las acusaciones. "No se tendría que haber producido (la comida)", reconocía la candidata a las Cortes desde el micrófono de la portavocía del Gobierno antes de iniciar la campaña. "Que la investigación llegue hasta el fin de sus consecuencias", afirmaba después, condenando los comportamientos atribuidos a Salazar. Pese a ello, esa condena no ha sido suficiente para el electorado aragonés, más cuando el diario ABC acusó que Salazar habría colaborado en la campaña electoral de Alegría. Algo que la formación socialista desmintió de inmediato.
Un futuro incierto en Aragón
Tras la derrota electoral, el futuro político de la exministra queda en el aire. A lo largo de la campaña, Alegría aseguró que su proyecto seguiría ligado a Aragón. "Independientemente de los resultados, mi futuro será en y por Aragón", afirmaba en entrevistas y debates.
Pero los resultados de este domingo no dejan margen para interpretaciones: el PSOE no sólo pierde, sino que se desploma hasta tocar fondo. Aragón se suma así a la lista de comunidades donde el partido ha dejado de ser una alternativa sólida de gobierno para convertirse en una fuerza en retroceso, incapaz de frenar el avance del PP y de contener la fuga de su electorado. El peor resultado de su historia en la región no es sólo una derrota más: es un aviso interno, un golpe político de enorme calado y un síntoma claro de que el PSOE, en Aragón, atraviesa su etapa más débil en décadas.
