Tras la crisis migratoria en Ceuta de 2021, España apoyó a Marruecos en el Sáhara Occidental para evitar nuevas crisis... ¿Y ahora? ¿Habrá más concesiones?
El Ejecutivo de Pedro Sánchez dio un giro a una política exterior histórica en 2022 con la idea de garantizar así la seguridad de las ciudades autonónomas, algo que no ha funcionado a tenor de lo sucedido en los últimos días.

Habían pasado apenas unas horas desde la investidura de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia cuando su Gobierno anunció el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, un territorio no autónomo todavía pendiente de descolonización según Naciones Unidas. La decisión de la ultraderecha no sorprende. De la Espriella nunca ha ocultado sus deseos de subordinación a los intereses de Estados Unidos e Israel, para quienes Marruecos es ahora su principal aliado en el norte de África. Lo que sí puede generar cierta incredulidad es el hecho de que mientras la extrema derecha trumpista apoya la soberanía marroquí, en España suceda lo contrario. En 2022, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, uno de los principales adversarios de Trump, dio un giro sorpresivo a la política exterior española y apoyó el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental, algo que generó las críticas de la izquierda histórica española pero también de una ultraderecha como Vox, que a su vez es aliada de Trump y apoyó, por ejemplo, a Abelardo de la Espriella en los comicios colombianos.
Si ya en 2022 el giro histórico de España en su posicionamiento respecto al Sáhara Occidental sorprendió a todo el mundo, esa decisión ha vuelto a cobrar protagonismo estos días, tras la entrada de decenas de miles de personas a Ceuta procedentes de Marruecos. Pocos días después de que se hiciera pública la carta que Pedro Sánchez había enviado al rey Mohamed VI para anunciar su cambio de postura, el presidente del Gobierno viajó a Ceuta para afianzar su determinación. Hacía un año que Marruecos había abierto la frontera con la ciudad autónoma en respuesta al ingreso hospitalario en España de Brahim Gali, histórico líder del Frente Polisario. En opinión de Sánchez, el reconocimiento español al plan de autonomía marroquí, que echa por tierra toda esperanza de autodeterminación saharaui, suponía el fortalecimiento de las relaciones con el reino alauita en cuestiones como la "seguridad, el control migratorio y los sólidos vínculos con Marruecos", tal y como escribió Carmen Rengel en El Huffpost. Si era para eso, ¿cómo se explica que Rabat haya vuelto a hacer lo mismo?
Antes de que Marruecos relajara los controles fronterizos para hacer posible que miles de personas entraran en Ceuta estos días, en España sucedieron hechos que, si bien no llamaron la atención en exceso, pudieron suscitar malestar al otro lado del Estrecho. A finales de julio, Sánchez realizó una visita relámpago a Argelia para verse con su homólogo y tratar de afianzar las relaciones diplomáticas. Unos días antes, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, abrió las puertas del Parlamento a un centenar de niños saharauis del programa Vacaciones en Paz. Armengol reconoció haber sido familia acogedora de dos niños saharauis y afirmó que lo "justo" era "que el pueblo saharaui asuma la dignidad y la libertad por la que lleva luchando muchísimos años, como reconoce la ONU". 72 horas después de ese recibimiento, el Parlamento aprobó una ley que otorga la nacionalidad a los saharauis. Se supo que antes de la votación el PSOE trató de suprimir en la norma las referencias al "pueblo saharaui" y cambiarlas por "población saharaui" o "saharauis" a secas. El objetivo, a petición del Ministerio de Asuntos Exteriores, era el de no enfadar a Marruecos. No lo consiguieron.
En 2022, el CNI, los servicios de inteligencia españoles, concluyeron que Marruecos había provocado la crisis migratoria con el objetivo de "presionar al Gobierno de España para conseguir un posicionamiento favorable a Marruecos en el contencioso del Sáhara Occidental". Según el informe del CNI, Rabat vio en la acogida de Brahim Gali "una magnífica oportunidad para obtener mayores concesiones de nuestro país en el ámbito bilateral". Fuera por ese motivo o no, lo cierto es que no pasó ni un año desde aquella entrada masiva en Ceuta hasta que Pedro Sánchez compró el plan marroquí "como la base más seria, realista y creíble para la resolución del contencioso". Cabe ahora preguntarse, entonces, qué oportunidades ha vislumbrado Marruecos para permitir la llegada a Ceuta de más de 70.000 personas (en 2021 fueron 9.000).
Desde hace años, el uso instrumental de las personas migrantes se define como "amenaza híbrida" y se considera un ataque a la soberanía y a la integridad territorial de un país. Es, básicamente, un chantaje. Si en 2021 Marruecos dejó entrar a miles de personas en Ceuta con la intención de que España modificara su política exterior, ¿qué se busca con esta nueva crisis? El reino alauita ha vuelto a demostrar, cuanto menos, que la seguridad en la frontera con la ciudad autónoma está en sus manos, más aún cuando tanto España como Europa han cedido el control migratorio a Marruecos, un país que recibe millones de euros para la lucha contra la inmigración irregular.
Marruecos nunca ha dejado de mirar hacia Ceuta y Melilla, dos ciudades que considera suyas y ocupadas por España. Hasta este momento, Estados Unidos, principal valedor de Marruecos en una zona geoestratégica como es la entrada al Mediterráneo, no ha dejado de reconocer la soberanía española sobre las dos ciudades autónomas, claro que tampoco pensaban que el Sáhara fuera marroquí hasta que lo decidió Trump. Algunos republicanos sí han comenzado a apoyar las tesis marroquís respecto a las dos ciudades. Hace poco, en mayo de este año, un informe adjunto del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes estadounidense situó a Ceuta y Melilla "en territorio de Marruecos", según adelantó El Confidencial. Lo hizo a instancias del congresista Mario Díaz-Balart, quien también pidió a Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, que fomentara el inicio de conversaciones entre Marruecos y España para alcanzar un acuerdo sobre las dos ciudades. En una entrevista con El Español, Díaz-Balart afirmó que Ceuta y Melilla "no están en el territorio geográfico de España, están en el territorio de Marruecos y este tipo de cosas se establecen, se negocian y se discuten".
Por ahora, el Gobierno español rechaza la idea de que Marruecos esté detrás de esta crisis. Pedro Sánchez denunció una "violación de la integridad territorial de España" pero no por un ataque híbrido marroquí, sino por culpa de "las mafias que trafican con seres humanos". En el Ejecutivo no quieren que ningún miembro del Consejo de Ministros apunte hacia Rabat. De hecho, el presidente se refirió al Gobierno marroquí como un "aliado" con el que trabajan de manera más fluida si se compara con la crisis de 2021. Pese a que tanto el PSOE como Sumar han mantenido esta línea de silencio, no lo han hecho algunos de los partidos que forman parte de la coalición, como Izquierda Unida. Su coordinador, Antonio Maíllo, acusó a Marruecos de "generar la crisis" gracias al apoyo de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. Es la misma idea que han trasladado también desde Más Madrid o los Comuns.
Esta crisis migratoria no solo puede llegar a beneficiar a Marruecos en la búsqueda de más concesiones, como ocurrió la última vez, sino que a quien también ha servido es al presidente estadounidense, quien ha aprovechado la ocasión para atacar a Europa y más en concreto a España. Las imágenes de miles de personas migrantes entrando en Ceuta se replican sin descanso por parte de la extrema derecha, que ha visto la oportunidad para afianzar su posición racista y conspiranoica. En España, en cambio, la ultraderecha trata de bailar entre dos aguas, la de la defensa de la soberanía territorial española mientras ataca a las personas migrantes y, fuera, apoya a quienes fortalecen la posición de Marruecos, como el nuevo presidente colombiano.
