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26/03/2013 08:32 CET | Actualizado 14/10/2013 15:51 CEST

Walesa contra Walesa

Hace unas semanas nos sorprendió con unas declaraciones en las que afirmaba que los homosexuales deberían sentarse en el parlamento detrás de un muro. Parece mentira que un hombre que puso en juego su vida y pasó sus buenas temporadas en la cárcel por la democracia, tenga un sentido tan bastardo de ésta.

Hace unas semanas Lech Walesa nos sorprendió con unas declaraciones en las que afirmaba que los homosexuales deberían sentarse en el parlamento detrás de un muro. Parece mentira que un hombre que puso en juego su vida y pasó sus buenas temporadas en la cárcel como consecuencia de su lucha por la democracia, tenga un sentido tan bastardo de ésta.

Las democracias maduras no son las que imponen la visión del mundo de la mayoría sobre la minoría, de manera automática y sin miramientos, sino las que respetan a las minorías y defienden sus derechos. Esto, que resulta tan evidente, y que tú, apreciado lector, ya sabes, es algo que Lech Walesa parece desconocer.

El otorgar derechos a los homosexuales no colisiona ni limita los derechos de los heterosexuales. Por lo tanto, cualquier rechazo a los derechos de los homosexuales sólo puede fundamentarse en creencias ideológico-religiosas y en el deseo de imponer una visión idealizada de la realidad libre de cualquier desviación a la norma mayoritaria. Y es que Lech Walesa entiende que ser homosexual no es normal porque la mayoría no lo es.

Aun así, Lech Walesa se considera a sí mismo una persona tolerante. En uno de los últimos números de la edición polaca de la revista Newsweek se explica que tolera a gais y lesbianas, pero no quiere verlos besándose por las calles. Simplemente tolera su existencia pero preferiría que permanecieran invisibles. Y esto mismo piensa una gran parte de la sociedad polaca. Según una encuesta realizada por CBOS (el Instituto Nacional de Estadística polaco) entre el 31 de enero y el 6 de febrero de este mismo año entre 1.111 personas, el 57% considera que la homosexualidad debe tolerarse frente al 26% que opina que no debería aceptarse. Sólo el 12% considera que es normal. Lo más sorprendente es que el 63% piensa que las personas de orientación homosexual no debería tener derecho a mostrar en público dicha orientación. Es decir, las muestras de afecto deberían circunscribirse al ámbito privado del hogar; y de demandar derechos ya ni hablar. No es de extrañar, por tanto, que las palabras de Lech Walesa no hayan provocado ninguna polémica en Polonia, sino en todo caso comprensión y apoyo.

También es verdad que a estas alturas en Polonia nadie hace mucho caso a Lech Walesa, retirado de la política activa hace ya muchos años y quien vive básicamente de impartir repetitivas conferencias en universidades de segundo nivel, principalmente de Estados Unidos, a cambio de entre 10.000 y 20.000 euros por conferencia. Nada mal, pero muy lejos de los 100.000 dólares que llegó a cobrar.

Curiosamente, una de las pocas personas que ha rechazado las palabras del exlíder sindicalista ha sido su propio hijo, Jarosław Walesa, diputado del partido gobernante Plataforma Cívica. En una entrevista emitida en TVN explicó que esperaba reunirse pronto con su padre para explicarle en privado en qué consistía la democracia. Desgraciadamente no creo que haya tenido éxito. Cuando la fe ocupa el lugar de la razón, es difícil que la lógica signifique nada.

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