Amanda Ungaro, examiga de Trump y ahora deportada: "Me decían que esperara a que ganara las elecciones, que arreglarían mis papeles"
De acudir a mítines en Mar-a-Lago con Trump y toda su plana mayor a verse retnida ilegalmente para ser deportada posteriormente.
Tras pasar más de media vida en Estados Unidos, la brasileña Amanda Ungaro asegura que nunca imaginó que su historia en el país terminaría con una deportación. En una entrevista concedida recientemente desde su nuevo hogar en Río de Janeiro, relata un proceso que describe como "infernal": tres meses y medio en un centro de detención antes de ser expulsada en octubre de 2025, en el marco de la política migratoria impulsada por Donald Trump tras su regreso a la Casa Blanca.
Su caso tiene un elemento que lo hace especialmente llamativo. Durante años, Ungaro se movió en círculos cercanos al entorno del propio Trump. De la mano de su entonces pareja, el empresario Paolo Zampolli, llegó a asistir a eventos en Mar-a-Lago e incluso a celebraciones privadas como fiestas de Nochevieja o actos oficiales en Washington. Hoy, esa etapa contrasta con la situación que describe: detenida, esposada y finalmente deportada.
Una caída abrupta
En la entrevista, Ungaro recuerda el momento en que todo cambió. Vivía en Florida con su actual marido cuando, según su versión, un operativo policial irrumpió en su casa. Fue detenida junto a su esposo en el marco de una investigación por presunto fraude relacionado con una clínica estética. Ella niega las acusaciones y sostiene que no pudo defenderse adecuadamente antes de ser expulsada del país.
A partir de ahí, comenzó un periplo por distintos centros de detención que describe con crudeza. Habla de hacinamiento, miedo constante y condiciones que la marcaron profundamente. "No tenía antecedentes, nunca había pasado por algo así", explica. Según su relato, compartió espacio con otras internas en situaciones extremas y vivió episodios que aún le cuesta procesar.
Durante ese tiempo, dice que se aferró a pequeñas rutinas para no derrumbarse: limpiar instalaciones, leer la Biblia o ayudar a otras detenidas. Finalmente, fue trasladada a Luisiana antes de ser deportada a Brasil, donde llegó sin pertenencias y en estado de shock.
La batalla personal
Más allá del episodio migratorio, la historia de Ungaro está atravesada por un conflicto personal que sigue abierto: la disputa por la custodia de su hijo adolescente con Zampolli. La relación entre ambos, que duró cerca de dos décadas, terminó en 2023 y desde entonces ha derivado en un enfrentamiento judicial.
En la entrevista, ella lanza duras acusaciones contra su expareja, a quien responsabiliza de haber influido en su situación legal en Estados Unidos. Según informaciones publicadas en medios estadounidenses, Zampolli habría contactado con autoridades migratorias durante su detención, algo que él niega.
Ungaro sostiene que durante años guardó silencio, pero que ahora ha decidido hablar. "Intenté rehacer mi vida y no se me permitió", afirma. Su principal objetivo, dice, es recuperar la estabilidad y poder reunirse de nuevo con su hijo.
De la moda a la diplomacia
La trayectoria de Ungaro no ha sido convencional. Salió de Brasil siendo apenas una adolescente para trabajar como modelo en distintos países, hasta instalarse en Nueva York. Fue en ese entorno donde conoció a Zampolli, vinculado al mundo de la moda.
Con el nacimiento de su hijo, su vida dio un giro. Dejó las pasarelas y comenzó a trabajar en el ámbito diplomático vinculada a pequeñas naciones caribeñas en la ONU. Ese puesto le permitió construir una red de contactos y acceder a un entorno político internacional, muy distinto al de sus inicios.
Durante esos años, alternó su actividad profesional con una vida social que la llevó a coincidir con figuras influyentes. En la entrevista recuerda algunas de aquellas experiencias con cierta distancia, describiéndolas más como episodios curiosos que como momentos determinantes.
Sombras del pasado
Uno de los capítulos más delicados de su relato se remonta a su adolescencia, cuando asegura que viajó en el avión privado de Jeffrey Epstein sin conocer quién era realmente. Según cuenta, fue una experiencia que le generó inquietud en su momento, aunque afirma que no volvió a tener contacto con él.
Este episodio, junto con otros elementos de su historia, refuerza la sensación de haber transitado por entornos muy distintos a lo largo de su vida, desde la industria de la moda hasta la política internacional.
Un futuro incierto
Hoy, instalada en Río de Janeiro, Ungaro intenta reconstruir su vida mientras sigue pendiente de varios frentes judiciales. Mantiene contacto con abogados tanto en Brasil como en Estados Unidos y confía en poder aclarar su situación legal.
En la entrevista, se muestra combativa pero también cansada. Su relato mezcla denuncia, autocrítica y una cierta sensación de haber llegado a un punto de inflexión. "Cometí errores, pero también he pagado un precio muy alto", viene a decir entre líneas.
Su historia, marcada por contrastes extremos, refleja también las consecuencias humanas de políticas migratorias cada vez más duras y de conflictos personales que trascienden lo privado. Mientras cae la tarde en Río, Ungaro posa seria ante la cámara. Es, quizá, la imagen que mejor resume su momento actual: en pausa, pero lejos de haber cerrado capítulo.