Cuando un muro decide quién sale de casa: dos octogenarios, atrapados en la suya por culpa de sus vecinos
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Cuando un muro decide quién sale de casa: dos octogenarios, atrapados en la suya por culpa de sus vecinos

La justicia francesa examina de urgencia un antiguo derecho de paso, fechado en 1933, en un conflicto vecinal que mantiene al matrimonio encerrado en su vivienda.

El muro levantado delante del portal de Daniel y Lucienne Laporte, en Tornac, bloquea el acceso principal a su vivienda en pleno conflicto vecinal por un derecho de paso.OLIVER HELBIG

Desde hace semanas, Daniel y Lucienne Laporte, de 83 y 81 años, viven encerrados en su casa de Tornac, un pequeño municipio del Gard francés. No se trata de una exageración ni de una imagen literaria: un muro de bloques de hormigón levantado delante de su portal les impide salir de la vivienda. El origen del bloqueo es un conflicto vecinal que ha acabado en los tribunales y que ha obligado a la justicia a intervenir por la vía urgente.

El caso se ha examinado este jueves en un Tribunal de Alès, que debe aclarar si sigue teniendo validez un derecho de paso que, según la familia, existe desde 1933. Los vecinos lo cuestionan; los Laporte sostienen que lo han usado durante décadas sin oposición.

Los hechos se han ido agravando con el paso de los meses. En abril de 2025 apareció una primera barrera: una cadena de plástico colocada delante del acceso principal de la vivienda. Un huissier dejó constancia entonces de que “las personas mayores no pueden salir de su domicilio”. En diciembre, el mismo oficial regresó al lugar y comprobó que la situación había empeorado. La cadena había sido sustituida por una fila de parpaings, un muro ya consolidado que bloquea por completo la salida.

Las consecuencias van más allá de la incomodidad. Daniel y Lucienne necesitan atención médica y dependen de su vehículo para desplazarse. El coche se encuentra aparcado en un nivel inferior, junto al loteamiento situado bajo la propiedad. Para alcanzarlo, deben recorrer más de 200 metros por su jardín, cruzar una pendiente herbosa que las lluvias recientes han vuelto especialmente resbaladiza y asumir un riesgo evidente de caída. El huissier lo recoge de forma explícita en su acta: el paso es demasiado estrecho para permitir que el vehículo suba hasta la vivienda.

Todo ocurre en el barrio de la Flavarderie, en Tornac, un entorno tranquilo donde el conflicto ha sorprendido incluso a las autoridades locales. La alcaldesa del municipio, Marielle Vigne, lamenta no haber tenido conocimiento del problema con anterioridad. “Se podría haber hablado de un acceso alternativo por la parte trasera de la propiedad”, explica. Precisa, no obstante, que el Ayuntamiento no ha recibido ninguna solicitud formal en ese sentido y que, en cualquier caso, ese acondicionamiento correspondería a los propietarios.

La alternativa, lejos de ser una solución evidente, abre nuevos interrogantes. El terreno por el que discurriría esa rampa trasera pertenece en parte a los Laporte y en parte a sus vecinos, lo que podría generar nuevas tensiones. La alcaldesa evita entrar en el fondo del litigio y subraya que se trata de un conflicto de carácter privado. Desde el punto de vista urbanístico, añade, “no hay servidumbres acreditadas” en los registros municipales.

Los documentos notariales, sin embargo, apuntan en otra dirección. El acta del huissier hace referencia a un documento firmado el 19 de diciembre de 1933 por el notario Gautier, de Anduze, y a una escritura posterior, fechada el 21 de diciembre de 1981, en la que se fijan las condiciones del derecho de paso. “Esta propiedad está en la familia desde hace generaciones”, explican los hijos del matrimonio. “La familia Flavard concedió ese paso a cambio de una parcela de tierra. Es algo muy antiguo”.

Ahora corresponde al tribunal decidir si ese acuerdo, firmado hace casi un siglo, sigue produciendo efectos jurídicos. Mientras tanto, Daniel y Lucienne continúan encerrados en su casa, con un muro delante de la puerta y a la espera de una resolución que determine algo tan básico como poder salir a la calle sin jugarse el tipo. Un conflicto vecinal que, con el paso del tiempo, ha acabado teniendo consecuencias demasiado reales.

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