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El mercado laboral está tan roto que los jóvenes buscan empleo en Grindr y Tinder: "Aquí no hay lugar para la vergüenza"

El mercado laboral está tan roto que los jóvenes buscan empleo en Grindr y Tinder: "Aquí no hay lugar para la vergüenza"

Se ha pasado del match al contrato en un solo clic.

Pantalla con las apps Grindr y Tinder
Pantalla con las apps Grindr y TinderLeon Neal

En West Hollywood, un camarero de 31 años ha decidido ampliar el terreno de juego. Tras meses fuera del mercado laboral por un grave accidente con patinete eléctrico, Barker —que prefiere identificarse solo por su apellido— se encontró con un panorama complicado: menos contrataciones en hostelería y más competencia por cada vacante.

Como tantos otros, revisa a diario portales tradicionales como Indeed o Culinary Agents. Pero añadió una herramienta inesperada a su búsqueda: Grindr.

"Cuando era adolescente en Georgia, Grindr era como el periódico gay", explica. Si ahí se compartían noticias, contactos y recomendaciones, ¿por qué no oportunidades laborales? La estrategia no ha sido descabellada. Un contacto le consiguió una entrevista; otros han preguntado a sus jefes si necesitaban camareros o bármanes. "He tenido más resultados aquí que enviando currículums en frío", resume. "No hay espacio para la vergüenza".

Buscar empleo donde menos lo esperas

El caso de Barker no es aislado. Según una encuesta comunitaria de Glassdoor, casi un tercio de los participantes reconocía usar o plantearse usar aplicaciones de citas para impulsar su carrera.

En un mercado laboral saturado de filtros automáticos y currículums optimizados por inteligencia artificial, muchos candidatos sienten que necesitan saltarse el algoritmo y hablar directamente con personas reales. Y ahí entran las apps de citas.

Plataformas como Tinder, Hinge o la propia Grindr funcionan con una lógica simple pero poderosa:

  • Contacto directo
  • Interacción inmediata
  • Afinidad inicial garantizada (al menos en teoría)
  • Conversaciones más naturales que un correo formal
  • ¿El resultado? Un networking menos rígido y más espontáneo

Del match al contrato

En Filadelfia, Lexie Flynn, gestora de redes sociales de 27 años, encontró un cliente gracias a Hinge. Buscaba ingresos extra; él, un empresario cansado de las barreras idiomáticas con su gestor en el extranjero.

Hubo interés personal, admite ella, pero la conversación derivó pronto hacia el trabajo. "En cuanto vimos que podíamos ayudarnos profesionalmente, mantuvimos la cosa en ese plano", cuenta.

Flynn auditó gratuitamente las redes sociales del empresario, le envió sugerencias por Instagram y terminó reuniéndose con su equipo de marketing. Desde octubre gestiona sus cuentas.

Cuando revisa perfiles y lee "dueño de negocio", confiesa, su mente profesional se activa de inmediato. La frontera entre coqueteo y colaboración puede ser difusa, pero para ella no es problemática: simplemente forma parte de la conversación.

¿Mezclar romance y empleo es una mala idea?

El profesor Sean Horan, especialista en comunicación y relaciones laborales, apunta que las conexiones románticas no siempre son más arriesgadas que otras. Un vínculo con un hermano o un mejor amigo puede implicar lealtades más fuertes —y potencialmente conflictivas— que un romance breve.

Además, en grandes organizaciones es posible recomendar a alguien para un departamento distinto, reduciendo el riesgo de tensiones directas. Aun así, la incomodidad futura nunca está descartada. Un match puede terminar en ghosting… o en compañero de oficina. Algunos jóvenes, sin embargo, ni siquiera ven una línea divisoria clara.

Citas como exploración profesional

En Londres, Vigna Grace empezó a usar Tinder cuando tenía 21 años y acababa de graduarse en informática. No tenía claro qué camino profesional seguir, así que hacía una pregunta casi obligatoria en cada cita: “¿A qué te dedicas?”.

Gracias a esas conversaciones conoció desde dentro empresas tecnológicas y financieras. Salió con empleados de Google, Meta y profesionales del capital riesgo. Algunos la recomendaron para procesos de selección; un match en Spotify incluso la puso en contacto con reclutadores.

¿Dónde traza la línea entre lo sentimental y lo profesional? “No la trazo”, responde. Para Grace, el trabajo es un tema natural en una cita porque quiere compartir su vida con alguien apasionado por lo que hace. Las oportunidades laborales son, en sus palabras, “un efecto secundario agradable”.

El nuevo networking informal

La pregunta flota en el aire: ¿están sustituyendo las apps de citas a LinkedIn?

Probablemente no del todo. Pero sí están ampliando el ecosistema del networking. Frente a los mensajes formales y las solicitudes de conexión estratégicas, las aplicaciones de citas ofrecen:

  • Conversaciones más humanas
  • Menos jerarquía implícita
  • Mayor espontaneidad
  • Un acceso directo a perfiles variados

En tiempos de precariedad y automatización, la búsqueda de empleo se vuelve creativa. Algunos recurren a contactos familiares; otros, a excompañeros de universidad. Y una generación acostumbrada a deslizar el dedo hacia la derecha ha decidido que también puede deslizar su carrera profesional.

Quizá no sea el nuevo LinkedIn. Pero para muchos, en un mercado laboral incierto, cualquier match puede convertirse en oportunidad.