Francia da una lección a España con el teletrabajo: un gran estudio oficial confirma que aumenta la eficacia pero esconde una trampa para las mujeres
Aporta flexibilidad, pero también contribuye a un reparto desigual de los cuidados en casa.

Desde que la pandemia vació oficinas y convirtió el salón de casa en un improvisado despacho, el teletrabajo ha dejado de ser un privilegio reservado a unas pocas empresas tecnológicas para convertirse en una pieza clave del mercado laboral. Lo que comenzó como una solución de emergencia ha terminado abriendo un debate mucho más profundo sobre productividad, conciliación y calidad de vida.
Ahora, Francia vuelve a poner el foco sobre esta transformación laboral y desmonta uno de los argumentos más repetidos acerca del regreso obligatorio a la oficina: el teletrabajo no solo no hunde la productividad, sino que puede mejorarla. Sin embargo, la investigación también revela que esa flexibilidad puede acabar traduciéndose en una doble carga para miles de mujeres, que siguen asumiendo gran parte de las tareas domésticas y de cuidados.
El estudio, publicado por el Insee junto con la estadística del Ministerio de Trabajo, concluye que, en las empresas no financieras y excluyendo las inmobiliarias, subir en 10 puntos porcentuales la proporción de teletrabajadores se asocia con un aumento de entre 0,7 y 1 punto en el crecimiento de la productividad entre 2019 y 2022. Una cifra que refleja una mejora real y medible cuando el trabajo a distancia se integra de forma estable en el modelo de empresa.
Más autonomía, pero más trabajo
El propio Insee apunta como claves del salto a una mejor coordinación interna, una organización más eficaz y a la reducción de espacio de oficina. Eso sí, el estudio también marca un límite claro, y es que cuando el teletrabajo supera aproximadamente el 20% o el 25% de la plantilla, la ventaja de productividad se rebaja, probablemente debido a "la aparición de mayores costes de coordinación cuando muchos empleados teletrabajan".
La otra cara del teletrabajo es que contribuye a un reparto desigual de los cuidados en casa. La OCDE advierte que las mujeres que teletrabajan suelen tener una cobertura menor de políticas de apoyo que los hombres, y que trabajar desde casa puede traducirse en una caída de productividad para ellas por el aumento de responsabilidades de cuidado infantil. En otras palabras, el teletrabajo puede dar más autonomía, pero también puede trasladar parte del trabajo doméstico a la jornada laboral de las mujeres y alargarla de forma silenciosa.
En España, el teletrabajo sigue creciendo, pero no tan rápido como en otros países. Según el INE, en el primer trimestre de 2025 el 20% de los empleados teletrabajaba de forma regular, el 37,4% de las empresas de 10 o más trabajadores ofrecía esta modalidad, y la media era de 2,4 días de teletrabajo por semana. El dato refuerza que el trabajo remoto ya no es una rareza, pero todavía está lejos de estar bien repartido entre sectores y perfiles profesionales.
