Graham, empresario, redistribuye 200 millones de euros entre sus empleados: "Algunos lo gastaron el primer día”
"Fue surrealista".

En la pequeña ciudad de Minden, en Luisiana, una Navidad se volvió inolvidable para cientos de trabajadores. Graham Walker, empresario estadounidense y propietario de Fibrebond, decidió redistribuir una parte sustancial de la venta de su compañía entre quienes la habían hecho crecer durante décadas.
Tras vender la empresa por 1.700 millones de dólares, destinó 240 millones de dólares —el 15% del total— a sus 540 empleados, según informó The Wall Street Journal. “¿Por qué el 15%? Eso es más del 10%”, dijo Walker con una sonrisa al explicar la cifra que exigió como condición a los compradores. “Tener casi 250 millones de dólares en manos de los empleados parecía justo”.
Cada trabajador recibirá, en promedio, 443.000 dólares, distribuidos a lo largo de cinco años, siempre que continúe en la empresa durante ese periodo. La medida no solo supone una recompensa económica sin precedentes, sino también un incentivo para mantener la estabilidad de la plantilla tras el cambio de propiedad.
Entre crisis y reconstrucción
Fibrebond, especializada en la fabricación de carcasas para equipos eléctricos, no ha tenido una trayectoria fácil. Fundada en 1982, la empresa atravesó profundas transformaciones. En los años noventa abandonó la fabricación de equipos ferroviarios para centrarse en la telefonía, y en 1998 un incendio destruyó la fábrica.
A principios de la década de 2000, la falta de clientes obligó a reducir la plantilla de 900 a 320 trabajadores. Cuando Graham Walker y su hermano tomaron el control de la empresa, dedicaron dos años a pagar todas las deudas antes de poder volver a crecer.
La llegada del auge de la inteligencia artificial fue clave para que el valor de Fibrebond se disparara, hasta hacer posible su venta por miles de millones. Para Walker, el reparto de los beneficios es una forma de recompensar la lealtad de quienes permanecieron en la empresa durante los momentos más difíciles.
Sueños cumplidos y planes para el futuro
El impacto del bono ha sido inmediato. Muchos empleados han utilizado el dinero para pagar deudas, comprar un coche o cubrir los estudios de sus hijos. Otros han aprovechado para cumplir sueños largamente postergados.
Es el caso de Lesia Key, de 51 años, que entró en Fibrebond con solo 21. Durante años tuvo que compaginar dos trabajos para sacar adelante a sus hijos, pero ahora ha podido abrir una tienda de ropa en el centro de su ciudad. “Ahora puedo vivir, estoy muy agradecida”, declaró.
Héctor Morena, ejecutivo de la empresa, fue uno de los encargados de comunicar las bonificaciones. “Fue surrealista. Era como decirle a la gente que se había ganado la lotería. Fue un shock. Algunos preguntaban dónde estaba el truco”, relató. Con su parte del dinero, planea llevar a 25 familiares a Cancún, en honor a su padre", que nunca pudo jubilarse”.
“Algunos lo gastaron el primer día”
Walker no oculta que no todos han gestionado el dinero del mismo modo. “Algunos lo gastaron el primer día, o incluso la primera noche”, reconoció. “Al final, es su decisión, sea buena o mala”.
El empresario dejará Fibrebond el miércoles 31 de enero, pero confía en que su gesto tenga un efecto duradero. “Espero que cuando tenga 80 años reciba noticias de mis antiguos empleados que me cuenten cómo esta bonificación les cambió la vida”, concluyó.
