Un hombre sin hogar llama a su puerta a la víspera de Nochebuena y acaba quedándose 45 años en la casa: "Empezamos a amarlo"
Cómo un simple gesto se convirtió en una lección de hospitalidad.

La Navidad es tiempo de reencuentros, de puertas que se abren y de gestos pequeños capaces de cambiarlo todo. Entre luces, mesas compartidas y buenas intenciones, a veces suceden historias que parecen sacadas de un cuento. Una de ellas comenzó una víspera de Nochebuena con un simple golpe en una puerta y terminó convirtiéndose en una lección de hospitalidad, afecto y humanidad que duró más de cuatro décadas.
Era la víspera de Nochebuena de 1975 cuando Rob y Dianne Parsons, una joven pareja que preparaba la cena, respondieron a un golpe en la puerta de su casa en Cardiff, Gales, y se encontraron con un hombre que sostenía un pollo congelado y una bolsa con sus pertenencias. Rob lo reconoció vagamente como un antiguo compañero de la infancia, alguien excéntrico y solitario al que apenas había vuelto a ver con los años.
El visitante se llamaba Ronnie Lockwood, quien recientemente había sido diagnosticado con autismo y en aquel momento no tenía trabajo ni hogar estable. “Le dije: ‘Ronnie, ¿para qué tienes un pollo?’, y él respondió: ‘Me lo regalaron por Navidad’. Entonces dije una palabra que cambió nuestras vidas y no estoy del todo seguro de por qué la dije: ‘Pasa’”, cuenta Rob Parsons a la BBC recordando el origen de cómo empezó esta peculiar historia.
Uno más de la familia
Los Parsons le ofrecieron pasar la Navidad con ellos y, aunque a priori la intención era breve, Ronnie acabó convirtiéndose en un miembro permanente del hogar. Con el tiempo obtuvo un empleo como operario de limpieza urbana y se integró en la vida familiar y comunitaria. Lo que empezó como una noche pasó a ser vida compartida: Ronnie vivió bajo el techo de los Parsons hasta 2020, cuando falleció de un derrame cerebral.
Los Parsons recuerdan momentos difíciles, ya que hubo fases en que Ronnie exigía cuidados extra y generaba tensiones, pero también subrayan cuánto enriqueció la vida familiar. Hubo una única ocasión en que se plantearon pedirle que se fuera, pero al ver la reacción de Ronnie, que preguntó con angustia si había hecho “alguna estupidez”, desistieron. "La gente nos pregunta cómo pudo ser así... 45 años. Empezamos a amarlo", cuenta la pareja.
La huella de Ronnie en la comunidad llegó más allá del domicilio familiar. Tras su fallecimiento se inauguró un espacio de bienestar vinculado a la iglesia Glenwood de Cardiff que lleva su nombre, Lockwood House. Según quienes participaron en el proyecto, parte de las obras finales pudieron completarse gracias a una donación que figuraba en el testamento de Ronnie, una contribución que la familia considera emblemática del hombre generoso que llegó a ser.
