Hanna, turista alemana: "He venido tres veces a Mallorca y nunca he visto Mallorca: solo conozco el Arenal"
"En Alemania venir a Mallorca no se ve como viajar a otro país: nosotros lo llamamos el estado número 17".
Mallorca vuelve a afrontar otro verano marcado por el debate sobre la masificación turística. Mientras vecinos y administraciones buscan fórmulas para equilibrar la llegada de visitantes con la calidad de vida de los residentes, hay zonas de la isla donde el fenómeno ha alcanzado una dimensión difícil de encontrar en otros destinos europeos.
Una de ellas es El Arenal. Desde hace ya décadas, esta zona de la isla se ha convertido en uno de los destinos favoritos para miles de jóvenes alemanes que buscan sol, desenfreno, alcohol y fiesta. Hasta el punto de que muchos de ellos apenas llegan a conocer el resto de la isla.
Es el caso de Hanna, una estudiante alemana de 20 años que acaba de regresar de Mallorca por tercera vez. La primera vez viajó con amigos cuando tenía 16 años. Repitió a los 18 y este junio ha vuelto con otro grupo diferente.
Sin embargo, la alemana reconoce algo que resume perfectamente la realidad de muchos visitantes de la zona: "La verdad es que yo no puedo decir que he visitado Mallorca. Solo puedo decir que he venido a El Arenal".
"Nosotros lo llamamos el estado número 17"
Hanna explica que el viaje a Mallorca, y más concretamente a la zona de El Arenal, forma parte de una tradición muy extendida entre muchos grupos de jóvenes alemanes.
"En Alemania venir a El Arenal no se ve como venir a otro país. Nosotros lo llamamos el estado número 17", comenta entre risas. La frase puede sonar exagerada, pero Hanna asegura que basta con pasear unos minutos por la zona para entenderla.
"Si lo piensas es una locura. Vienes aquí y de verdad parece que estás en Alemania. La música es alemana, las cartas de los restaurantes están en alemán, todas las personas que te rodean son alemanas... Es realmente surrealista", expone.
El resultado es una especie de burbuja turística donde muchos visitantes pasan varios días sin necesidad de hablar otro idioma ni relacionarse con la cultura local. Un fenómeno que alimenta desde hace años las críticas de quienes consideran que determinadas zonas de Mallorca han acabado funcionando como auténticos guetos turísticos.
Un viaje que empieza mucho antes de subir al avión
Hanna reconoce que nadie de su grupo viaja buscando la cultura, la gastronomía o los paisajes espectaculares de la isla. "Cuando venimos con amigos sabemos cuál es el tipo de viaje que vamos a hacer. No es algo turístico ni cultural", admite.
De hecho, la preparación del viaje se parece más a la organización de un festival que a unas vacaciones convencionales: "Antes de venir nos hacemos camisetas a juego, miramos qué músicos alemanes conocidos tocan en esas fechas y organizamos cómo será el bote para el alcohol. Es todo un ritual".
Las jornadas suelen desarrollarse entre playas, hoteles, bares y locales nocturnos, en un entorno diseñado casi exclusivamente para satisfacer las expectativas de ese público concreto.
"Quiero volver para descubrir la isla de verdad"
Pese a todo, Hanna asegura que su percepción de Mallorca ha cambiado con los años. A medida que ha visto imágenes y escuchado experiencias de otras personas, ha empezado a sentir curiosidad por una isla que, paradójicamente, todavía no conoce.
"Yo realmente quiero venir más adelante para recorrer y descubrir Mallorca con más calma", comenta la alemana, quien después de tres viajes, siente que no ha visto la isla. Y quizás ahí reside una de las mayores contradicciones de la masificación turística en la isla: viajar a uno de los destinos más conocidos del Mediterráneo para terminar pasando las vacaciones en un lugar que está tan adaptado al visitante alemán que que a veces resulta difícil recordar que se encuentra a más de 1.500 kilómetros de su país.