Paola, camarera de piso en un hotel de El Arenal: "Hay días que limpio 25 habitaciones y no me da tiempo ni a beber agua"
"Parar a beber agua ya es perder tiempo. Vas con esa presión todo el día".

Mientras España bate récords de visitantes, hay una parte del engranaje turístico que sigue funcionando al límite. Habitaciones impecables, camas perfectamente hechas y baños relucientes sostienen una industria millonaria, pero detrás de ese resultado hay jornadas invisibles, cuerpos agotados y condiciones que apenas han cambiado en años.
En zonas especialmente tensionadas como Mallorca, donde el turismo marca el ritmo de la economía, las limpiadoras de los hoteles, también conocidas como camareras de pisos o 'kellys', denuncian cargas de trabajo excesivas y salarios que no compensan el esfuerzo físico.
Es el caso de Paola, una mujer de 40 años que trabaja como limpiadora en un conocido hotel de El Arenal, una de las zonas más turísticas de Mallorca. Tras más de una década limpiando habitaciones, su experiencia saca a la luz como la imagen idílica del hotel contrasta con una realidad mucho menos amable puertas adentro.
"Aquí no paras ni un segundo"
"Entro a las ocho y ya voy corriendo. Te dan la lista de habitaciones, que cada año es más larga, y sabes que no puedes perder ni un minuto", cuenta la trabajadora con una mezcla de cansancio y resignación.
"Hay días que tengo 25 habitaciones. ¡Veinticinco! Y claro, hazlas bien y en tiempo. A ver cómo lo haces", explica Paola, quien asegura que el ritmo no da tregua. "Es que además no es solo limpiar: es hacer camas, cambiar toallas, reponer, revisar…", añade.
Las pausas son mínimas: "Aquí no paras ni un segundo, parar a beber agua ya es perder tiempo. Vas con esa presión todo el día. Si te retrasas, te llaman la atención. Y claro, el cuerpo no aguanta igual con los años".
El cuerpo pasa factura Además, Paola no duda cuando habla de las consecuencias físicas: "Tengo la espalda y las muñecas destrozadas. Y como yo, casi todas. Hay compañeras con problemas en los hombros, en las rodillas, con alergias o asma por estar tan expuestas a los productos de limpieza… es un trabajo que pasa factura".
Aun así, muchas de sus compañeras (en su mayoría mujeres) siguen trabajando sin bajas prolongadas. "Si pides la baja y paras mucho tiempo te arriesgas a que no te renueven o a que te cambien de hotel. Esa es la realidad. No es que no queramos cuidarnos, es que no podemos".
Y el desgaste no es solo físico, sino también mental y emocional: "Llegas a casa reventada, sin ganas de nada. Y al día siguiente otra vez. Es muy duro mantener ese ritmo tantos años".
Menos dinero, peores condiciones y más presión
Uno de los cambios que más ha notado en los últimos años es la externalización del servicio. "Antes éramos plantilla del hotel, nos conocíamos todos y éramos los mismos temporada tras temporada. Ahora muchas están con empresas externas. Y ahí es donde empeora todo".
"Cobran menos, tienen peores condiciones y más presión. Y al final eso nos afecta a todas, porque tiran los precios hacia abajo", explica Paola. "Es una forma de ahorrar costes, pero a costa de nosotras", censura
Paola insiste en que el problema es estructural y señala la masificación turística como agravante: "Mientras el turismo siga creciendo así y no se controle, alguien tiene que asumir esa carga. Y somos nosotras".
Un cliente muchas veces desagradecido
Para quien llega de vacaciones, todo funciona. "El turista entra y ve la habitación perfecta. No ve que detrás hay una persona que ha ido corriendo toda la mañana", afirma.
A veces, ese esfuerzo pasa desapercibido o incluso se minusvalora. "Hay clientes que ni te miran. Otros te dejan la habitación fatal. Y luego están los que sí lo agradecen, que también los hay, pero no es lo habitual", asegura.
"Esa invisibilidad pesa, parece que nuestro trabajo no cuenta. Hay quien piensa que para eso estamos, pero no saben lo que implica", manifiesta la trabajadora, quien subraya la falta de respeto que hay muchas veces por parte de los clientes, especialmente en su zona, conocida por ser uno de los enclaves del turismo alemán de borrachera.
"Esto no es sostenible"
Cuando se le pregunta por el futuro, Paola no es optimista. "Así no se puede seguir, esto no es sostenible. Cada año hay más turismo, más habitaciones, más presión… pero las condiciones no mejoran".
Bajo este contexto, la camarera de pisos reclama cambios concretos: "Menos carga de trabajo, mejores sueldos y más control. No puede ser que todo recaiga sobre las mismas".
Por último, deja una última reflexión que resume su situación: "La gente viene aquí a descansar. Nosotras acabamos el día que no podemos ni movernos. Esa es la otra cara del turismo".
