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La cervecería que captura CO2 del aire para carbonatar su cerveza: es un 15% más barata que el CO2 industrial y tiene una huella de carbono 10 veces menor

La cervecería que captura CO2 del aire para carbonatar su cerveza: es un 15% más barata que el CO2 industrial y tiene una huella de carbono 10 veces menor

Una fábrica en California ya produce cerveza usando dióxido de carbono extraído directamente del aire: reduce costes, evita problemas de suministro y abre una puerta inesperada a la lucha contra el cambio climático.

Un vaso de cerveza.
Un vaso de cerveza.Getty Images

Puede parecer una exageración, pero no lo es: ya hay cerveza cuyo gas no viene de una bombona industrial… sino del aire que respiramos.

En una cervecería de California, el dióxido de carbono que da vida a cada burbuja no procede de la industria fósil ni de subproductos químicos, sino de una máquina instalada en el propio aparcamiento que captura CO2 directamente de la atmósfera. Lo aspira, lo filtra, lo purifica y lo convierte en gas apto para consumo. Después, ese mismo CO2 termina dentro de una IPA o una lager que alguien bebe en una terraza sin pensar demasiado en ello.

Pero detrás de ese gesto cotidiano hay algo mucho más grande.

De problema global a ingrediente

El dióxido de carbono es uno de los principales responsables del calentamiento global, pero también es un elemento esencial en industrias como la alimentaria o la de bebidas. La cerveza, por ejemplo, depende completamente de él: sin CO2 no hay carbonatación, no hay espuma, no hay producto.

El problema es que ese CO2 comercial tiene un coste ambiental elevado. En muchos casos se obtiene como subproducto de industrias contaminantes y, paradójicamente, su producción puede generar más emisiones de las que luego se utilizan. A eso se suma otro factor clave: su disponibilidad es cada vez más inestable.

Para muchas empresas, conseguir CO2 se ha convertido en un dolor de cabeza. Y ahí es donde entra esta tecnología.

Una máquina que "fabrica" burbujas

El sistema, desarrollado por la empresa Aircapture, funciona con lo que se conoce como captura directa de aire. Es decir, en lugar de recoger emisiones en una fábrica, extrae el CO2 directamente de la atmósfera, lo procesa en el momento y lo transforma en un producto listo para usar.

Todo ocurre en el mismo lugar donde se fabrica la cerveza. Sin transporte. Sin intermediarios. Sin depender de mercados volátiles. El resultado es un CO2 más limpio, más estable y, además, más barato.

Según los datos de la propia compañía, el coste es entre un 15% y un 20% inferior al del CO2 industrial convencional. Y su huella de carbono es hasta diez veces menor, ya que el sistema emite menos del 10% del CO2 que captura durante todo su ciclo de vida.

Más barato… y más fiable

El ahorro económico no es un detalle menor. Para una cervecería que produce miles de barriles al año, el gasto en CO2 puede alcanzar cifras muy elevadas. Reducir ese coste tiene un impacto directo en la viabilidad del negocio.

Pero incluso más importante que el precio es la estabilidad. En los últimos años, muchas empresas han sufrido interrupciones en el suministro de CO2, retrasos en las entregas o subidas bruscas de precios. En algunos casos, la falta de gas ha obligado incluso a parar la producción durante días.

"Sin CO2 no podemos fabricar cerveza, ni envasarla ni servirla", explican desde el sector. Con un sistema propio, ese problema desaparece.

Un modelo con impacto

Nadie piensa que unas cuantas cervecerías vayan a resolver el cambio climático. Pero ese no es el objetivo inmediato. Lo relevante es el modelo.

La captura directa de aire lleva años desarrollándose, pero su gran obstáculo siempre ha sido el mismo: el coste y la dificultad de escalarla. Grandes proyectos han sido cancelados o retrasados por falta de financiación o cambios políticos.

Lo que propone este sistema es justo lo contrario. No hacer plantas gigantes, sino muchas pequeñas. Distribuidas y adaptadas a necesidades concretas.

Y conectadas a un mercado real: el del CO2 comercial, valorado en unos 20.000 millones de dólares a nivel global.

De residuo a recurso

La clave está en cambiar la lógica. En lugar de ver el CO2 como un problema que hay que enterrar o compensar, tratarlo como un recurso que puede reutilizarse de forma inmediata. Un insumo más dentro de la cadena productiva.

En este caso, además, con una ventaja evidente: se produce justo donde se necesita. Sin depender de petróleo y sin largas cadenas logísticas. Sin emisiones añadidas.

La cerveza del futuro (sin que lo notes)

Lo curioso es que, para el consumidor, nada cambia porque el sabor es el mismo, la textura sería idéntica y lo mismo ocurre con la experiencia de beberla, eso tan místico que rodea al "ir de cañas". Por tanto, podemos concluir que la única diferencia es invisible: el origen de las burbujas. Y lo que eso supone a muchos niveles.

Porque mientras alguien pide otra ronda en una tarde calurosa, sin saberlo está participando en un pequeño cambio de paradigma: uno en el que incluso algo tan cotidiano como tomar una cerveza puede formar parte, aunque sea de forma mínima, de la solución a un problema global.

No es la revolución definitiva, pero es una señal. Y, como casi todo lo importante, empieza con algo tan sencillo como un sorbo.

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Soy redactor de actualidad en El HuffPost España. Mi objetivo es que no te pierdas nada, sea la hora que sea, estés despierto o dormido.

 

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Convivo con personajes tan dispares como Donald Trump, Gabriel Rufián o cualquiera que sea noticia. Intento estar a todo lo que sale, desde los temas más actuales hasta otros más atemporales.

 

Lo hago desde una perspectiva informativa, sin perder esa mirada crítica con la que aportar algo diferente a lo habitual.

 

Sociedad, cultura, política, economía... Cualquier tema es bienvenido para dar un enfoque nuevo a temas de actualidad, que afectan a todos

 

Mi trayectoria

Creo que soy periodista desde que nací, o eso dice mi madre. Desde ese momento hasta ahora han pasado muchas cosas. Soy de Azuébar, un pueblecito de apenas 300 personas del interior de Castellón y, aunque estudié, entre en mi querida ‘terreta’ (Grado en Periodismo por la Universitat Jaume I) y Salamanca (Máster en Comunicación e Información Deportiva por la Universidad Pontificia de Salamanca), aprendí la profesión en la Agencia EFE, donde cubrí los Juegos de Río 2016, los de Tokio 2020, los de París 2024, así como también los Juegos Olímpicos de Invierno de Pieongchang 2018 y de Pekín 2022. Además, cubrí los Mundiales de fútbol de Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Por otra parte, abrí una extensa etapa como autónomo en la que he colaborado con ‘El Independiente’, el ‘Playas de Castellón, la ‘Revista Volata’, ‘Súper Deporte’, ‘Yo Soy Noticia’ o ‘Ciclo 21’, antes de aterrizar en el Huffington Post. 

 

Si alguna vez me necesitas y no me encuentras, búscame en una pista de tenis. Te puedo recomendar la mejor novela negra de cada país y hablar durante horas del cine de los 80 y 90. Ah, por cierto, acierto todas las preguntas naranjas del Trivial. 

 


 

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