Laura Melilla, wedding planner de María Pombo o Lucas Vázquez, sobre las bodas convertidas en parque de atracciones: "La culpa es de las redes sociales"
Una tendencia que ha disparado la creatividad y las exigencias de las parejas.

Empieza el buen tiempo y, casi sin darnos cuenta, los fines de semana se empiezan a llenar de bodas. Entre mayo y octubre, España entra de lleno en la temporada alta de enlaces matrimoniales, y lo que antes era una celebración puntual ahora se vive casi como una maratón de eventos que se preparan con meses de antelación e ilusión. Pero también, cada vez más, se preparan con listas interminables de ideas que nacen de la presión de sorprender.
En ese contexto, Laura Melilla, cofundadora de La Petite Mafalda y wedding planner de bodas muy mediáticas como las de María Pombo o Lucas Vázquez, ha puesto voz a una sensación cada vez más extendida en el sector: las bodas han dejado de ser solo ceremonia, cóctel y fiesta para convertirse en experiencias llenas de actividades, casi como un festival. Una evolución que, según explica, ha disparado la creatividad y las exigencias de las parejas.
En su intervención en Hora 25, explicó que hoy se piden tatuadores, churrerías, toro mecánico, rascas personalizados o incluso propuestas pensadas para sorprender a cada minuto. “Hemos tenido bingo musical, una tómbola, e incluso hemos lanzado palomas y mariposas a la salida de la iglesia”, recuerda Laura, ejemplos que reflejan cómo las bodas han ido sumando cada vez más elementos de espectáculo hasta rozar, en ocasiones, lo excesivo.
Más presión por destacar
Laura sostiene que el gran motor de esta evolución es claro: “La culpa es de las redes sociales”. Según su experiencia laboral, muchas parejas llegan con la idea de hacer una boda original, pero lo que han visto en Instagram y TikTok eleva el listón y dispara la creatividad y el presupuesto. La propia wedding planner advierte que el clásico regalo de 150 euros para cubrir cubierto se ha quedado corto y que hoy hablar de 200 euros resulta más realista.
“A nosotras nos llegan las parejas y lo primero que nos dicen es que quieren una boda original, y como ya lo han visto todo en redes sociales hay que inventarse algo más allá”, cuenta Laura. Esto obliga a los profesionales a reinterpretar continuamente las tendencias y buscar fórmulas cada vez más sorprendentes para diferenciar cada celebración. Un contexto en el que la inspiración no deja de renovarse, pero en el que también se dispara la presión por no repetir lo ya visto.
Según la profesional, la consecuencia es una escalada difícil de frenar: más elementos, más producción y más presión por destacar. De ahí que ya no sorprenda encontrarse en una boda con actores haciendo de camareros, magos, tarotistas o espectáculos pensados para viralizarse. Lo que antes era una boda, ahora empieza a parecerse cada vez más a una experiencia diseñada para la foto, el vídeo y el recuerdo compartido en redes.
