Las 15 cosas que no sabías de Emmanuel Macron
El presidente de Francia es el anfitrión de la nueva cita del G7, en Évian-les-Bains. Es una de sus últimas oportunidades de lucirse, a un año de salir de El Eliseo por acumulación de mandatos. En 'El HuffPost' hacemos repaso de su vida.

Francia ostenta este año la presidencia del G7 y, como tal, a partir de este domingo organiza una potente cumbre de líderes en la localidad de Évian-les-Bains (Alta Saboya). En la agenda, el reto de reducir los desequilibrios mundiales mediante el multilateralismo y la cooperación internacional, el apoyo necesario a Ucrania, la regulación de la Inteligencia Artificial o el impulso de la soberanía alimentaria y sanitaria.
Será una de las últimas grandes citas mundiales en las que el presidente galo, Emmanuel Macron, podrá ejercer de anfitrión, porque tiempo ya corre en su contra: el año que viene, en primavera, tendrá que abandonar el Palacio del Eliseo por acumulación de mandatos (y, posiblemente, también tendría que hacerlo por desaprobación popular).
El joven poco conocido y más bien inexperto en política que se convirtió en el mandatario más joven en la historia de Francia, es hoy un señor con canas y ojeras, con apenas un 23% de aceptación, cansado de alianzas endebles, de cambiar primeros ministros, de ver crecer a la ultraderecha y de defender reformas impopulares.
En El HuffPost hacemos repaso de la vida de este hombre jupiterino y exigente, según sus asesores, extremadamente inteligente y apasionado, según su esposa Brigitte.
1.- Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron (que es el nombre completo del presidente francés) nació el 21 de diciembre de 1977 en Amiens, un sagitario in extremis. Generaciones atrás, su familia estaba compuesta por campesinos y carpinteros, pero también por ingenieros y maestros. Sus padres, Jean-Michel y Françoise, se dedicaban a la salud: él, como médico y profesor universitario de Neurología; ella, como médica-consejera en la Seguridad Social gala. Emmanuel es un bebé arcoíris, porque la primera hija de la familia murió en el parto. Él es el mayor de tres hermanos: Laurent (1979) es radiólogo y Estelle (1982) es nefróloga. El mandatario es el único que rompe la tendencia familiar. Curiosidad: tiene un bisabuelo paterno que era de Bristol (Reino Unido), un soldado de la Primera Guerra Mundial que batalló en el Somme (1916), se casó con una local y se quedó.
2.- Pasó su infancia en un barrio residencial, burgués, de Amiens. Siempre fue a colegios privados católicos. A los 12 años, pidió confirmarse, pese a la oposición de su progenitor, dando paso a lo que llama su "periodo místico", aunque ahora se declara agnóstico. En esos años, quería ser novelista, influenciado por su abuela Germaine, profesora de Geografía y directora de escuela. La que lo apodaba "Manette", la que dice que marcó su visión de la vida, política incluida.
3.- La secundaria la cursó en un elitista centro de jesuitas. Entre cosecha y cosecha de menciones especiales, cambió su vocación por la de actor. Y fue en el grupo de teatro donde entró en contacto con la profesora de Letras Clásicas, la señora Trogneux, de nombre de pila Brigitte Marie-Claude, y le cambió el destino. Juntos empezaron a adaptar El arte de la comedia para una representación del cole y, como es archisabido, se enamoraron. Ella tenía casi 25 años más, estaba casada y tenía tres hijos. Él era menor de edad, incluso por debajo de la edad del consentimiento. Los padres de Macron, al enterarse, se lo llevaron a la capital. "Hagas lo que hagas, yo me casaré contigo", prometió. Y cumplió.
3.- Mientras llegaba la boda, en esos 12 años de amor clandestino, Emmanuel iba tanteando qué carrera podía gustarle más. Cursó Estudios Políticos en la rama de Servicios Públicos y, en paralelo, Filosofía. En esta carrera llegó a hacer una maestría sobre el pensamiento de Georg Wilhelm Friedrich Hegel y (cero sorpresa) Nicolás Maquiavelo. Tras titularse, sus primeros trabajos fueron como asistente y archivero de otros investigadores, como Paul Ricœur, que tuvo un papel central en el Mayo del 68 como decano en Nanterre. También fue consejo editorial de la revista literaria Esprit. Se escapó fácil de la mili, ya moribunda, que se extinguió al año de su fecha de reclutamiento.
4.- El joven Macron cosechó experiencia internacional antes de ponerse a trabajar en serio. Estuvo de pasante en la embajada de Francia en Nigeria y logró una beca de la German Marshall Fund para estudiar en Estados Unidos. Entonces cogió mucha soltura con el inglés (lo habla perfectamente aunque aún sea carne de meme porque se le escapa algún false friend, como cuando llamó "deliciosa" a la esposa del antiguo primer ministro australiano, Malcolm Turnbull). Para tomarse la vida en serio, estudió en la Escuela Nacional de Administración de Francia, cuna de los grandes funcionarios, se sacó una oposición y se incorporó a la Inspección General de Finanzas, especializado en fraude fiscal, control y equidad, dice el Elíseo. Duró cuatro años.
5.- Macron saltó pronto al sector privado. De entonces proceden etiquetas como "el Mozart da las finanzas", un poco exagerado, dicen los biógrafos. El caso es que se convirtió en banquero de inversiones, pagado por la firma Rothschild. Entre 2009 y 2013, según su propia declaración de bienes, ganó 2,5 millones de euros brutos, llevando operaciones de firmas como Nestlé y Pfizer. Por supuesto, confiesa que ya quería entrar en política, pero seguía el consejo de un viejo maestro: mejor hazte rico antes de recorrer ese camino. En mitad de todos estos cambios, en 2007, se casó con Brigitte, que un año antes había logrado el divorcio. "No fue la vida más obvia y automática, pero sí la más feliz". Hoy es hasta abuelo postizo de siete nietos. La pareja, pese a su unión, ha tenido que pasar recientemente por algunos baches: el famoso bofetón de la primera dama al presidente antes de bajar de un avión en Vietnam y las suposiciones de que no fue una broma, sino una pelea por unos mensajes supuestamente cálidos de Manu a la actriz Golshifteh Farahani.
6.- Durante su juventud, Macron siempre estuvo alineado con la socialdemocracia menos izquierdista. "Social-liberal", decía de sí mismo. No militaba en ningún partido, pero tenía ideas y valores muy definidos y colaboró con el Movimiento Ciudadano, una corriente del Partido Socialista. En 2008 quiso ser alcalde de Amiens, pero apenas fue un coqueteo sin éxito. Fue en 2012 cuando el presidente progresista François Holllande lo rescató de la banca y lo convirtió en secretario general adjunto de su gabinete. Tenía 34 años y la prensa empezó a fijarse en él. A los dos años, el joven escalador ya era en ministro de Economía, Industria y Asuntos Digitales. De aquella época, destaca la aprobación de la ley que lleva su apellido, oficialmente llamada Ley para el Crecimiento, la Actividad y la Igualdad de Oportunidades Económicas, una reforma liberal para "desbloquear la economía francesa, fomentar el crecimiento, eliminar monopolios y flexibilizar el mercado laboral".
7.- Su equipo expone que empezó a estar "desencantado" con el proyecto socialista y "preocupado" sobre todo por su falta de respuestas en materia de seguridad. A los años y cuatro días, dejó el cargo. El periodista Olivier Beaumont, autor de La tragedia del Elíseo: en el infierno del quinquenio de Macron, sostiene que, en particular, ya no podía soportar al presidente Hollande, desde tiempo atrás: el 13 de abril de 2013, la abuela de Macron murió a los 96 años y el funeral tuvo lugar en los Altos Pirineos, un sábado. Macron solía trabajar los fines de semana, por lo que avisó de que estaría excepcionalmente ausente por motivos familiares. "A su regreso el lunes por la mañana, François Hollande reprendió a su joven ayudante: "¿Ah, ya estás aquí? Intenté contactarte el sábado, necesitaba hablar contigo. Ah, sí, es cierto, tenías ese asunto familiar", relata Beaumont. "Nada volvería a ser igual entre los dos hombres. 'Él sabía lo importante que era para mí. Después de lo que me hizo esta mañana, nunca lo perdonaré', le confió Emmanuel Macron a un amigo minutos después".

8.- Cuando se vio solo, sin adscripción política y lejos del poder, sus críticos se mofaron de su situación y empezaron a acusarlo, incluso, de haber sido el filtrador de malas noticias del Ejecutivo. Pero Macron los sorprendió a todos creando lo que no había en Francia, un partido de centro, liberal, con ciertas aspiraciones progresistas. Fundó En Marche! (En Marcha) en 2016, una tercera vía a la francesa, nada antisistema, renombrada más tarde como Renacimiento. Un año más tarde se convertía en el octavo presidente de la Quinta República. Su actividad fue frenética: empezó a celebrar reuniones con todas las fuerzas vivas del país, se hizo con una legión de voluntarios y se rodeó de un equipo de tecnócratas que la prensa definía como "una especie de Silicon Valley", por las ideas que generaba. Quería ganar tiempo porque, al parecer, su deseo hubiera sido el de lanzar la formación antes, a finales de 2015, pero el duelo nacional por los ataques terroristas de noviembre le hizo retrasar sus planes. Sus adversarios hablaban de "vacío absoluto", de "falta de programa" y de "poca experiencia", pero su audacia se impuso: ganó sus primeras presidenciales con el 66,19% de los votos frente a la ultraderechista Marine Le Pen. Había ganado la Revolución, como tituló el libro con el que salió a ganar.
9.- El primer mandato de Macron arrancaba con ilusión por romper con el bipartidismo clásico, una hazaña que lograba con 39 años y casi sin aparataje orgánico. Todo parecía chispeante, hasta que se pasó el efecto botella de champán. Ahí están su polémica reforma del Código Laboral, la reforma de las pensiones tumbada luego por la Asamblea, el levantamiento de los chalecos amarillos contra la subida de impuestos a los combustibles, pero también la gestión de la pandemia de coronavirus y las reformas climáticas, el renacer de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses o el apoyo a Ucrania en la invasión de Rusia. Tuvo polémicas como el caso del general Pierre de Villiers, jefe de las fuerzas armadas francesas, primer dimitido por chocar con un presidente, en este caso, por recortes presupuestarios, o el asunto de Alexandre Benalla, su antiguo guardaespaldas, que trabajaba bajo la autoridad del jefe de gabinete del presidente, grabado en vídeo agrediendo a un manifestante del Primero de Mayo, con el que se supone que el mandatario fue muy indulgente. En 2019 debió afrontar el incendio en la catedral de Notre-Dame y publicó un informe sobre el pasado colonial galo en Argelia. También fue acusado de gastarse 26.000 euros en maquillaje en tres meses.

10.- En abril de 2022, y pese a las polémicas acumuladas, aún había esperanza en Macron. Se benefició del hundimiento de socialistas y republicanos y del voto antiultraderecha, imponiéndose con el 58,55% de los votos, de nuevo, a Le Pen, la eterna candidata. El liberal ha seguido siendo criticado por la reforma de las pensiones y la nueva norma migratoria (con apoyo de los radicales de derechas) y, sobre todo, se ha enredado con la gobernabilidad: hace dos años, la Agrupación Nacional ganó las elecciones europeas y Macron, en un intento de cortocircuitar su ascenso, convocó inmediatas elecciones legislativas. Una histórica unidad de la izquierda ganó, bloqueando a los ultras, pero quedó un Parlamento que es un sindiós. Desde entonces, sin dejar a la izquierda mandar, se han acumulado ya cinco primeros ministros, todos ellos gestionando en el alambre. Macron se niega a dimitir, pese a ello, y sostiene que no habrá presidenciales hasta el año que viene. No se puede volver a presentar porque es el primer líder al que afecta la limitación constitucional de mandatos, dos de cinco años cada uno. No ganaría, igualmente. "Es como si Ícaro se quemase las alas", resume The Conversation. Ya no es el Júpiter de los primeros años, no ha salvado a Francia ni ha tomado el centro en la dividida Europa.
11.- En este tiempo ha habido lugar para no pocas "macronadas", como las ha bautizado la prensa local; son salidas de tono del presidente, muchas veces con tono arrogante, que le han distanciado de sus votantes, por elitista. Por ejemplo, ha pecado al hablar de los trabajadores de los mataderos de animales como "analfabetos", al referirse a los trabajadores despedidos como "alcohólicos" o llamar con condescendencia "pobres" a quienes viajan en autobús. En un intercambio tristemente célebre, cuando un manifestante en camiseta lo increpó en un acto, perdió los estribos y dijo: "La mejor manera de comprarse un traje es trabajando". Resultado: en sus picos de impopularidad, le han llovido huevos, tomates y pasteles.
12.- Dicen que Macron es un adicto al trabajo, que no para nunca. Cuando cae la noche, sigue de reuniones, ya más calmadas, con su equipo de confianza, en El Elíseo, a veces con un vaso de whisky (Lagavulin, a ser posible), a veces con una copa de Burdeos. Al final ha convertido el palacio en su casa, pese a que de inicio los Macron se negaron a vivir allí, para mantener su residencia familiar. Era tan complicado organizar la seguridad que los vecinos se quejaron amablemente y, a los dos días, ya vivía allá. Si hace bueno, sale a trabajar a la terraza del palacio. Tiene una caja de gafas de sol (feísimas, llamativas) para quien vaya a verlo y se las olvide. Le encantan, más allá de su uso forzoso de meses atrás, por una hemorragia. También adora un perfume en particular, Eau Sauvage (Dior), con el que "emborracha" a sus cercanos. Todo esto lo cuenta Beaumont en su libro, en el que añade que al presidente no le gustan los banquetes interminables, sino algo "abundante y rústico": carne roja, tabla de quesos y vino.


13.- El presidente del país vecino ama la música, los libros y el deporte. Toca el piano (diez años de conservatorio tiene a cuestas) y practica el esquí, el tenis y el boxeo francés, que se diferencia del tradicional "en el uso de calzado especial y un repertorio técnico exclusivo de piernas", dice el diario AS. Como espectador, es de Tour de Francia pero, sobre todo, de fútbol: es forofo del Olympique de Marsella y no hay más que ver su sonrisa cuando posaba hace días con la Selección masculina, antes de ir al Mundial, para entender que es un megafan. En una viral intervención en Nexus Lecture, Macron dijo que se siente inspirado por autores como Alejandro Dumas o Gustave Flaubert, aunque sobre todo le gustan los personajes de Stendhal. Rojo y negro es uno de sus libros favoritos, junto a los poemas de André Gide o las memorias de Charles de Gaulle. Musicalmente hablando, no es Pedro Sánchez en Radio 3: se queda con Léo Ferré, Johnny Hallyday y Charles Aznavour. Y la clásica. Y la ópera. Y, sobre todo, Rossini. A su mujer le canta al piano Love Me Please Love Me, de Michel Polnareff.
14.- Macron es un icono de nuestro tiempo, que no sólo sale en las noticias, sino en el arte. Se reproducen en las redes memes en los que aparece como un rey o como el emperador Napoleón o que usan la imagen que dan de él los guiñoles de la tele: un bebé con traje y corbata que no deja de tener caprichos. El presidente es, además, el protagonista de una serie de cómics Le Président (obra de Philippe Moreau Chevrolet y Morgan Navarro) y Damien Saez le dedicó la canción Manu dans l'cul (Manu, por el culo), en referencia a una pintada de la época de los chalecos amarillos. Aquello fue una locura. La banda punk Les Sales Majestés también tiene una canción titulada Macron. "Ni izquierda ni derecha, ni centro, todo lo contrario. Sí, te voy a joder (...). Permíteme presentarme, me llamo Macron", cantan. El director de cine Costa-Gavras, en la película Adults in the Room (2019), ideó una escena en la que sale Macron -como personaje secundario-, junto al griego Yanis Varoufakis, cuando ambos eran ministros de Economía.
15.- La grafóloga Laurence Baudot, en su blog Graphogenealogic, ha analizado la escritura de Macron y sostiene que se puede inferir que tiene "una personalidad ambiciosa y apasionada, con mucho orgullo, determinación y fuerza de voluntad". "También se percibe ansiedad y frustración en esta caligrafía; una agitación emocional combinada con cierta impulsividad que puede generar dureza, errores y críticas hirientes", añade. Se trata, prosigue de una persona "impaciente", que "busca satisfacer sus necesidades y deseos rápidamente, y se esfuerza al máximo para conseguir lo que quiere, no sin cierta satisfacción en el proceso". Ni se rinde fácil ni admite errores a la primera, dicen sus letras. "Puede ser muy duro consigo mismo y con los demás, llegando a ser tiránico, y considera el ataque como la mejor defensa", escribe Baudot, quien también detecta "cierta estrechez de miras y falta de empatía, confianza y autoconciencia". "De hecho, sufre de inseguridad, lo que puede llevarlo a reaccionar a la defensiva, de forma egocéntrica y susceptible; este sentimiento de insuficiencia también resulta en una sobrecompensación a través de la vanidad y la arrogancia". Menudo retrato.

