Marc Gost, mecánico naval en Getaria: "No hay relevo generacional, no hay patrones y no hay mecánicos"
El especialista afincado en el País Vasco lamenta la desaparición de las cuadrillas locales de amigos y advierte sobre el incierto futuro de la pesca artesanal.
Getaria es uno de los puertos pesqueros con más tradición y peso económico de todo el País Vasco. Hasta allí hizo las maletas Marc Gost, un mecánico naval de origen mallorquín que ha querido alzar la voz sobre la crítica situación que atraviesa su oficio. En una reciente charla con el medio digital Landari, un canal dedicado a dar visibilidad a las historias del sector primario en España, este profesional hace un diagnóstico demoledor de la industria marítima actual.
Para empezar, Gost explica el motivo que le empujó a cambiar las aguas del Mediterráneo por el norte de la península. “El trabajo en este sector en Mallorca es bastante complicado, no hay este nivel de pesca, no hay estos barcos, no hay estos artes y solo se dedica a los yates”, cuenta.
La crisis del relevo generacional
Sin embargo, al llegar a Euskadi se topó con una realidad alarmante: el vacío que están dejando los profesionales que se jubilan. El mallorquín afirma que, aunque las escuelas siguen formando a jóvenes en mecánica naval, estos prefieren buscar salidas laborales mucho más cómodas, huyendo de la dureza de los barcos pesqueros.
“El problema es que no tenemos relevo generacional; pero hoy en día la gente no quiere trabajar duro. Se ha perdido mucho la pesca artesanal, las ganas de trabajar con las manos; no hay relevo generacional, no hay patrones y no hay mecánico”, subraya.
Una ocupación acaparada por los extranjeros
Como consecuencia directa de este desinterés local, los pesqueros de Getaria se mantienen a flote gracias a la mano de obra extranjera, que ha pasado a ser el motor principal de las tripulaciones. “Al final tenemos más gente de fuera, senegaleses, indonesios. De la zona hay 6-7; los demás son senegaleses y somos 17 personas en total a bordo del barco”, agrega.
El mecánico hace hincapié en cómo ha cambiado el paisaje humano en los puertos. Atrás quedaron los tiempos en los que salir a faenar era casi una extensión de la pandilla del barrio. “En este barco ya no hay nadie que conozca, ya no tengo amigos, no era como antes, que iba una cuadrilla entera a la mar”, señala.
Aun así, aclara que la convivencia a bordo es buena, pero reconoce que la barrera cultural e idiomática enfría las relaciones. “El ambiente no tiene que ser malo, pero siempre el ambiente va a ser mejor si estás rodeado de colegas, rodeado de gente joven y gente con la que te puedas entender más fácil”, concluye.