Izan, presidente de vecinos en Viladecans, tras entregarle su piso de 300.000 euros: "Muchos vecinos abrieron la puerta y se encontraron el piso lleno de excrementos y orina"
Toda una pesadilla.

Acceder a una vivienda en España se ha convertido en una carrera de obstáculos, marcada por precios disparados, escasez de oferta y condiciones cada vez más exigentes.
Pero lo que están viviendo decenas de familias en Viladecans va un paso más allá. Según cuenta la Cadena SER, vecinos del barrio de Llevant denuncian haber recibido sus pisos de obra nueva, por los que han pagado alrededor de 300.000 euros, en unas condiciones insalubres, con desperfectos graves y sin soluciones por parte de la promotora meses después.
El caso no solo evidencia fallos en la construcción, sino también un problema estructural más profundo: el de un modelo inmobiliario tensionado donde el acceso a la vivienda no garantiza, ni siquiera, unas condiciones mínimas de habitabilidad.
"Abrieron la puerta y había excrementos"
El relato de Izan, presidente de la Asociación de Vecinos del barrio, es contundente. "Muchos vecinos abrieron la puerta y se encontraron el piso lleno de excrementos y de orina", asegura con indignación.
Además, a esa imagen, ya de por si impactante, también se suman otras deficiencias: bajantes atascados con restos de obra, persianas mal instaladas que se desprenden con el viento, ventanas defectuosas y acumulación de basura en el interior de las viviendas.
Y todo ello en edificios recién construidos y entregados hace apenas unos meses Así, los vecinos de cuatro bloques completos, que llegaron con la expectativa de estrenar una nueva vivienda, se han encontrado con un escenario que describen como "indigno" y que ha obligado a muchos a retrasar mudanzas y asumir gastos adicionales con los que no contaban.
Meses de quejas sin solución
Según detalla la Cadena SER, los afectados llevan más de cuatro meses intentando que la promotora solucione las incidencias. Sin embargo, los afectados denuncian falta de respuestas claras y soluciones improvisadas.
"Nos marean: un día dicen que no es verdad, otro que todo está bien y al siguiente que lo arreglarán", lamenta Izan, quien además censura que, en algunos casos, las reparaciones han sido "parches sin sentido", como instalar barras en terrazas en lugar de sustituir persianas defectuosas.
Ante esta situación, la desconfianza no para de subir, lo que lleva a los residentes a sospechar que estas dilaciones responden a una estrategia para agotar los plazos de garantía, que varían entre uno y diez años según el tipo de problema.
La promotora hace oídos sordos
Ante la falta de soluciones, los vecinos han decidido organizarse. Han creado una asociación, han invertido más de 15.000 euros en informes técnicos y ya contemplan acudir a los tribunales.
Por su parte, el Ayuntamiento ha intentado mediar, reconociendo la gravedad del problema, aunque ha admitido que su margen de actuación es limitado al tratarse de una promoción privada.
Mientras tanto, la promotora sostiene que se trata de “problemas de acabado habituales” y niega fallos estructurales, algo que todavía echa más leña a la situación, ya de por sí desesperante para los compradores.
Un síntoma de un problema mayor
El caso de Viladecans pone el foco en una paradoja cada vez más evidente: el acceso a la vivienda ya es, por sí mismo, "un drama", como lo define Izan, pero es también el reflejo de un mercado inmobiliario donde la urgencia por acceder a una vivienda deja a los compradores en una posición vulnerable.
En un contexto de precios al alza y fuerte demanda, la presión por construir rápido y abaratar costes puede acabar trasladándose directamente al comprador. Expertos como Jaime Palomera, citado por la Cadena SER, apuntan precisamente a la subcontratación como uno de los factores clave: múltiples empresas trabajando sin coordinación y recortes en calidad para maximizar beneficios.
