María, 70 años, tiene que entrar a su casa por la ventana con una escalera: la guerra por una herencia la mantiene "enjaulada"
Un muro que se levantó hace ya dos décadas, punto de partida de una disputa entre dos hermanos que ha condicionado sus vidas y no parece tener una solución clara.
María tiene 70 años y, cuando necesita acceder a la parte trasera de su casa, entra por la ventana de su dormitorio con ayuda de una escalera apoyada en la fachada. Es la única forma que le queda para llegar al espacio donde se encuentran las tomas de agua de la vivienda. “¿Si tengo una inundación, cómo quiere que pase?”, se pregunta. La escena, que parece excepcional, forma parte de su rutina desde hace años.
La situación se arrastra desde un conflicto familiar que comenzó tras el reparto de una herencia. Según relata La Dépêche, el padre de María decidió dividir sus bienes a partes iguales entre sus dos hijos cuando enfermó. Ella se quedó en la casa familiar; su hermano, con las antiguas granjas anexas. En aquel momento, María vivía en otra vivienda y no estaba presente de forma habitual en la propiedad. Durante ese periodo, sostiene, su hermano fue delimitando el terreno, cerrando accesos y levantando un muro que acabó bloqueando el paso principal hacia la parte trasera de la casa.
“Cuando volví, me encontré con que ya no podía pasar”, explica. “Había un muro, un cierre y un portal. Incluso declaró el terreno a su nombre, cuando es mío”. El muro no solo modificó los lindes, sino que dejó a la vivienda sin una salida directa hacia una zona esencial para su mantenimiento.
Durante años intentó resolver la situación por la vía del acuerdo, sin éxito. En 2019 decidió acudir a los tribunales. El juez se desplazó hasta el lugar, comprobó que la casa había quedado sin acceso funcional y reconoció una situación de enclavamiento. En 2023, una primera sentencia le dio la razón parcialmente y estableció un derecho de paso a pie, una vez al mes, por las parcelas de su hermano para poder realizar trabajos de mantenimiento, especialmente en el subsuelo, las fachadas y las bajantes de agua.
El conflicto, sin embargo, no terminó ahí. Tras conocerse la sentencia, María asegura que el clima familiar se deterioró todavía más. “Cuando llegó el fallo, se metió conmigo y con mi hija. Nos insultó”, afirma. Su hermano recurrió la decisión y la sentencia en apelación cambió el sentido del proceso. El tribunal revocó la resolución anterior y condenó a María a pagar 3.000 euros en costas. “Tuve que pagar aunque el terreno es mío. No puedo pasar libremente. El enclavamiento se reconoció después. No lo entiendo”, dice.
Más allá del recorrido judicial, el conflicto ha marcado su vida cotidiana. “Vivo encerrada aquí”, resume. Habla de amenazas, de actos hostiles y de una convivencia imposible. Su hermano, consultado por el diario francés, minimiza la situación. “No hay ninguna historia. Ella me atacó y yo me defendí. Ahora ella está en su casa y yo en la mía”, sostiene.
María vive sola con su hija y no mantiene ningún tipo de relación con su hermano desde hace años. “Era mi hermano mayor. Le cuidé, le lavé la ropa durante años. Y ahora me hace esto”, dice. Su relato no busca ya una solución inmediata, sino algo más básico. “Quiero que me dejen tranquila. Y, sobre todo, que me dejen morir tranquila”.
Mientras estudia acudir a un notario para revisar los términos exactos del reparto de la herencia, sigue utilizando la misma vía de acceso improvisada. Cada vez que necesita llegar a su propio terreno, abre la ventana, apoya la escalera y baja.