Paolo Lugari, el italiano que fundó un pueblo autosuficiente en la sabana colombiana hace 54 años: "No entiendo por qué algo tan simple, conseguido en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra, no se hace en otros sitios"
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Paolo Lugari, el italiano que fundó un pueblo autosuficiente en la sabana colombiana hace 54 años: "No entiendo por qué algo tan simple, conseguido en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra, no se hace en otros sitios"

"La gente puede copiarnos cuanto quiera".

En Colombia se creó una ciudad autosuficiente que demostró que podría ser replicable, pero nadie ha querido o se ha atrevido.Getty Images

En plena sabana de Los Llanos, a más de un día por carretera de Bogotá, hay un experimento que lleva más de 50 años funcionando. Se llama Gaviotas. Y no es teoría: es una comunidad autosuficiente que ha creado un bosque artificial de más de 80 km² en uno de los suelos más pobres del planeta.

Su fundador, Paolo Lugari, lo tiene muy claro: "No entiendo por qué algo tan simple no se hace en otros sitios", indica en declaraciones a la BBC. Lo dice con datos detrás. Allí han desarrollado tecnologías que funcionan, se replican y, en algunos casos, han llegado a miles de hogares.

Un laboratorio real de sostenibilidad… desde 1971

La historia empieza en 1966, cuando Lugari sobrevuela la zona y ve lo que otros ignoraban: un territorio vacío que podía convertirse en algo útil. Cinco años después, en 1971, funda Gaviotas junto a unas 20 personas en el departamento de Vichada.

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Desde el inicio, el entorno era extremo. Lluvias torrenciales, sequías prolongadas y suelos ácidos incapaces de sostener agricultura convencional. A eso se sumó la violencia armada que durante décadas marcó la región. Pero el planteamiento fue distinto al habitual: no adaptar el entorno al ser humano, sino al revés.

Inventos simples que sí funcionan

En Gaviotas no hay grandes discursos tecnológicos. Hay soluciones prácticas: 

  • Calentadores solares de bajo coste, capaces de funcionar incluso con radiación difusa.
  • Bombas de agua manuales que alcanzan hasta 40 metros de profundidad.
  • Un sistema donde un balancín infantil bombea agua mientras los niños juegan.
  • Turbinas eólicas adaptadas a vientos débiles, tras decenas de prototipos fallidos.

El impacto es medible. Según datos del propio Lugari:

  • Más de 5.000 turbinas eólicas instaladas en la región.
  • Alrededor de 12.000 bombas de agua replicadas en Colombia.
  • Decenas de miles de calentadores solares distribuidos dentro y fuera del país.

Nada de esto está patentado. Y no es casualidad. "La gente puede copiarnos cuanto quiera", defiende Lugari. Ese enfoque encaja con lo que la sociología denomina tecnología apropiada: soluciones diseñadas para contextos concretos, no universales.

El mayor logro: un bosque donde no podía crecer nada

El dato más contundente no es tecnológico, es ecológico. En los años 80, tras varios fracasos agrícolas, la comunidad decidió plantar pino caribeño. El resultado:

  • 8 millones de árboles plantados.
  • Recuperación del suelo degradado.
  • Aparición de más de 250 especies vegetales.
  • Regreso de fauna: ciervos, capibaras o tapires.

Hoy, alrededor del 30% de los alimentos de la comunidad proviene de ese bosque. Cultivan desde café hasta frutas tropicales. Además, producen biocombustibles a partir de resina de pino, utilizados en transporte local. Aunque estos combustibles siguen generando emisiones, diversos estudios los sitúan como alternativa más limpia frente al petróleo.

Una comunidad que funciona… pero no se replica

A pesar del éxito, el modelo Gaviotas no se ha extendido de forma masiva. Hubo intentos. En los años 70, el Banco Mundial impulsó un proyecto similar llamado Tropicalia. Fracasó por falta de financiación. Otros proyectos ni siquiera pasaron de la fase de diseño.

En respuesta a por qué no han triunfado, expertos como Pliny Fisk, investigador en sostenibilidad en EEUU, apuntan a un problema fundamental: Gaviotas funciona porque es flexible. Y eso dificulta copiarlo.

Estandarizar el modelo lo haría replicable, sí, pero también perdería su esencia: adaptarse a cada territorio.

Cambios inevitables tras medio siglo

Gaviotas no es la misma que hace 50 años. Ya no tiene escuela propia, el hospital dejó de funcionar por falta de personal y parte de los trabajadores viven fuera y solo acuden a trabajar.

Aun así, mantiene unos 50 núcleos familiares y sigue operando como comunidad autosuficiente. Para quienes crecieron allí, como Natalia Gutiérrez, el impacto va más allá del lugar: "Los valores de Gaviotas perduran dondequiera que vayamos".

Un modelo que cuestiona al resto del mundo

El caso de Gaviotas deja una pregunta y no es si funciona, está demostrado que sí. La cuestión es por qué no se replica. No requiere tecnología avanzada, no depende de grandes inversiones iniciales y ha funcionado en uno de los entornos más difíciles del planeta.

Y, sin embargo, sigue siendo una excepción. Ahí está la paradoja que plantea Lugari desde hace décadas. Y que, a día de hoy, sigue sin respuesta clara.

MOSTRAR BIOGRAFíA

Te paso lo de la bio: Redactor de El HuffPost. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Valladolid y Máster en Comunicación Corporativa en ESERP, ha trabajado como redactor, editor y coordinador en Grupo Merca2, así como redactor en Infodefensa y Business Insider, además de colaboraciones en otros medios y blogs como Wall Street International o La Voz del Basket. También realiza críticas de cine desde hace años.

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