Renate, jubilada que trabaja como voluntaria en una caja de ahorros: "Probablemente seamos el único banco que se alegra de perder clientes"
De la jubilación a una nueva vocación.
En un mundo financiero donde captar y retener clientes es casi una obsesión, existe un banco que funciona con una lógica completamente distinta. En la ciudad austriaca de Linz, la Segunda Caja de Ahorros se ha convertido en un refugio para personas con dificultades económicas.
Y entre quienes hacen posible este proyecto destaca Renate Pintzinger, una jubilada de 75 años que desde hace 15 dedica parte de su tiempo a trabajar como voluntaria en esta singular entidad. Su compromiso, lejos de disminuir con los años, se ha convertido en una pieza fundamental.
Una vocación
Renate Pintzinger se jubiló tras una larga carrera en la Caja de Ahorros de Alta Austria. Para muchos, ese momento marca el inicio del descanso definitivo. Para ella, en cambio, fue el comienzo de una nueva etapa. Poco después de retirarse, una sucursal de la llamada “Caja de Ahorros de las Segundas Oportunidades” abrió sus puertas en Linz.
Casualidad o destino, Renate no lo tiene claro, pero decidió dar el paso. “Empecé de cero y convertí este trabajo en mi vocación”, resume. Fiel a su lema personal —“Puedo envejecer más tarde”—, no estaba dispuesta a quedarse al margen ni a renunciar a sentirse útil.
Un banco diferente
La Segunda Caja de Ahorros no es un banco convencional. Según cuenta Focus, su misión es ayudar a personas que atraviesan dificultades económicas, ofreciéndoles herramientas básicas para volver a integrarse en el sistema financiero. Entre sus servicios destacan la apertura de cuentas corrientes con saldo acreedor y un asesoramiento individualizado, pensado para recuperar la estabilidad a largo plazo.
Dos veces al mes, Renate viaja desde Marchtrenk hasta Linz, un trayecto de unos 20 kilómetros, para atender a los clientes. Allí abre cuentas, revisa documentos y, sobre todo, escucha. Según el periódico Kronen Zeitung, apoyar a las mujeres es especialmente importante para ella.
“Nos alegramos cuando ya no nos necesitan”
La filosofía del banco es que el éxito no se mide por el número de clientes, sino por cuántos logran salir adelante. “Probablemente seamos el único banco que se alegra de perder clientes”, afirma Renate con una sonrisa. Para ella, que una persona deje de necesitar el apoyo de la entidad significa que ha recuperado su autonomía financiera.
Además de la satisfacción personal, el trabajo voluntario en Austria cuenta desde 2024 con incentivos fiscales. La llamada “asignación para voluntarios” permite recibir compensaciones económicas exentas de impuestos, de hasta 30 euros por día de servicio y un máximo anual de 1.000 euros. Aunque Renate no realiza su labor por ese motivo, reconoce que este tipo de medidas ayudan a visibilizar y valorar el compromiso social.