Richard Hatchett, epidemiólogo de la ONU: "El riesgo hoy es mayor que en 2019 porque la IA ya puede usarse para diseñar nuevas amenazas contra la salud"
Uno de los consejos que apunta el experto es el de no cometer errores del pasado y no caer en la complacencia.

"El riesgo hoy es mayor que en 2019 porque la IA ya puede usarse para diseñar nuevas amenazas contra la salud". Con esta advertencia, el epidemiólogo Richard Hatchett lanza una de las reflexiones más inquietantes de su entrevista en El País: la próxima gran crisis sanitaria podría no parecerse a ninguna de las anteriores.
Lejos de centrarse únicamente en virus conocidos o en brotes naturales, Hatchett pone el foco en un factor relativamente nuevo en este terreno: la inteligencia artificial. Según explica, el avance tecnológico ha abierto la puerta no solo a mejorar la respuesta frente a pandemias, sino también a generar riesgos inéditos.
Un escenario más complejo que antes de la covid
Para entender su diagnóstico, hay que mirar atrás. Antes de 2020, el mundo ya sabía que una pandemia era probable, pero la experiencia del coronavirus evidenció debilidades estructurales en los sistemas sanitarios y en la coordinación internacional. Sin embargo, el experto sostiene que la situación actual es aún más delicada.
El motivo principal es que la tecnología ha evolucionado a gran velocidad. Herramientas que hace unos años eran incipientes ahora permiten analizar, modificar e incluso diseñar agentes biológicos con una precisión sin precedentes. En manos adecuadas, esto puede acelerar el desarrollo de vacunas o tratamientos. En las equivocadas, puede convertirse en una amenaza.
La doble cara de la inteligencia artificial
Hatchett insiste en que la inteligencia artificial no es, en sí misma, el problema. De hecho, ha sido clave para mejorar la vigilancia epidemiológica y acortar los tiempos de respuesta ante emergencias sanitarias. El riesgo surge cuando esas mismas capacidades pueden ser utilizadas con fines dañinos.
La posibilidad de diseñar patógenos más complejos o de optimizar su propagación ya no pertenece únicamente al terreno de la ciencia ficción. Aunque no es un escenario inmediato, el epidemiólogo considera que es lo suficientemente plausible como para exigir medidas preventivas.
Prepararse para lo desconocido
Uno de los mensajes centrales de la entrevista es la necesidad de anticiparse. Las futuras amenazas, advierte, podrían no encajar en los modelos tradicionales de respuesta. Por eso, los sistemas de salud deben ganar flexibilidad y capacidad de adaptación.
Esto implica invertir en investigación, mejorar la cooperación internacional y reforzar las infraestructuras sanitarias. Pero también desarrollar mecanismos de control sobre el uso de tecnologías emergentes, algo que, a día de hoy, sigue siendo limitado.
Lecciones que no deberían olvidarse
La pandemia de covid-19 dejó aprendizajes claros: la importancia de actuar rápido, la necesidad de compartir información y la relevancia de la confianza pública. Sin embargo, Hatchett sugiere que existe el riesgo de caer en la complacencia una vez superada la emergencia.
El problema, señala, es que el próximo desafío podría llegar en condiciones distintas y con herramientas mucho más sofisticadas. No basta con prepararse para repetir el pasado; hay que anticipar escenarios nuevos.
Un equilibrio difícil
El reto, en definitiva, consiste en encontrar un equilibrio entre innovación y seguridad. Limitar el desarrollo tecnológico no es una opción realista, pero tampoco lo es ignorar sus posibles consecuencias. La clave estará en establecer marcos de gobernanza que permitan aprovechar los beneficios sin abrir la puerta a riesgos descontrolados.
La advertencia de Richard Hatchett no es alarmista, pero sí clara: el mundo está mejor preparado que hace unos años en algunos aspectos, pero también es más vulnerable en otros. Y esa combinación obliga a repensar cómo se afrontan las amenazas globales en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que las normas que deberían regularla.
