"Si lo llego a saber, no compro": la rebelión vecinal en el barrio 'eco' donde no puedes ni descargar la compra
Vecinos de un barrio sin coches en Hengelo denuncian que no pueden ni descargar la compra. El modelo 'eco' desata polémica en Países Bajos.

Comprar una casa nueva y descubrir después que no puedes llegar en coche ni para descargar la compra. Eso es lo que denuncian varios vecinos de Hengelo, en Países Bajos. El barrio fue concebido como una zona completamente peatonal, pero algunos propietarios aseguran que no entendieron hasta qué punto llegaban las restricciones. "Si lo hubiera sabido, no habría comprado la casa", resume uno de ellos al diario regional Tubantia.
El conflicto estalló cuando el municipio comunicó en diciembre que no se permitirá el acceso de vehículos privados ni siquiera para cargar o descargar. Las viviendas forman parte de una urbanización "eco" diseñada sin tráfico rodado. El objetivo: reducir emisiones, ruido y priorizar el espacio peatonal.
Un barrio sin coches… a 800 metros del aparcamiento
Los compradores sabían que no podrían aparcar delante de casa. Las plazas están situadas en aparcamientos públicos a varios cientos de metros, en algunos casos hasta 800 metros de distancia. Lo que, según varios residentes, no quedó claro es que tampoco podrían acercarse puntualmente para transportar compras, muebles o equipaje.
"Si tienes dificultades para caminar, necesitas poder acercarte en coche", lamenta uno de los vecinos. Tampoco se permite la entrada a repartidores, proveedores de alimentos o técnicos. Solo los servicios de emergencia tendrían acceso excepcional.
Algunos anuncios inmobiliarios mencionaban plazas de aparcamiento, pero estas se referían a estacionamientos públicos alejados del núcleo residencial. Tras la polémica, el ayuntamiento reconoció que pudo haber confusión y que parte de la información facilitada por inmobiliarias era incorrecta.
Sin embargo, sostiene que la condición peatonal del barrio estaba establecida antes de la venta y que cualquier reclamación deberá tramitarse por la vía correspondiente.
El modelo car-free se extiende en Europa
El caso de Hengelo no es único. En varias ciudades europeas existen urbanizaciones sin coches o con acceso muy restringido.
En Colonia, por ejemplo, hay un asentamiento con unas 440 viviendas y alrededor de 1.550 residentes donde todo el conjunto es zona peatonal. Se trata de una de las mayores áreas residenciales sin coches de Alemania. Los vehículos solo pueden acceder en circunstancias excepcionales y el aparcamiento se concentra en un garaje comunitario exterior.
Este modelo busca mejorar la calidad de vida, reducir la contaminación y recuperar el espacio público para peatones y niños. Menos tráfico implica menos ruido y mayor seguridad vial. Pero también exige cambios profundos en los hábitos diarios.
¿Qué condiciones deben cumplirse?
La planificadora de transporte Katalin Saary, de la Asociación de Planificación Urbana, Regional y Estatal (SRL), ha señalado en medios alemanes que para que estos proyectos funcionen es clave que todos los destinos esenciales estén cerca y bien conectados. Transporte público eficaz, comercios próximos y servicios accesibles son condiciones básicas para que el coche no sea necesario en la vida cotidiana.
Cuando estas condiciones no se cumplen —o no se explican con claridad— aparecen los conflictos.
En Hengelo, algunos residentes alegan que eligieron la zona pensando en un entorno tranquilo donde sus hijos pudieran jugar en la calle. No cuestionan la filosofía ecológica, pero sí la prohibición total incluso para situaciones puntuales.
Entre la sostenibilidad y la practicidad
Las urbanizaciones sin coches forman parte de las políticas europeas para reducir emisiones en entornos urbanos. Países Bajos es uno de los referentes en movilidad sostenible, con un uso masivo de la bicicleta y una planificación urbana orientada al peatón.
Pero el caso de Hengelo muestra el choque entre ideal y realidad. Para algunos vecinos, caminar 800 metros con bolsas de compra o depender exclusivamente de servicios externos resulta poco práctico, especialmente en situaciones de movilidad reducida.
El debate está servido: ¿hasta dónde deben llegar las restricciones en nombre de la sostenibilidad? ¿Y quién asume la responsabilidad cuando la información previa no es clara?
