Tardó días en saber que casi muere: creía tener un virus estomacal y los médicos pensaban en una enfermedad autoinmune, pero era sepsis y shock tóxico
“Pensé que me estaba volviendo loca… No me había hecho daño”, explica.

A veces el cuerpo avisa, pero nadie sabe leerlo a tiempo. Lo que empezó como un malestar aparentemente común terminó convirtiéndose en una situación crítica que puso en riesgo la vida de Audrey Leishman. Durante días, pensó que solo se trataba de un virus estomacal y ni ella ni los médicos imaginaron que detrás de aquellos síntomas se escondía algo mucho más grave: una sepsis y un síndrome de shock tóxico que avanzaban con rapidez.
Todo comenzó en marzo de 2015, poco después de que le retiraran el DIU y de que su cuerpo volviera a la menstruación después de 18 meses. Al principio, los síntomas parecían de una simple infección digestiva: dolor abdominal, fiebre y malestar general. Pero al día siguiente el cuadro se complicó con una debilidad extrema, sangrados inusuales, dificultad para respirar y dolores intensos en distintas partes del cuerpo, señales que ya apuntaban a algo mucho más serio de lo que parecía en un inicio.
"Apenas podía cargar a mi hijo de 18 meses porque estaba muy débil. Tenía 39° C de fiebre", asegura Audrey en declaraciones recogidas por People. Finalmente, acudió a urgencias, donde los médicos inicialmente pensaron que padecía algún tipo de enfermedad autoinmune. "De hecho, pensé que me estaba volviendo loca… No me había hecho daño. Estaba muy confundida sobre lo que me pasaba", añadió.
“Nunca había oído hablar de la sepsis”
La situación se complicó hasta requerir ingreso en la UCI durante 10 días, cinco de ellos en coma inducido. "Tardaron mucho tiempo en averiguar qué me ocurría", recuerda. Según la Alianza contra la Sepsis, a Audrey le diagnosticaron sepsis y síndrome de shock tóxico (SST). A partir de ese momento, los médicos pudieron confirmar que la infección había desencadenado una respuesta extrema del organismo que estaba dañando sus órganos, lo que explicaba el rápido empeoramiento de su estado.
La gravedad del cuadro obligó a un tratamiento intensivo y a una vigilancia constante para lograr estabilizarla. Tras despertar, tuvo que reaprender a caminar y continuar la recuperación con fisioterapia y un catéter central. "Nunca había oído hablar de la sepsis, si hubiera sabido cuáles eran los síntomas y a qué prestar atención, habría buscado tratamiento antes", asegura después de haber estado a punto de morir.
Tras darse cuenta de lo poco que se sabe sobre la sepsis, la mujer creó la Fundación Begin Again junto a su esposo, Marc Leishman, para concienciar sobre este problema de salud. Desde entonces, su objetivo ha sido dar visibilidad a una enfermedad que, como en su caso, puede confundirse fácilmente con cuadros leves hasta que ya es demasiado tarde. Una iniciativa que nace de la convicción de que la información puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
