Pablo (28), diagnosticado de Crohn: "Empieza a preocuparte bastante cuánto tiempo pasas fuera de casa o si vas a tener un baño cerca"
El joven vigués relata el calvario que vivió hasta dar con su diagnóstico y cómo ha superado la "vergüenza" social de una enfermedad que condiciona cada salida de casa.

Todos hemos sufrido alguna vez dolores intestinales, ya sea por una indigestión o un virus pasajeros. Sin embargo, para miles de jóvenes, ese dolor es el aviso de algo mucho más serio. La colitis ulcerosa y el Crohn son las dos caras de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), dos patologías crónicas que, aunque similares, tienen diferencias clave:
- Alcance: La colitis ulcerosa solo afecta al colon; el Crohn puede aparecer en cualquier punto del tubo digestivo.
- Profundidad: Mientras la colitis daña la capa interna (mucosa), el Crohn puede afectar a toda la pared del intestino.
- Síntomas: El Crohn suele manifestarse con dolor abdominal agudo y problemas perianales, mientras que en la colitis es más frecuente el sangrado.
El miedo a comer y la incertidumbre
Pablo, un vigués de 28 años, empezó a notar que algo no iba bien cuando salía de fiesta. Tras varias pruebas y un periodo de incertidumbre en el que los médicos no lograban distinguir qué tipo de EII padecía, el miedo se apoderó de su rutina.
"Le cogí muchísimo miedo a la comida, a que me sentase mal, después de cada comida necesitaba sentarme porque hasta me subían unas décimas la fiebre mientras hacía la digestión", explica en una entrevista en el Faro de Vigo.
Finalmente, tras confirmar que se trataba de Crohn, Pablo inició un tratamiento combinado con el apoyo de una nutricionista, cambiando sus hábitos por completo para recuperar el control de su organismo.
La logística del baño y el estigma social
Vivir con Crohn no es solo un reto físico, sino también logístico y psicológico. Para Pablo, uno de los mayores cambios fue la inseguridad constante al salir a la calle.
"Empieza a preocuparte bastante cuánto tiempo pasas fuera de casa, qué vas a hacer o si vas a tener un baño cerca", confiesa. Salir de la rutina habitual se convierte en un desafío.
Además, al dejar el alcohol por salud, Pablo sintió el peso social. "Sales de fiesta y todo el mundo bebe y tú no, te empiezas a sentir un poco raro".
"La vergüenza solo está en tu cabeza"
A pesar de ser una enfermedad que genera mucha timidez por sus síntomas, Pablo decidió no esconderse.
Con la ayuda de un psicólogo, aprendió a gestionar el impacto emocional y a romper el estigma a través del humor. "Ahí es donde te das cuenta de que la vergüenza solo está en tu cabeza", concluye con optimismo, animando a otros jóvenes en su situación a normalizar la enfermedad.
