Un mallorquín de 93 años explica el cambio en la vivienda en Palma: "Me vendían un solar de 800 metros por 15.000 pesetas, ahora eso vale una fortuna"
Hoy la situación es muy distinta.

Mallorca sigue batiendo récords de turismo y dinero, pero la realidad para quienes viven en la isla es cada vez más complicada. Especialmente en Palma, donde el precio de la vivienda se ha disparado hasta situarse entre los más altos de España.
El contraste lo resume perfectamente un vecino de 93 años, que ha visto cómo ha cambiado la isla en casi un siglo de vida. “Me vendían un solar de 800 metros por 15.000 pesetas, ahora eso vale una fortuna”, recuerda un mallorquín en un video en Youtube, donde cuenta su experiencia.
Hoy la situación es muy distinta. Aunque el empleo no falta —sobre todo en turismo y hostelería— los salarios no han crecido al mismo ritmo que el coste de vida. Trabajadores consultados explican que, incluso con sueldos cercanos a los 2.000 euros, resulta difícil vivir en solitario.
El alquiler es el principal problema. Habitaciones que superan los 600 u 800 euros al mes, pisos básicos por más de 1.000 o incluso 1.400 euros y una oferta muy limitada hacen que compartir vivienda sea casi una obligación. “Vives, pero no vives cómodo”, resume.
La falta de vivienda asequible también está empujando a muchos a marcharse. Algunos jóvenes optan por trasladarse a la península, mientras otros siguen viviendo con sus familias o comparten piso durante años. Incluso hay casos de personas que residen en caravanas porque no pueden asumir un alquiler.
Desde el sector de la construcción reconocen que no se está edificando lo suficiente para cubrir la demanda, lo que agrava el problema. Además, señalan que el acceso a la vivienda “es tan difícil por no decir imposible para los jóvenes”.
La situación genera una sensación cada vez más extendida en la isla: que Mallorca se está convirtiendo en un lugar pensado más para quienes llegan de fuera que para quienes viven y trabajan allí. “Los precios prácticamente están pensados para ellos, no para nosotros”, lamenta otro residente.
Aun así, el turismo sigue siendo el motor económico principal. En temporada alta, la isla se llena hasta el límite, mientras que en invierno algunas zonas quedan prácticamente vacías. Ese desequilibrio también afecta al empleo, muy ligado a la estacionalidad.
El resultado es un territorio de contrastes. Por un lado, profesionales con salarios altos; por otro, trabajadores que apenas superan los 1.000 euros al mes. Y en medio, una dificultad creciente para acceder a una vivienda digna.
