Un trabajador latino en Barcelona paga 950 euros de alquiler: "Salgo de un trabajo para irme a otro hasta las diez de la noche"
"Aquí si no trabajamos los dos, es difícil".
La vida cada vez está más cara en las grandes ciudades, con situaciones de otras épocas. Es el caso de este trabajador que vive en Barcelona, que ha explicado su situación en el canal de TikTok mamireporter. Pagar 950 euros al mes por un ático pequeño sin ascensor y aun así necesitar dos empleos para llegar a fin de mes.
Este padre de tres hijos asegura que apenas ve a su familia entre semana. "Yo ahora salgo de un trabajo para irme a otro hasta las diez de la noche y solo veo a mis hijos los fines de semana", cuenta en una entrevista a pie de calle.
Su testimonio resume una situación cada vez más habitual en la ciudad: alquileres elevados, salarios ajustados y jornadas dobles para cubrir gastos básicos. Él y su mujer trabajan. "Aquí si no trabajamos los dos, es difícil", afirma.
Vivienda por las nubes y varios trabajos para asumirlo
El trabajador paga 950 euros por un ático pequeño de tres habitaciones en Barcelona. No tiene ascensor. Asegura que, si buscara algo "más cómodo", el precio no bajaría de 1.200 o 1.300 euros.
Los datos respaldan su percepción. Según el portal inmobiliario Idealista, el precio medio del alquiler en Barcelona alcanzó los 24 euros por metro cuadrado en noviembre de 2025, lo que supone una subida interanual del 3,4%. Es la ciudad con los alquileres más caros de España, por encima de Madrid, San Sebastián, Sevilla o Valencia.
Para una vivienda de 70 metros cuadrados, eso equivale a unos 1.680 euros mensuales de media. En ese contexto, pagar 950 euros puede parecer incluso "contenido" en comparación con el mercado actual, aunque represente una parte muy alta del salario.
Doble jornada y conciliación imposible
El problema no es solo el alquiler, sino la relación entre ingresos y coste de vida. El entrevistado necesita dos nóminas para cubrir facturas y gastos familiares. Su jornada se alarga hasta las diez de la noche. "Venimos con el pensamiento de trabajar y ahorrar", explica. Pero el ahorro es cada vez más difícil.
La conciliación es la primera víctima. Apenas ve a sus hijos de lunes a viernes. Los fines de semana concentran el tiempo familiar. El proyecto migratorio, en su caso, no pasa por quedarse definitivamente en España. "Yo no me quiero quedar a vivir aquí. Quiero trabajar, ahorrar dinero y poder irme a mi país", señala.
Inmigración y mercado laboral: el peso real
Según datos del Real Instituto Elcano, la población inmigrante en España supera ya los nueve millones de personas y crece a un ritmo aproximado de 600.000 al año desde el final de la pandemia. Además, los trabajadores extranjeros representan en torno al 23% de la población ocupada.
Muchos de ellos se concentran en sectores como hostelería, construcción, cuidados o logística, donde los salarios suelen situarse en la franja media-baja. Cuando el alquiler absorbe entre el 40% y el 60% del sueldo, la capacidad de ahorro se reduce drásticamente.
En ciudades tensionadas como Barcelona, el mercado inmobiliario presiona especialmente a los recién llegados, que suelen acceder a pisos más pequeños, compartidos o en zonas periféricas.
España como destino… y como etapa
El relato de este trabajador desmonta una idea extendida en parte de América Latina: que España es un destino donde se puede ahorrar con facilidad. La realidad es más compleja. El empleo existe, pero el coste de la vivienda y los gastos básicos limitan el margen.
Si los salarios permanecen estancados y el alquiler continúa en máximos, algunos migrantes podrían optar por otros destinos europeos con mejor relación entre ingresos y coste de vida.
Mientras tanto, en Barcelona, este padre sigue encadenando turnos. Su objetivo no es quedarse, sino resistir el tiempo suficiente para regresar con un colchón económico. El problema es que, con 950 euros de alquiler y jornadas que terminan a las diez de la noche, ese colchón tarda cada vez más en llenarse.