Una diseñadora iraní de 52 años, tras dos meses sin internet: "Mi vida va a paso de tortuga y paso tiempo de calidad con mi familia, pero es difícil mantener el ánimo de dos adolescentes"
El bloqueo casi total de internet impuesto por las autoridades iraníes tras el inicio de los ataques entre Israel, Estados Unidos e Irán ha cambiado la vida de millones de personas.
"Y de repente, una mañana, nos sentimos perdidos unos de otros".
Así resume Mehrnoosh Shahhosseini, diseñadora de moda de 52 años y residente en Tehran, el momento en el que Irán prácticamente desapareció de internet.
Desde finales de febrero, tras el inicio de los ataques cruzados entre Israel, Estados Unidos e Irán, las autoridades iraníes mantienen severas restricciones sobre la red alegando "motivos de seguridad". El resultado ha sido un apagón digital que afecta a más de 90 millones de personas y que ha transformado completamente la vida cotidiana del país.
No funcionan con normalidad aplicaciones básicas, las VPN colapsan constantemente, Google Maps apenas sirve y mantener un negocio online se ha convertido en una carrera de obstáculos.
Pero más allá de la geopolítica y las tensiones militares, el corte de internet está dejando historias mucho más domésticas y humanas.
Como la de Mehrnoosh.
"Mi vida va a paso de tortuga"
La diseñadora cuenta que el apagón ha cambiado radicalmente el ritmo de su casa. "Antes me faltaba tiempo a todas horas y ahora mi vida va a paso de tortuga y paso tiempo de calidad con mi familia", explica.
En teoría, la frase podría sonar incluso idílica. Más tiempo juntos, menos pantallas, menos prisas.
Pero la realidad es mucho más compleja.
"Es difícil mantener el ánimo de dos adolescentes de 14 y 16 años sin internet y después del trauma que ha supuesto la guerra", admite.
Sus hijas ya no pueden jugar a videojuegos ni pasar horas conectadas. Una de ellas ha empezado a leer más, otra se ha apuntado a clases básicas de costura y está pensando en aprender música.
La desconexión forzada ha traído algunos hábitos nuevos, pero también aislamiento, ansiedad y una sensación constante de incertidumbre.
Porque en el Irán actual no tener internet no significa solo aburrirse.
Significa quedarse fuera del mundo.
Madrugar para poder responder un correo
Para Mehrnoosh, además, internet no era ocio. Era trabajo.
Su cuenta de Instagram funcionaba como escaparate para vender zapatos y diseños a miles de clientes. Tenía más de 28.000 seguidores y buena parte de sus ingresos dependían directamente de esa actividad digital.
Ahora, una habitación de su casa está llena de cajas de zapatos acumuladas que no logra vender.
"Si no publicas nada nuevo o no respondes, en cuestión de días el algoritmo te penaliza", lamenta.
La diseñadora calcula que sus ingresos han caído en torno a dos tercios desde el inicio del bloqueo.
Por eso se despierta de madrugada, cuando las conexiones VPN clandestinas funcionan un poco mejor y la red está menos saturada.
"Me levanto por la noche para responder correos de clientes que tampoco pueden conectarse durante el día. Si me retraso puedo perderlos", explica.
En Irán, las VPN ilegales y sistemas alternativos de acceso a internet se han convertido casi en un mercado paralelo.
El miedo a quedarse incomunicado
La situación afecta también a algo mucho más básico: poder hablar con la familia.
Elham, una mujer iraní de 56 años, lleva semanas intentando encontrar maneras de comunicarse con su hijo de 23 años, que estudia en Italia.
La guerra frustró sus planes de viajar para verlo y el bloqueo digital terminó rompiendo también las videollamadas y los mensajes de WhatsApp.
"Llegué a pensar que podía morir en un bombardeo sin volver a escuchar su voz", cuenta.
Finalmente consiguió contactar gracias a una aplicación local iraní que funcionaba de forma irregular entre ambos países. A veces él lograba conectarse y ella no. Otras veces ocurría al revés.
La sensación dominante, explica, es la de vivir permanentemente a medias.
Una economía que se hunde sin conexión
El apagón digital también está golpeando duramente a miles de pequeños negocios.
Alireza, un empresario de 35 años de la ciudad de Mashhad, promocionaba desde hace años su negocio de muebles de cocina y baño a través de Instagram.
Su estrategia funcionaba: había multiplicado ingresos y apenas necesitaba publicidad física.
Hasta que internet desapareció.
"Mi último vídeo lo publiqué dos días antes de la guerra", explica.
Desde entonces ha intentado utilizar aplicaciones locales iraníes, pero asegura que el 90% de sus clientes no están allí. El resultado ha sido devastador: ha tenido que despedir a 17 trabajadores porque los pedidos prácticamente han desaparecido.
"Algunas de las personas despedidas tienen familias que alimentar. No entiendo por qué se corta internet", protesta.
El control político detrás del apagón
Oficialmente, el Gobierno iraní sostiene que las restricciones son temporales y necesarias por seguridad nacional.
Pero dentro del propio régimen existen diferencias sobre cuánto tiempo debe mantenerse el bloqueo.
Mientras asesores próximos al presidente Masoud Pezeshkian aseguran que internet volverá "a la normalidad" cuando la situación se estabilice, sectores ultraconservadores defienden mantener las limitaciones para impedir nuevas protestas antigubernamentales organizadas a través de redes sociales.
En enero, manifestaciones masivas contra la crisis económica y el régimen iraní dejaron miles de muertos según organizaciones de derechos humanos.
Y las autoridades no olvidan el papel que jugaron aplicaciones como Telegram en la organización de aquellas protestas.
Mientras tanto, millones de iraníes improvisan una vida semidesconectada en pleno 2026.
La nueva vida offline de Irán
Muchos han vuelto a instalar antenas parabólicas para seguir las noticias internacionales. Otros buscan conexiones clandestinas. Las escuelas utilizan intranets locales desarrolladas durante la pandemia y los universitarios denuncian ya un deterioro evidente de la calidad educativa.
Incluso han aparecido canciones y vídeos virales protestando contra el apagón digital.
"Internet es tu derecho en 2026", cantan dos raperos iraníes en uno de los vídeos más compartidos.
Porque el problema ya no es solo tecnológico.
Para muchos iraníes, quedarse sin internet significa quedarse sin trabajo, sin información, sin contacto con los suyos y, poco a poco, sin voz.