"No podemos con esto": la alerta de las guarderías ante la oleada de bebés que se duermen con la tablet
A pesar de ello, algunos expertos aseguran que pasar tiempo frente a las pantallas no es negativo, sino que es algo a la que las generaciones de padres no se han acostumbrado.
Pasar tiempo frente a las pantallas es considerado como algo negativo. De hecho, muchas guarderías han alzado la voz denunciando que no pueden con la situación, pues se encuentran con niños y bebés que se quedan dormidos a una tableta o con peluches que se encuentran conectados a internet, lo que les supone un problema. "¡No podemos más!", afirman.
Sin embargo, algunos expertos como Virginie Tyou, a quien entrevista el medio Welt, consideran que esto no es algo tan importante, sino más bien una diferencia generacional. De hecho, para Virginie, quien ayuda a niños y a padres a gestionar su relación con los teléfonos móviles, las pantallas ayudan a evocar muchas emociones y a veces pueden servir para comunicarnos más.
"Decir simplemente 'un cuarto de hora frente a la pantalla' no tiene ningún sentido si no te preguntas qué plataforma es, qué haces ahí y con quién", afirma la experta en digitalización, quien cree que lo importante no es el tiempo que pasamos frente a las pantallas, sino el tipo de contenido que vemos.
No es lo mismo pasar media hora frente al móvil o el ordenador mientras lees una novela, que pasar media hora frente al ordenador jugando a videojuegos, que pasar media hora frente al móvil viendo imágenes en redes sociales.
"Primero deberías preguntarte por el contenido y la intención, y solo después por el tiempo que pasas frente a la pantalla. Meterlo todo bajo la etiqueta de 'tiempo de pantalla' significa mezclar patrones de uso que no tienen nada que ver entre sí", asegura Virginie, que recomienda seguir los siguientes pasos.
"Primero, apoya al niño. Pregúntale: ¿Por qué quieres abrir esta página? ¿Qué harás allí? Luego, junto con el niño, identifica su uso de la página. Sobre todo, comprende que todo lo relacionado con las pantallas, especialmente las redes sociales, tiene un impacto significativo en nuestras emociones: el sistema de recompensa, a través de la dopamina , pero también a través del sistema límbico, la afiliación grupal, las opiniones de los demás y la necesidad de validación", explica.
En este sentido, Virginie asegura que la pantalla no solo repercute en lo que hacemos, sino también en la forma que nos autopercibimos y en nuestros propios sentimientos. Y que como precisamente damos prioridad a las emociones que a la razón es fundamental explicarle a los niños todo esto de forma emocional.
"Es completamente irreal creer que se puede enseñar a alguien a usar una pantalla responsablemente solo con la razón. La pantalla nos atrae de forma completamente intuitiva. Nos conectamos a internet sin pensar. Las diversas plataformas están diseñadas para cautivarnos y explotar nuestras debilidades . Entonces, ¿por qué recomendar una educación puramente racional cuando se abordan principalmente nuestras emociones?", defiende la misma, que apuesta porque los niños empiecen a los cuatro o cinco años.
Otra de las cuestiones que resalta es la pérdida de la noción del tiempo que afrontan muchos de estos niños, como cuando por ejemplo piensan que llevan menos tiempo del que realmente llevan pegados a la pantalla. Esto, se puede solucionar poniendo límites y ayudando a que los más pequeños comprendan por qué tienen tanta frustración cuando se les retira de ellas.
El motivo detrás de la adicción a las pantallas, según señala la experta, no es otro que llenar un vacío. Esto ocurre tanto a los menores como a los adultos. "¿Por qué inconscientemente busco mi teléfono? ¿Por qué no logro apartar la vista de la pantalla ni cinco minutos? Siempre hay algo detrás: un vacío que quieres llenar, como ir a la nevera a por chocolate. Y una vez que identificas esta necesidad y las emociones asociadas, puedes recuperar el control. Y me digo lo mismo: a todos nos afecta", destaca la experta, que señala finalmente que a pesar de todo ello, "la digitalización y la inteligencia artificial nos obligan a pasar más tiempo en familia" y a comunicarnos más.