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Vive un mes a base de comida a domicilio en Dubái por 15 euros al día y no da crédito

Vive un mes a base de comida a domicilio en Dubái por 15 euros al día y no da crédito

"Liadón porque no leí bien el nombre"

El creador de contenidos español, Hugo Kyoto, en uno de sus vídeos de TikTok.
El creador de contenidos español, Hugo Kyoto, en uno de sus vídeos de TikTok.TIKTOK

¿A qué precio vendes tu tiempo? Para el creador de contenidos español Hugo Kyoto, que desde hace un tiempo vive en el oasis de cristal y postureo que es Dubái, la respuesta no se encuentra en los Ferraris sino en una fiambrera de plástico. El influencer ha decidido subcontratar su alimentación durante todo un mes por una razón tan poco poética como dolorosamente moderno: cocinar no le sale a cuenta. Según su aritmética de la pereza, su hora de trabajo vale más que el tiempo que pasa peleándose con una sartén.

“Como prefiero dedicar mi tiempo a mi trabajo porque me sale más rentable por hora que estar cocinando, me he suscrito a un plan de comida a domicilio”, explica en la cocina de su apartamento en Dubái, un lugar que tiene pinta de tener mayor utilidad como plató de rodaje de contenido que como el centro culinario que debe tener cada vivienda.

El ritual que Hugo repite cada semana funciona con la precisión de un reloj made in Suiza. De lunes a sábado, como si fuera el maná del siglo XXI, en el quicio de su puerta aparece una bolsa roja. Dentro, los dos platos del pedido diario, que cambian cada día para que su cerebro no se aburra al sentarse cada día en la mesa para comer. "Lo guay es que no se repiten comidas”, dice mientras le enseña el botín a sus seguidores de TikTok. Pero claro, delegar la alimentación de tus papilas gustativas en un algoritmo tiene sus riesgos, sobre todo si el problema es que no sabes leer la letra pequeña. Porque te arriesgas al troleo.

Ese día, el "azar" del servicio de comidas a domicilio quiso servirle dos platos: el primero, arroz persa con pollo y pasas. ¡Oh ,drama! Porque Hugo odia las pasas con toda su alma. “Liadón porque no leí bien el nombre”, suelta con la resignación de quien tiene un Ferrari pero en realidad no sabe cambiar una rueda. Pero tampoco le dice que no y se lo guarda para después de analizar el segundo plato: un táper con ensalada y otro con los toppings: “Parece que hay tofu, manzana, pepino…", comenta mientras asoma su lado fit bro. Pero lo que de verdad le pone "tierno" no es el pollo, sino los datos.

Porque en el mundo de los influencers, si algo no tiene métricas, no cuenta. “Lo que más me gusta es que son comidas con alta cantidad de proteínas... 34 gramos”, presume con la cámara bien pegada a la etiqueta del recipiente, porque es tal la comodidad, que llega con un código QR en la tapa que lo lleva a ls libro de instrucciones de la comida y le dice exactamente cuántos segundos de su valiosa vida tiene que gastar frente al microondas. Eficiencia para algunos, vagancia de nivel experto para otros.

Obviamente, siempre tiene que haber un fallo, hay que poner pegas. A Hugo le molestan los cubiertos de usar y tirar que le han enviado con su pedido, aunque su queja es casi tan contradictoria como vivir en Dubái: "Me da un poco de pena. Realmente no los necesito, tengo cubiertos aquí en casa y creo que es generar desechos por generarlos”, confiesa. Porque el planeta sufre, pero lavar uno en casa y ponerlo en el lavavajillas debe de tener un alto coste de facturación en cuestión de minutos de vida.

Pero vamos al grano: ¿cuánto le cuesta a Hugo Kyoto no tocar un fogón en Dubái? “Me cuesta unos 15 euros al día, 7,50 por comida”, explica a sus seguidores de TikTok. Y aquí saca la calculadora mental: si la comida vale 5 euros, solo paga 10 por el servicio. “A poco que genere más de 10 euros en una hora ya me sale a cuenta y, por suerte, es así”. Es la radiografía perfecta de 2026: si no estás produciendo, pierdes pasta, incluso al masticar.

Al final, para decepción de los que esperaban un auténtico desastre, a Hugo le sale bien la jugada. “Para lo tiquismiquis que soy con la comida, la verdad es que está muy rico”, dice. Incluso el pollo le parece “muy tierno” y el arroz le sorprender porque es "más alargado y más finito que el basmati”. Con una nota de 8 sobre 10 y la conciencia tranquila por haber "comprado" una hora de trabajo extra, el protagonista de la prueba procede a despedirse.  En una ciudad acostumbrada a presumir de lujos imposibles, lo que ha hecho el creador de contenidos español, nos recuerda que el verdadero estatus en 2026 no es tener un chef privado, sino tener el privilegio de no saber ni dónde has guardado el estropajo.