A Mohamed Morsi le ha durado tan solo un año la corona. Llegó a la presidencia de Egipto tras una revolución que derrocó el régimen de Hosni Mubarak. Pero la misma plaza que le aupó a la presidencia, ha sido la que le ha despojado del poder con la intervención del Ejército.

Su victoria electoral en los primeros comicios presidenciales democráticos en Egipto despertó temores en los sectores más opuestos al islam político y entre la minoría cristiana, aunque sus primeras decisiones, como apartar a la cúpula militar que gestionó el país tras la caída de Mubarak, fueron recibidas con aprobación.

Sin avances en sus promesas electorales, pero tampoco sin grandes fracasos, la desconfianza que le guardaba buena parte de la población estalló el pasado 22 de noviembre.

Ese día, Morsi blindó sus poderes ante la justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución, lo que motivó grandes protestas de la oposición, que lo calificó de "nuevo faraón".

Desde entonces, fue incapaz de conseguir sentar en la mesa de negociaciones a la oposición, la cual, por otra parte, nunca mostró demasiadas intenciones de dialogar.

La división en el país, agudizada por las duras condiciones económicas generadas por la caída del turismo y de la inversión extranjera, fue en aumento hasta las masivas manifestaciones del pasado domingo para pedir su renuncia y la convocatoria de elecciones anticipadas.

La sorprendente irrupción de las Fuerzas Armadas con su ultimátum de 48 horas significó el comienzo del fin para Morsi.

En su último discurso a la nación, la pasada noche, un presidente nervioso y desafiante invocó decenas de veces su legitimidad para intentar evitar lo que ya parecía inevitable: el golpe de estado que le ha apartado del poder.

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  • Un opositor al presidente egipcio, Mohamed Morsi, sostiene un cartucho presuntamente utilizado por miembros de los Hermanos Musulmanes.

  • Un opositor saca una puerta tras el asalto de la sede de los Hermanos Musulmanes en al-Moqattam, en el Cairo.

  • Un ciudadano saca material informático tras el asalto de la sede.

  • Otro manifestante saca un silla de la sede quemada.

  • Opositores sostienen una bandera egipcia después del asalto.

  • Un manifestante sostiene una pistola presuntamente utilizada por miembros de los Hermanos Musulmanes e incautada en el asalto a la sede.

  • Un egipcio viste un chaleco de seguridad presuntamente utilizado por miembros de los Hermanos Musulmanes e incautado en el asalto a la sede.

  • Un opositor saca diversos objetos de la sede quemada de los Hermanos Musulmanes en El Cairo.

  • Un manifestante sostiene una placa distintiva de la Sociedad de los Hermanos Musulmanes tras el asalto a su sede principal.

  • Un ciudadano saca una puerta tras la quema y el asalto de la sede de los Hermanos Musulmanes.

  • Varios ciudadanos egipcios participan en el saqueo de la sede central de los Hermanos Musulmanes en el barrio de Muqatam, en la periferia de El Cairo.

  • La sede de los Hermanos Musulmanes en El Cairo aún arde hoy después del asalto de ayer por opositores al régimen egipcio.