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20/04/2013 21:22 CEST | Actualizado 20/04/2013 22:37 CEST

Médicos rurales: "En muy corto plazo vamos a perder las grandes mejoras conseguidas con mucho esfuerzo"

En las afueras de la localidad cántabra de Potes hay una estatua que homenajea la figura del médico rural. En ella se ve a un hombre a lomos de un caballo, el medio de transporte que usaban antaño estos profesionales para desplazarse de pueblo en pueblo visitando a los pacientes. Ahora, las condiciones de trabajo de los médicos rurales han cambiado radicalmente. Tanto que ellos mismos aseguran que nunca habían estado mejor, pero advierten de que todos los avances conseguidos poco a poco y con esfuerzo están empezando a perderse debido a los recortes.

"Nunca hemos estado mejor, pero vemos que existe un peligro evidente de perder todo lo conseguido. Ahora, por ejemplo, hay menos personal. No se cubren las bajas ni muchas jubilaciones, por lo que tenemos más trabajo y muchas veces con pacientes que no conocemos. Todo eso implica también que han aumentado bastante los plazos para las consultas y para las pruebas, lo que provoca que mucha gente tenga que pagarse un médico privado", explica José Manuel Solla, médico rural en Allariz (Ourense) de 57 años y guionista de Ventanas en el cuerpo, una película que narra las peripecias de un médico rural de los años 50.

Solla explica que, al margen de los cambios por los recortes, la crisis también ha cambiado el tipo de patologías que suelen tratar. Ahora abundan las depresiones "relacionadas con situaciones que tienen que ver con el paro y otros contextos dramáticos".

Los médicos rurales reconocen que con los recortes "aún no se ha cruzado ninguna línea roja", pero Roberto Fernández, de 45 años y médico rural también en la zona de Allariz, explica que los ajustes están teniendo ya consecuencias no relacionadas directamente con la atención que ellos dedican: "La población rural en Galicia está muy envejecida y la asistencia que ofrecían los servicios sociales, que era fundamental, ya está retrocediendo. Como consecuencia, muchos ancianos ahora tienen que cuidarse solos o estar acompañados por otro vecino, con las consecuencias que eso tiene para su atención y los problemas derivados por la soledad".

EL CAMINO RECORRIDO

Juan Jurado, que trabaja en la zona de Medina del Campo (Valladolid) y tiene 60 años, subraya la mejora que se ha producido en la sanidad rural en los últimos 30 años. Recuerda que cuando empezó, en 1979, viajar de un pueblo a otro era una aventura.

"Recuerdo un día que la carretera estaba tan mal indicada que, al ir a una urgencia, en un cruce de caminos eché a cara o cruz qué camino coger. Tuve suerte y acerté", relata, a la vez que rememora viajes nocturnos con niebla en los que tenía que "sacar la cabeza por la ventanilla" para ver dónde terminaba el asfalto porque la carretera no tenía las líneas pintadas.

Jurado resume con una palabra la situación de la medicina rural cuando él empezó a trabajar: "penosa". "Me di cuenta de que había zonas en España de primera, de segunda y de tercera y con mucho esfuerzo, piedrecita tras piedrecita, conseguimos transformarlo y mejorarlo hasta llegar al culmen, a la gran atención de los últimos años que ahora vemos que se está destruyendo". Y avisa de que "en muy corto plazo" se va a "perder" todo lo conseguido.

ANÉCDOTAS

A pesar de todas las mejoras de los últimos años, los médicos rurales cuentan algunas experiencias que están entre lo absurdo y lo surrealista. El doctor Jurado indica que la gran parte de la población rural es anciana, vive sola y algunos tienen problemas para leer, lo que les obliga a explicar todo mucho. "Una vez, vino una mujer que me dijo: 'Creo que mi padre no utiliza bien los supositorios que le ha recetado'. Cuando le pregunté por qué, me dijo que los untaba en una tostada y se los comía con pan".

Las anécdotas de Jurado no terminan ahí y asegura que tiene miles. Para muestra, otra: "A la hija de una paciente le dije que su madre tenía mal las válvulas del corazón y que había que ingresarla. Al escucharlo, se fue y volvió con un bote de 3 en 1 y tuve que explicar que aquellas válvulas no se engrasaban, que lo que decía es que había que ingresarla en un hospital".

Los médicos rurales señalan que otra de las dificultades que se encuentran en su día a día tiene que ver con la localización de las urgencias. "Las indicaciones que recibimos sobre dónde tenemos que ir son a menudo muy rudimentarias porque los pacientes no suelen decir su calle, sino referencias físicas para llegar a su casa: la casa de al lado de la fuente, de al lado del cementerio, utilizan motes para indicar cuál es la casa de la vecina...Tienes que intentar conseguir la máxima información en el menor tiempo posible", relata el doctor Fernández, que prepara una tesis sobre la figura del médico rural.

"LOS CURAS DEL SIGLO XXI"

Por todo ello, Josep Fumadó, médico rural en la provincia de Tarragona de 57 años, señala algunas diferencias entre la medicina rural y la urbana. "Tenemos una relación más humana. En los pueblos te encuentras al paciente en la consulta y fuera de ella: en el bar, te vas a pescar con ellos... Al final pasas consulta en todas partes", asegura. Y advierte de que saben muchas veces más sobre los antecedentes familiares de los pacientes que ellos mismos: "Hay tanta confianza que se puede decir que somos los curas del siglo XXI".

Una confianza y una atención que en algunas comunidades, como Cataluña, Castilla y León y Extremadura, ya ha sufrido un duro golpe con la eliminación de las urgencias nocturnas en algunas zonas. "Una asistencia a tiempo puede suponer la vida y a destiempo la muerte", advierte el doctor Solla. Fumadó señala que a los médicos rurales la eliminación de las urgencias nocturnas les repercute en que hacen menos guardias, pero destaca la importancia de este servicio: "Estamos perdiendo calidad y eso es algo que jamás debería pasar".