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13/10/2015 07:56 CEST | Actualizado 13/10/2015 08:25 CEST

Cómo dar una mejor primera impresión (según la Ciencia)

John Lund via Getty Images

¿Engañan las apariencias? La pregunta quizás no tenga una respuesta fácil, pero lo que sí es cierto es que a todos se nos da bien lo de juzgar a las personas de forma precipitada.

Más de una vez habremos escuchado que la primera impresión es lo que cuenta. Pues resulta que hay parte de verdad en ello: las primeras impresiones pueden tener más poder del que imaginábamos. Nuestro cerebro asimila una gran cantidad de pistas verbales y no verbales de manera casi instantánea cuando conocemos a alguien (o, simplemente, cuando vemos una foto de alguien) para formar impresiones a menudo tan precisas como las que fabricamos después de un largo período de tiempo.

Hay investigaciones que demuestran que podemos crearnos una primera impresión en fracciones de segundo, y no sólo mediante un encuentro en persona. También concebimos una primera impresión bastante correcta basándonos simplemente en fotos de Facebook. De hecho, las mujeres son capaces de afirmar si un hombre será o no un buen padre sólo con mirarlo. Ya sea en una entrevista de trabajo, en una primera cita o cuando nos presentan al amigo de un amigo, la primera impresión es muy valiosa y puede ser casi imposible transformarla. No obstante, no hay que desesperar: el hecho de saber cómo solemos prejuzgar a las personas nos puede ayudar a dilucidar las impresiones que nosotros mismos damos.

Esto es lo que necesitas saber sobre primeras impresiones, y sobre cómo puedes dar una buena.

Ocurren con una rapidez increíble...

Un estudio de la Universidad de Princeton llevado a cabo en 2006 reveló que en sólo una décima de segundo nos creamos una imagen de la persona simplemente en base a su apariencia facial. Los prejuicios (referentes al atractivo, la aceptabilidad, la fiabilidad, la competencia y la agresividad) que se habían realizado en ese lapso de tiempo no eran demasiado diferentes a los que se realizaban sin límite de tiempo. De hecho, la confianza en algunos juicios de valor disminuía tras un mayor tiempo de exposición.

Los investigadores descubrieron que el atractivo y la fiabilidad son las cualidades que juzgamos con más rapidez.

... y es muy difícil cambiarlas

Según algunas investigaciones, las primeras impresiones son tan poderosas que pueden superar incluso a los hechos innegables o al conocimiento previo que teníamos de algo o alguien. Un estudio reciente descubrió que cuando a los participantes se les explicaba la orientación sexual de una persona, estos seguían creyendo que el individuo era gay o heterosexual basándose simplemente en su primera impresión, aunque su opinión contradijera la información que habían recibido. Aunque crearnos una primera impresión es una respuesta cognitiva natural, este tipo de juicios, sin duda, puede llevarnos a creer en estereotipos.

"Es inevitable", afirmaba el investigador Nicholas Rule de la Universidad de Toronto. "Con una buena dosis de esfuerzo se puede llegar a superar en parte, pero tenemos que estar corrigiendo continuamente nuestros pensamientos".

En una primera impresión intervienen diversos factores

En el caso de las entrevistas de trabajo o de una presentación importante, cuenta mucho cómo te vistes o la firmeza de tu apretón de manos. Un estudio de 2009 publicado en la revista Personality and Social Psychology Bulletin reveló que tanto el estilo al vestir como la postura tenían un papel muy importante en las primeras percepciones. Otra investigación demostró que también tiene mucho que ver la fuerza con la que estreches la mano de alguien. Un apretón de manos flojo puede dar una impresión de pasividad, según algunos investigadores. Por tanto, asegúrate de hacerlo con energía.

El tono y el timbre de tu voz también pueden ser determinantes. Un trabajo escocés descubrió que los participantes casi siempre coincidían al juzgar ciertos rasgos de personalidad (como la fiabilidad, la agresividad y la cordialidad) sólo con oír la voz de un individuo. "[Los psicólogos] han confirmado que la gente hace juicios de valor rápidos cuando oye la voz de alguien", explicaba a Science Mag Drew Rendall, psicólogo de la Universidad de Lethbridge. "Además, esos juicios se hacen sin tener apenas pruebas".

Para dar una buena impresión, mejor en persona

Una serie de estudios de la Universidad de Columbia Británica reveló que las primeras impresiones no se forman igual en persona que de forma online o en vídeo. La investigación, con más de mil participantes, mostró que las impresiones en vídeo o en persona eran más o menos exactas en lo que se refería a juzgar rasgos de personalidad como la extroversión o el grado de aceptación. Sin embargo, las impresiones basadas en vídeos pasivos eran mucho más negativas que aquellas basadas en los encuentros cara a cara. Otro estudio descubrió que las primeras impresiones que nos hacemos mediante las fotos de Facebook eran tan acertadas como las que nos creamos en persona, pero que solían ser un poco más negativas.

El psicólogo Jeremy Biesanz de la Universidad de Columbia Británica lo tiene claro, y aconseja: “Si quieres dar una buena impresión, es fundamental que lo hagas en persona”, pues otras formas más pasivas también “tienden a ser más negativas”.

Hay un rasgo en particular que valoramos en las primeras impresiones

Al crearnos una primera impresión, valoramos la fiabilidad por encima de la seguridad en alguien. Cuando creemos que alguien merece nuestra confianza, nuestra impresión sobre esa persona es más positiva, de acuerdo con la psicóloga Amy Cuddy. Cuddy explicó a la revista Wired que hay muchos factores que nos pueden hacer confiar en una persona de forma casi inmediata:

"Puedes hacer muchas cosas para conseguirlo. Una de ellas es dejar que la otra persona hable primero, o cederle la palabra. Puedes hacerlo simplemente haciéndole una pregunta. Creo que la gente comete el error, sobre todo en ambientes de negocios, de pensar que todo es una negociación. Piensan: ‘Mejor empiezo yo a hablar y así tomo las riendas de la situación’. El problema es que no dejas que la otra persona sienta simpatía hacia ti. La simpatía consiste en hacer que la otra persona se sienta comprendida. Quieren saber que los entiendes. Y si consigues hacerlo es fascinante".

Este artículo fue publicado originalmente en la sección Third Metric de la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

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