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03/05/2013 08:03 CEST | Actualizado 02/07/2013 11:12 CEST

Papa argentino, reina argentina, ¿no será mucho?

Después del "efecto Francisco", muchos en Argentina se preguntan si llegó el momento del "efecto Máxima". Junto con Lionel Messi, son las tres figuras internacionales más destacadas del país. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner fue hostil con el ex obispo Jorge Bergoglio incluso el día de su elección pero luego cambió drásticamente de postura ante la aceptación mundial del nuevo jefe de la Iglesia. Luego de la coronación de Máxima, la gran empresa holandesa Shell podría ser un punto de discordia con la nueva estrella argentina en el mundo.

La elección del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, como nuevo Papa fue un golpe político para la presidenta argentina. Hacía tres años que no le atendía el teléfono ni lo recibía, disgustada por sus críticas declaraciones. El diario El Cronista llegó a dar cuenta de una operación urdida entre el canciller, el embajador argentino en el Vaticano y otros para frenar la que ya era una segura votación de los obispos a favor de Bergoglio.

Ante el hecho consumado de semejante elección y la noticia histórica de que un argentino presida la Iglesia, el gobierno de Cristina Fernández de Kircher emitió un frío comunicado. La novia del vicepresidente Amado Boudou lo acusó en un twitt de proteger a pedófilos y no ocultó su desagrado.

Ante la aceptación mundial de Francisco -y especialmente en Argentina, un país mayormente católico-, llegó la contraorden. Francisco pasó a ser un amigo. Cristina Fernández lloró de emoción el día de la entronación en el Vaticano y le pidió al Papa que visite su país natal pero después de las elecciones legislativas de octubre. El vocero del Vaticano, hace pocos días dijo que no habría, en principio, viaje a Buenos Aires. Varios en el gobierno insisten sin cesar en lo importante que sería que celebre su primera misa de Navidad en Argentina.

La asunción de Máxima Zorreguieta como reina de Holanda plantea un dilema similar. La relación de los Kirchner con ella siempre fue cordial pero distante. El vínculo de Jorge Zorreguieta, padre de Máxima, con la dictadura militar de los años 70 es su talón de Aquiles. Sin embargo, sorpresivamente, el matrimonio presidencial que hizo del conflicto su marca nunca hizo referencia a este asunto incluso cuando los derechos humanos constituyen una de sus banderas políticas.

Cristina Kirchner y Máxima se encontraron varias veces. La última ocasión, fotografiada hasta el cansancio por los medios argentinos, fue justamente en el Vaticano para la asunción de Francisco.

Máxima ahora tendrá un rol distinto. Es la reina de un país con monarquía parlamentaria y con fuertes intereses en la Argentina. El intercambio comercial de ambos países arrojó 1.106 millones de euros a favor de Argentina, más del 10% del total del resultado positivo de todo el año. Holanda es el séptimo destino de las exportaciones.

El punto crítico será el petróleo. La Royal Dutch Shell concentra el 20% del mercado de venta de combustibles en el país, un segundo jugador estratégico luego de YPF. Es el principal activo holandés en la Argentina. Además, es la única empresa que está explorando en el prometedor campo de petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta, capaz de cambiar el futuro económico del país. Sin embargo, el presidente de la empresa, Juan José Aranguren, es un enemigo declarado del gobierno.

En 2005, el entonces presidente Néstor Kirchner convoctó a un boicot nacional que consistía en no comprarle combustibles a las estaciones de servicio de Shell porque había aumentado sus precios. Piqueteros y grupos afines al gobierno se afincaron en los puntos de venta durante dos semanas. La empresa resistió una caída de ventas del 60 por ciento. Desde ese momento, Shell recibió 117 multas por parte de la Secretaría de Comercio y Aranguren fue denunciado, también por el gobierno, en 57 causas penales.

La corona holandesa tiene una histórica relación con la Royal Dutch Shell, de allí la primera palabra de su nombre corporativo. Beatriz, la suegra de Máxima, durante gran parte de su reinado ocupó un lugar en el directorio de la petrolera. Si bien hoy la corona no tiene un representante en la compañía, sigue siendo uno de sus principales accionistas.

No es de esperar que Máxima, a pesar de ser economista y de haber trabajado en un banco de Wall Street, sea directora en Shell como Beatriz. La empresa cotiza en las bolsas de Amsterdam, Nueva York y Londres y tiene un management independiente. Sin embargo, ante el próximo conflicto de la petrolera- que conserva su sede central en La Haya- con el gobierno argentino, muchos se preguntan si Máxima sacará a relucir su documento argentino o su flamante corona holandesa.

Este artículo también podrá ser leído en el blog del autor La revancha de Keynes

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