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17/09/2015 07:47 CEST | Actualizado 16/09/2016 11:12 CEST

10 cosas que no haría una persona emocionalmente inteligente

late 20sHay muchos que piensan que lo más inteligente es suprimir las emociones, que para ser efectivo hay que ser como una máquina, pero la experiencia nos dice que esta forma de pensar ha traído al ser humano más sufrimiento que éxito. Las personas que dominan la inteligencia emocional saben filtrar, redefinir y expresar sus emociones; viven una vida más auténtica, más plena y consciente.

La inteligencia emocional es probablemente un atributo personal tan poderoso como infravalorado en nuestra sociedad.

Basamos nuestro comportamiento diario en la lógica y en la razón, y aún así llegamos siempre al mismo tipo de conclusiones, ya sean decisiones tomadas después de largos periodos de reflexión o en un abrir y cerrar de ojos. Nuestros líderes pasan por alto descaradamente el elemento humano de las cuestiones sociopolíticas y no hace falta que cite el porcentaje de divorcio para convenceros de que no estamos eligiendo bien a nuestras parejas ni tampoco somos capaces de mantener relaciones íntimas durante largos periodos de tiempo.

Pareciera que las personas creen que lo más inteligente es suprimir las emociones. Para ser efectivo hay que ser como una máquina, como buena víctima de su época, un robot bien engrasado al servicio del consumismo, sintonizado digitalmente, apenas consciente, pero operacional y disponible para todos. Y por ello sufrimos.

Aquí te mostramos los hábitos de las personas con la capacidad de ser conscientes de sus sentimientos. Personas que saben cómo expresar, procesar, desmontar y ajustar sus experiencias porque son capaces de evaluar su locus de control, saben qué posición ocupan en su interacción con el mundo. Son los auténticos líderes, son los que viven las vidas más genuinas y completas, y es de ellos de quienes deberíamos tomar ejemplo. Estas son las cosas que las personas emocionalmente inteligentes no hacen:

1. No dan por supuesto que lo que piensan o sienten sobre una situación es como es en realidad.

Son conscientes de que sus emociones son respuestas a estímulos y no un instrumento preciso de medición de la realidad. Aceptan que esas respuestas a menudo pueden estar relacionadas con asuntos personales, en vez de con el suceso objetivo en cuestión.

2. Sus puntos de apoyo emocional no son externos.

El estado de sus emociones no depende de otros y, por tanto, no es responsabilidad de otros resolver o gestionar sus emociones. Al entender que ellos mismos son la causa última que modifica la percepción de una experiencia, son capaces de no caer en la trampa de la pasividad indignada, la trampa en la que uno cree que el universo se ha equivocado y sólo el universo será el que enmiende su error.

3. No dan por sentado que saben qué es lo que les hará verdaderamente felices.

Dado que nuestro único marco de referencia emocional es aquello que ya hemos experimentado en el pasado, en realidad no disponemos de medios para determinar qué es lo que nos haría completamente felices, en oposición a simplemente sentirse a salvo de aquellas experiencias pasadas que nos desagradaron. Entender este hecho ayuda a los emocionalmente inteligentes a mantenerse receptivos ante cualquier situación donde les lleve su vida, a sabiendas de que en toda experiencia hay lecciones que aprender, para bien y para mal.

4. No identifican el miedo como una señal de estar en el mal camino.

La indiferencia sí es un signo de que no estamos bien encaminados. El miedo significa que intentamos alcanzar algo que amamos, pero en el camino se interponen nuestras viejas creencias o heridas sin cicatrizar. También puede ser un llamamiento a superar los propios miedos y evolucionar.

5. Saben que la felicidad es una opción, pero no necesitan sentirla constantemente.

No están atrapados en la ilusión de que la felicidad es un estado de ánimo prolongado. Se toman el tiempo necesario para procesar todo lo que experimentan. Se permiten existir en su estado natural. En ese estado de no resistencia encuentran satisfacción.

6. No permiten que sus pensamientos sean propiedad de otros.

Reconocen que, debido al condicionamiento social y a la eternamente inquieta mente mono del ser humano, pueden verse influidos por mentalidades, creencias y actitudes que nunca les pertenecieron en un principio. Para combatir esto, hacen inventario de sus propias creencias, reflexionan sobre sus orígenes y deciden si ese marco de referencia les sirve de verdad o no.

7. Son conscientes de que un autocontrol infalible no es inteligencia emocional.

No contienen sus sentimientos ni intentan moderarlos hasta casi hacerlos desaparecer. Sin embargo, lo que sí hacen es retener la expresión de la respuesta emocional hasta considerar que se encuentran en un contexto apropiado para expresar sus sentimientos. No los reprimen, sino que los gestionan de forma efectiva.

8. Saben sobrevivir a sus emociones.

Han desarrollado una resistencia y una consciencia suficientes para saber que todas las cosas, también las peores, son transitorias.

9. No se hacen amigos íntimos de cualquiera.

Consideran que la confianza y la intimidad verdaderas deben construirse y trabajarse y que deben juzgar cuidadosamente con quién las comparten. No quiere decir que sean reservados o cerrados, sino simplemente conscientes y sensatos sobre a quién permiten acceder a sus vidas y corazones. Son amables con todos, pero completamente sinceros con pocos.

10. No confunden un mal sentimiento con una mala vida.

Son conscientes del fenómeno de la extrapolación y la evitan. Extrapolar es básicamente proyectar el momento presente en un futuro previsible, en la creencia de que el momento en cuestión constituye el resumen de una vida completa, en lugar de considerarlo como una experiencia transitoria dentro de un contexto general. Los emocionalmente inteligentes se permiten tener días malos. Se permiten ser completamente humanos. De nuevo, es en esta no resistencia donde encuentran el mayor grado de paz.

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Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Diego Jurado Moruno