La 'fast fashion' llega al arte sacro: Sevilla se revuelve contra la competencia desleal
De las túnicas y las medallas se ha pasado a los mantos o las bambalinas: el 'made in Asia' se ha colado en oficios centenarios, amenazando el patrimonio y el negocio. Las peticiones de protección han llegado hasta el Parlamento Europeo.

En la Semana Santa de Sevilla procesionan crucificados del siglo XVI, pasos del XVII, cruces, candelabros y túnicas del XVIII, mantos y sayas del XIX, estandartes con 125 años a sus espaldas... Las hermandades y cofradías han pagado por el arte sacro que lucen en los templos y en las calles con reales de vellón, escudos, doblones, maravedíes y pesetas, un esfuerzo que busca la perpetuación del patrimonio, su muestra de fe más vistosa.
Ahora, sin embargo, este mundo globalizado que nos pone al alcance también lo más lejano y lo más exótico, amenaza a esos profesionales del bordado o la orfebrería con la fast fashion, la entrada en liza de piezas hechas sobre todo en Asia, más rápidas y baratas de producir, pero también más efímeras. En riesgo están las empresas del sector y sus empleados, pero también la memoria.
Primero, se fueron localizando en el mercado piezas de menor valor, como medallas y túnicas para los nazarenos, directamente compradas de serie en una conocida plataforma, pero ya en los dos últimos años saltaron las alarmas cuando la competencia llegó a los mantos y las bambalinas, a las sayas y los gallardetes.
Dos casos llamaron particularmente la atención. Uno es el del manto que un grupo de devotos donó el año pasado a Virgen de los Ángeles, titular de la hermandad del Soberano Poder de Morón de la Frontera (Sevilla), una obra confeccionada con bordados de Pakistán. El otro, el de la Virgen de Salud y Esperanza de Jerez de la Frontera (Cádiz), que ya en la Semana de Pasión de 2024 lució un manto de diseño español pero ejecución pakistaní.
Las hermandades más antiguas y con más posibles resisten y no entran, por ahora, en esta tendencia, pero sí lo hacen las pequeñas o de nueva creación, que alegan que no se pueden permitir determinadas manos. Por ejemplo, se calcula que el precio de un manto base para una imagen hecho en España no baja de los 100.000 euros. En cambio, en el mercado asiático puede encontrarse por entre 30.000 y 40.000.
Son datos de la Asociación Gremial Sevillana de Arte Sacro, que ha emprendido una cruzada para concienciar de lo que se puede perder y para proteger el sector. Pone un botón de muestra: aquí hay que pagar el hilo de oro, que cuesta 3.000 euros por kilo, mientras que fuera se usan materiales menos nobles, como el plástico, o de dusosa procedencia, tras reusos y reciclajes, enormemente más baratos.
El maestro bordador sevillano Francisco Carrera Iglesias, Paquili, al frente de la asociación, habla de un doble problema: el de los derechos de las creaciones y el de la permanencia de la maestría centenaria. Sobre el primero, es realista. "En el siglo XXI, somos plenamente conscientes del libre mercado y no denunciamos a nadie que esté dentro de esos parámetros. El problema con el que nos encontramos es que se utilizan piezas realizadas por artistas españoles, en nuestro caso sevillanos, que se plagian lejos. Se les pone la marcha de agua como si las hubieran ejecutado ellos plenamente".
Eso, remarca, es "no ser legal en el tablero del mercado mundial" y menos aún en un espacio regulado por normativas nacionales y europeas como el español. "Haga usted sus creaciones y véndalas si tiene clientela para ellas. Ahí, claro, no nos metemos. Pero si ustedes están utilizando la marca de Sevilla para aprovecharse y hacer negocio, sí", enfatiza.
Sostiene que, en el día a día, sienten el "respaldo" de las hermandades, concienciadas del reto porque se juegan "la idiosincrasia y la historia". El 95% de las creaciones de estos talleres acaban en sus manos, por lo que son clave. "Y ellas, sin el arte sacro, serían otra cosa", resume de un plumazo, recordando su importancia tanto en lo fervoroso como en lo turístico. Lo que les ha dado "identidad y orgullo a lo largo de los siglos" puede acabar siendo ninguneado por lo rápido y barato, y ahí entra el problema de la supervivencia de lo conocido, "mimado y respetado". "Hay que apostar por artistas con currículum demostrado, que contribuyen a un arte y a un oficio, que pagan nóminas e impuestos", abunda.
Un golpe de llamador
Su postura se escuchó el pasado septiembre en un lugar a priori poco esperable, como la sede del Parlamento Europeo en Bruselas, la capital comunitaria. Carrera Iglesias acudió junto al alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, y el eurodiputado hispalense Juan Ignacio Zoido (ambos del Partido Popular) para inaugurar una exposición de imaginería, bordado, talla y orfebrería sacra que pretendía ser una llamada de atención ante esta competencia desleal.
Que hubiera que pelear duro con las aseguradoras para garantizar el traslado de las obras de arte o que fuera preciso abrir las puertas del edificio que nunca se usan por el tamaño de los portes son las anécdotas, como los rostros de los eurodiputados, funcionarios y periodistas que pasaban atónitos ante dolorosas, cristos, respiraderos, varales y candelerías. Lo central estaba en la batalla "por el futuro y la excelencia" del sector, como apuntaba el presidente de un gremio al que, en 2024, se le concedió la Medalla al Mérito en las Bellas Artes por parte del Ministerio de Cultura. Un reconocimiento impulsado de inicio por el antiguo regidor socialista, Antonio Muñoz.

Un golpe de llamador que buscaba, según la asociación, lo pedagógico y lo legal. Por un lado, se enseñaba el valor de lo hecho. Por otro, se reclamaba protección y cobertura para sus profesionales. Y es que así se quería abrir los ojos a los diputados de los Veintisiete socios comunitarios ante una propuesta que Zoido prometió impulsar para que se plantee una denominación geográfica protegida para estos bienes, en el marco de una discusión mayor sobre productos artesanales e industriales que se lleva a cabo en la Eurocámara y con la Dirección General de Industria de la Comisión Europea (CE).
El fin es proteger la producción, los gremios y su filosofía ante amenazas externas. Sólo en la capital hispalense hay 300 talleres, que emplean a un número de entre 800 y mil especialistas.
Zoido, además, ha planteado la posibilidad de que se imponga algún tipo de arancel o tasa extra a este tipo de productos para que sus vendedores "cumplan con las reglas y jueguen con las mismas cartas". "Si hay aranceles para otras cosas, también puede haberlos para esto", aseguraba en la recepción, enfatizando además las diferencias en cuanto a derechos laborales que se dan en países asiáticos y las que se obligan a tener en la propia Andalucía.
El que fuera ministro del Interior español y el regidor sevillano se reunieron también con el embajador de Pakistán ante la Unión Europea. Aunque no es el único país del que proceden las copias, es uno de los señalados, desde donde incluso han llegado amenazas a los artesanos sevillanos por señalarlos en público. Además, es de los que tienen unos mayores lazos comerciales con la Unión Europea (UE), que es su segundo socio comercial, con un 12% de los negocios.
La legación bruselense de Islamabad se comprometió a dialogar sobre la queja española y a investigar los casos aportados por los profesionales. El embajador también se paseó por la zona enmoquetada de la exposición. "Se tienen que pronunciar sobre lo que conocen", resumía Paquili.
Todos por igual
La exposición en Bruselas, con sus presiones políticas paralelas, fue la culminación de una batalla institucional y profesional sostenida en Sevilla, ciudad con una de las Semanas Santas más reconocibles de España.
El pasado septiembre, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla, el Arzobispado de la ciudad, el Consejo de Hermandades y la Cámara de Comercio suscribieron un manifiesto conjunto en apoyo a los talleres locales ante las crecientes amenazas derivadas de la competencia desleal de productos importados.
Dos semanas más tarde, el presidente andaluz, el también popular Juanma Moreno, lanzó un mensaje en una visita al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. "Aquí es donde están los profesionales", recordó. Hasta 267 entidades se han beneficiado de más de 5,4 millones de euros en ayudas, repartidos en tres convocatorias, desde su llegada al poder, según datos oficiales conocidos este marzo.
Aunque los profesionales se fijen en destacar, sobre todo, el valor artístico y devocional de su labor, es innegable que una Semana Santa de sevillanas maneras es un motor económico para la ciudad que conviene no gripar. La Asociación Sevillana de Empresas Turísticas (ASET), estima que las reservas turísticas en la capital andaluza rozarán el 90% a partir del Jueves Santo y las festividades de la semana completa supondrán un impacto económico de entre 400 y 500 millones de euros en 80 sectores de la ciudad, donde se crearán miles de empleos. Según los datos manejados por la entidad, Sevilla podría recibir en torno a un millón de visitantes en este periodo.
De ahí, también, la necesidad de proteger aquellos elementos que la hacen única, empezando por las manos que bordan, cincelan o colocan pan de oro.
