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Estamos sesgados, no pensamos tan racionalmente como creemos

Es muy importante que seamos capaces de cuestionar nuestros propios pensamientos.

Los humanos no evolucionamos para tomar decisiones lógicas, evolucionamos para sobrevivir. Y los sesgos cognitivos nos han ayudado a cumplir ese propósito. Pero el mundo moderno presenta muchos escenarios que exigen cálculos más racionales, y a menudo nos sentimos frustrados, preguntándonos por qué no obtenemos los resultados deseados. Además, creemos que somos muy objetivos y lo hacemos todo estupendamente.

Un sesgo cognitivo es un patrón sistemático que tercia la racionalidad en el juicio. Los sesgos cognitivos a veces pueden conducir a una distorsión perceptiva, a un juicio inexacto, a una interpretación ilógica o lo que en general podríamos llamar irracionalidad.

Algunos sesgos cognitivos son presumiblemente adaptativos, para lograr acciones más rápidas, y otros sesgos cognitivos son una consecuencia de las limitaciones del procesamiento humano.

¿En cuántos sesgos incurrimos los seres humanos? Parece que los principales son 17 aunque la lista definitiva de sesgos cognitivos probablemente proviene de Wikipedia, que identifica 104 sesgos, algunos tomados un poco por los pelos, eso sí.

“Un sesgo cognitivo es un patrón sistemático que tercia la racionalidad en el juicio.”

Cualquiera sea el número exacto, hay suficientes sesgos cognitivos para que consultoras líderes como McKinsey ahora tengan prácticas de “de-sesgado” para ayudar a sus clientes a tomar mejores decisiones.

Lo que sí podemos hacer es organizar los diversos sesgos en cuatro categorías principales, para que nos ayude a pensar en cómo surgen los prejuicios en nosotros y cómo podríamos superarlos. Las cuatro categorías serían:

  1. Sesgos que surgen de tener demasiada información: Por ejemplo, cuando nuestra mente nos presenta elementos ya preparados procedentes de la memoria. Nos fijamos pues en detalles que confirman nuestras creencias, sin ningún tipo de cuestionamiento.
  2. No hay suficientes datos: Completamos espacios en blanco con estereotipos y experiencia previa. Concluimos que aquello con lo que estamos familiarizados es mejor que lo que nos resulta extraño o ajeno.
  3. Cómo recordamos: Sucede cuando reducimos acontecimientos (y recuerdos de los mismos) a elementos clave de entonces. Editamos recuerdos después del hecho. Combinamos recuerdos que ocurrieron en momentos similares aunque en diferentes lugares o que sucedieron en el mismo lugar aunque en diferentes momentos o con las mismas personas, etc.
  4. Necesidad de actuar rápido: Esto ocurre cuando favorecemos opciones simples con información más completa por encima de opciones más complejas con información menos completa. Y tenemos tendencia a la inercia: si hemos comenzado algo, continuamos haciéndolo en lugar de cambiar a una opción diferente, aunque no sea ya una buena opción.

Estas cuatro categorías son útiles porque, a medida que tomamos decisiones, podemos hacernos preguntas simples, como: “¿Estoy sesgando mi percepción por exceso de información o no tengo suficientes datos para tener una visión neutral?”. Es muy importante que seamos capaces de cuestionar nuestros propios pensamientos, en lugar de creer que porque aparecen en nuestra mente han de ser tomado como una verdad absoluta y me he de fiar de mis creencias. Tenemos muchas tendencias perjudiciales que, de no ser conscientes de ellas y poder contemplarlas como tales, nos llevan a numerosos prejuicios, malas decisiones, a cometer injusticias y, como decía Kant, “a no ver las cosas como son, sino como somos nosotros”.