Cómo gestionar tu enfado cuando ves a alguien saltándose las normas contra el coronavirus

Muchas personas siguen haciendo vida normal como si la pandemia no fuera con ellos, pero la solución no pasa por discutir e insultar.

Si llevas una eternidad sin reunirte con tu familia o sin irte con tus amigos de vacaciones por la pandemia, ver cómo los demás siguen haciendo todo eso que tú añoras puede ser desesperante. Y si encima esas personas se burlan de ti por tener “demasiado” cuidado, apaga y vámonos.

La pandemia ha provocado ya más de 60.000 muertes en España, según los datos oficiales, y sigue sobrecargando el sistema sanitario con miles de hospitalizados en esta tercera ola. Los sanitarios han lamentado que van a tener que volver a elegir a quién pueden salvar y a quién no, y muchos están trabajando más turnos de los que les corresponden. Aun así, una parte de la población se sigue reuniendo alegremente sin mascarillas en espacios cerrados y haciendo vida normal. El ejemplo de muchos influencers tampoco ayuda.

Si te hierve la sangre cada vez que ves en una historia de Instagram que un conocido se está saltando las normas o cada vez que te enteras en las noticias de los eventos clandestinos que se siguen celebrando por todo el país, tu rabia e impotencia están perfectamente justificadas.

“Quienes realizan estas actividades incívicas durante la pandemia están transmitiendo el mensaje de que el coronavirus no es problema suyo y que no ven razón para cambiar su conducta”, comenta la doctora en Psicología Zainab Delawalla. “Todo esto cabrea a la gente que lleva casi un año sacrificando su antigua rutina por el bien común”.

“Cuando cumples tu parte del trato, es exasperante ver que los demás no lo hacen”, añade Delawalla.

Descubre los consejos de los expertos para aprender a gestionar la irritación, el enfado y la impotencia que sientes cuando piensas en estos casos.

1. Tú tienes claro que lo que hacen es peligroso, pero ellos no lo ven así.

Lo que la gente entiende por protegerse del coronavirus varía mucho de una persona a otra. Por ejemplo, a ti quizás te parezca demasiado peligroso comer dentro de un restaurante (y los expertos en enfermedades infecciosas coinciden contigo) y a tus amigos quizás les parezca algo completamente inofensivo. Al fin y al cabo, si están abiertos, no pueden ser tan peligrosos, ¿no? Tal y como señala la periodista Amanda Mull, de The Atlantic, “mucha gente intenta hacer las cosas bien y se acaba apartando de la ciencia sin darse cuenta porque los mensajes de los científicos se enredan con los mensajes contradictorios de los líderes políticos”.

En otras palabras: algunas personas realizan actividades peligrosas sin saber que son peligrosas, según la terapeuta familiar Abigail Makepeace. Además, que algo esté permitido no quiere decir que sea seguro.

“O quizás estén completamente convencidos de que las personas de las que se rodean están sanas”, apunta Makepeace. Pero que tu familiar o tu amigo no tenga síntomas no quiere decir que no tenga el virus.

2. Piensa en motivos menos obvios por los que estas personas actúan así.

Por difícil que resulte, intenta sentir compasión por las personas a las que ves actuando de forma “egoísta”. Quizás te ayude a mitigar tu ira.

No sabes por lo que pueden estar pasando otras personas en el ámbito personal ni cómo les está afectando la pandemia. “Para algunas personas, socializar en persona quizás sea su principal mecanismo para afrontar sus dificultades”, explica Makepeace.

“Quizás hayan perdido el trabajo o hayan cortado con su pareja, o quizás sus problemas sean menos evidentes y sea un asunto de salud mental”, comenta. “Tal vez no se reúnen porque les dé igual todo, sino como consecuencia de lo mucho que están sufriendo”.

3. Recuerda que sentir ira es una emoción humana normal.

Cuando piensas en el caos, la incertidumbre y la inestabilidad del año pasado, frustrarte con otras personas y con el mundo es una reacción comprensible.

“La ira a menudo está asociada al miedo que mucha gente experimenta cuando siente que ha perdido el control de su vida”, sostiene el doctor en Psicología Lee Land.

A muchas personas, sobre todo a las mujeres, se les enseña desde la infancia que la ira es una emoción que deben suprimir, pero lo cierto es que hacerlo puede acabar intensificándola. Más bien, lo que hay que hacer es recordar que es normal sentir lo que sientes, siempre que no te haga perder los estribos con los demás.

“Hay una diferencia importante entre sentir esa ira y dejarse llevar de forma violenta”, advierte Land. “Irónicamente, cuanto más consciente seas de tus emociones negativas, más fácil será evitar que te desborden por impulso”.

4. Canaliza tu ira hacia un objetivo más productivo.

“Por ejemplo, en vez de echarle la bronca a otro cliente del supermercado por llevar la mascarilla en la barbilla, pídele por escrito a la empresa que sea más estricta a la hora de hacer cumplir la norma”, sugiere Delawalla. “La ira puede ser una emoción muy motivante. Aprovéchala para lograr el cambio que buscas”.

Si tu objetivo es que alguien cambie su conducta, intentar avergonzarle no va a servir de nada. Lo más habitual es que esa persona se ponga a la defensiva e “intensifique su conducta arriesgada para ‘demostrar’ que no se equivoca”, añade Delawalla.

Alejarte unos pasos de la persona que va sin mascarilla es una opción si quieres evitar confrontaciones. Pero si prefieres actuar, puedes hacerlo con amabilidad y con una buena justificación: “Tengo un familiar en casa con una condición de riesgo, ¿podría ponerse bien la mascarilla, por favor?”.

“Si mantienes la calma y te comportas con empatía, lograrás unos resultados mucho mejores que si vas al ataque”, asegura Susan Driscoll.

5. Habla con tus seres queridos sobre su conducta cuestionable.

Mantén la conversación cuando estéis en un sitio tranquilo y expresa tus sentimientos, no le enumeres estadísticas ni le juzgues. Aunque no consigas cambiarle de parecer, al menos te habrás desahogado.

“Lo ideal en cualquier relación sana es que todos los miembros se sientan libres para hablar con franqueza”, expone Land. “Desarrollar esta clase de asertividad sana no solo es bueno para las relaciones cercanas, sino que también te puede proporcionar la energía y la motivación necesarias para lograr un cambio social”.

6. Desconecta de las redes sociales por un tiempo.

Primero, ten en cuenta que lo que ves en Instagram no es la vida entera y real de las personas. Quizás esa historia que han subido sin mascarilla celebrando una fiesta en una casa sea un recuerdo de 2019. O quizás esa persona comparta piso y esté de fiesta con sus convivientes.

Pero si aun así te enfadas al ver las historias de tus contactos, plantéate reducir el tiempo que pasas en las redes.

“Yo recomiendo que apagues y redirijas tu atención a una actividad que te relaje o te haga disfrutar”, aconseja Makepeace.

7. Convierte tu bienestar en tu prioridad.

Cuando sufres mucho estrés, a la mínima pierdes los estribos. Sacar algo de tiempo para hacer algo que te relaje, como ir a pasear, tumbarte con tu perro o hacer un puzle aumentará tu paciencia con otras personas.

“Esta época exige más que nunca que cuides de ti mismo”, afirma Patrick Tully, terapeuta familiar y matrimonial.

Incluso hacer cosas tan básicas como ordenar el cuarto puede mejorar tu estado emocional.

“Hacer la colada, por ejemplo, puede hacerte olvidar lo que pasa en el mundo exterior”, añade Tully. “Merece mucho la pena tomarse estos respiros”.

8. Ve al psicólogo.

Si te supera la rabia o te cuesta mucho controlarla, plantéate concertar una cita virtual con un psicólogo.

“Como observador imparcial, un psicólogo puede escuchar y estar presente para su cliente de una forma que quizás los amigos no puedan en este momento”, comenta Tully.

Un primer paso puede ser acudir a tu médico de cabecera para que evalúe qué clase de atención psicológica o psiquiátrica necesitas, pero la consulta con el psicólogo se puede retrasar por la saturación actual. Si no quieres esperar, tu propio médico de cabecera te recomendará otras opciones o puedes buscar psicólogos independientes en directorios por internet y en asociaciones, como la Cruz Roja u OmniDoctor.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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