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15/12/2019 10:05 CET | Actualizado 15/12/2019 10:05 CET

Guía para entender a Noah Baumbach

Para el director neoyorkino el cine es una experiencia catártica en la que poder exorcizar su trasunto vital.

Ir contracorriente y romper todo pronóstico. Así se ha impuesto Noah Baumbach en la antesala de la 77 edición de los Globos de Oro. Ni Martin Scorsese ni Quentin Tarantino han conseguido superar al director de Frances Ha en el número de nominaciones de Historia de un matrimonio, seis en total, que incluyen las de Mejor película, Mejor guion, Mejor actriz protagonista (Scarlett Johansson), Mejor actor protagonista (Adam Driver), Mejor actriz de reparto (Laura Dern) y Mejor banda sonora original. 

Aunque el próximo 5 de enero de 2020, Noche de Reyes, se sabrá el resultado final, no cabe duda de que Baumbach tiene muchas posibilidades de hacerse con más de un Globo de Oro, especialmente en lo referido a Mejor guion, Mejor actriz de reparto y, quizá, Mejor banda sonora original. Con Joaquin Phoenix (Joker) y Antonio Banderas (Dolor y gloria) como contrincantes en interpretación masculina, Driver verá mermadas sustancialmente sus posibilidades de hacerse con la estatuilla; y, si bien es cierto que intérpretes de la talla de Charlize Theron (Bombshell), Renée Zellweger (Judy), Saoirse Ronan (Mujercitas) o Cynthia Erivo (Harriet) compiten en la categoría de Mejor actriz, también lo es que Scarlett Johansson puede consagrarse y validar su carrera, añadiendo un Globo de Oro a sus merecidos Bafta, Tony y César.

Así las cosas, el panorama se presenta alentador para Noah Baumbach, director que, apostando por una plataforma como Netflix, ha realizado una de sus películas más íntimas. Y es que Historia de un matrimonio, bautizada por muchos como la nueva Kramer vs Kramer (1979), puede que no tenga el enfoque innovador de la cinta de Robert Benton, ni tan siquiera el atrevimiento de Secretos de un matrimonio (1973) de Ingmar Bergman, pero sí consigue plasmar con sencillez y humanidad un tema tan controvertido y endiabladamente complejo como el del matrimonio.

Para Noah Baumbach resulta natural, e incluso cómodo, acometer proyectos con temática cercana a sus propias experiencias. The Meyerowitz Stories (2017) también hablaba de los lazos familiares y de lo difícil que es lidiar con padres y hermanos; e incluso Mientras seamos jóvenes (2014) atacaba los pilares de la madurez, si bien con un tono mucho más cercano al de Alexander Payne, en el que subyace una desazón infrecuente en su filmografía.

Y es que, para el director neoyorkino de cincuenta años, el cine es una experiencia catártica en la que poder exorcizar su trasunto vital, aunque complete con ficción todas sus tramas. Así, hay mucho de su divorcio con la intérprete Jennifer Jason Leigh en Historia de un matrimonio, en la que se expone la relación de un director y una actriz afincados en Nueva York, cuya situación se complica cuando ella se instala en Los Ángeles, a donde él debe viajar para visitar a su hijo. 

Junto con las experiencias personales del guionista y cineasta, tampoco se debe olvidar que A Marriage Story se fundamenta en los dramas personales de sus protagonistas. Sin ir más lejos, Scarlett Johansson se encontraba inmersa en su propio divorcio con Romain Dauriac, cuyas diferencias irreconciliables le hicieron encarar un largo proceso judicial (para placer de la prensa e incomodidad del periodista francés). Johansson tuvo que afrontar que Dauriac solicitase la custodia única de su hija en Francia, y que le echase en cara su carrera como actriz.

John Lamparski via Getty Images
Noah Baumbach.

Adam Driver, por su parte, sufrió el divorcio de sus padres a los siete años, un hecho que marcó su infancia y que le hizo empatizar con Henry, el personaje de su hijo en Historia de un matrimonio. Y cómo no, Laura Dern, magnífica en su interpretación de abogada cínica, paradójicamente fraterna y con un toque vamp, quien habría sufrido asimismo los estragos de un divorcio traumático.

Y todo ello, de nuevo, bajo las órdenes de un director cuyos padres también se divorciaron durante su infancia, y cuya vida personal actual se encuentra marcada por su unión con Greta Gerwig.

Quizá todos estos elementos autorreferenciales no sirvan para explicar la reacción fervorosa del público ante la nueva cinta de Baumbach, ni tampoco para entender la profundidad que subyace a cada uno de los recodos del guion. Con todo, esto no obsta para que al presenciar Historia de un matrimonio no se establezca inmediatamente una identificación absoluta con estos personajes desgarrados; dos personas normales, con características, afectos y relaciones asimismo normales, que se ven imbuidos en una crisis ineludible. Y en esa aparente normalidad, que los lleva a la mediación de interventores, abogados, jueces, familiares, amigos y compañeros, se percibe el desgaste, el desánimo, la decepción de los deseos frustrados; pero también la luz, imperceptible y lejana, de un futuro esperanzador en el que todo pasará.

Esta es, sin duda, la clave que desprende la nueva película de Baumbach y que, en parte, justifica su éxito: la certeza de que, por mal que vaya la vida, siempre vendrá un momento mejor que devuelva el equilibrio, y en el que sea plausible que regrese la felicidad.

 

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