La flora intestinal materna influye en el desarrollo del cerebro fetal

El intestino de la mamá puede ser crucial para la cabeza del recién nacido.
Babys brain and nervous system,3d rendering fetus with brain x-ray inside, 3d illustration.
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Hace unos años era impensable imaginar que pudiera existir una relación entre la flora intestinal de una mujer en gestación y el cerebro del bebé. Las alteraciones en esa comunidad de microorganismos —la microbiota intestinal— pueden afectar al desarrollo del cerebro del feto y por añadidura del nuevo ser.

La distancia entre estos dos parámetros se ha acortado mucho en épocas recientes. Actualmente se tienen numerosas evidencias que indican que el intestino de la mamá puede ser crucial para la cabeza del recién nacido.

“La microbiota intestinal es un modulador de las funciones del cerebro y la conducta”

Los microorganismos que viven en el intestino representan un inmenso ejército de unos 10 billones de bacterias, más numeroso que las propias células de nuestro cuerpo. Son de hasta 1.000 especies distintas, pero conviven entre ellos guardando un cierto equilibrio.

La microbiota intestinal es importante para la memoria, el aprendizaje y el ánimo. Cuando se alteran las poblaciones de los microbios, aumenta el riesgo de padecer enfermedades como alzhéimer, párkinson, autismo, esquizofrenia, depresión, adicción, ansiedad, estrés crónico, trastornos del sueño y esclerosis múltiple.

Disbiosis materna

La disbiosis del microbioma intestinal materno hace referencia a alteraciones en los equilibrios de los diferentes tipos de bacterias. Estos cambios pueden alterar, en última instancia, al desarrollo del cerebro y de la función cognitiva de la descendencia. Estas disbiosis pueden ocurrir por diversos factores, incluyendo las infecciones, una dieta desequilibrada y el estrés.

De todas maneras, cabe mencionar que en el tercer trimestre del embarazo se han observado desequilibrios de las bacterias del intestino, en comparación con los trimestres anteriores. Estos desequilibrios se consideran normales, ya que ocurren como consecuencia de los cambios metabólicos que están sucediendo para conseguir almacenar mayor cantidad de energía metabólica y grasas en este momento crucial del desarrollo del feto.

Algunos estudios recientes efectuados en animales de experimentación han demostrado que las bacterias del intestino de la madre durante el embarazo promueven el desarrollo neuronal. En este sentido, cuando se inducía una disbiosis por tratamiento con antibióticos se observaba que la descendencia presentaba alteraciones en la sensibilidad táctil y en la gestión de las sensaciones como el tacto, la temperatura, la posición del cuerpo, el dolor o la alerta.

Prevenir la disbiosis intestinal

Los factores desencadenantes de desajustes en la microbiota intestinal son variados. Aunque las personas comparten una parte estable de perfiles microbianos similares, existen también características intrínsecas según cada tipo de intestino, como si de los grupos sanguíneos se tratara.

Los datos científicos han constatado que las dietas selectivas, el sedentarismo, el estrés crónico, el insomnio, los antibióticos y fármacos, los aditivos alimentarios, el tabaco, los contaminantes ambientales, el uso excesivo de antisépticos y la alimentación baja en fibra —menos de 25 gramos al día desde los 5 años de edad— son desencadenantes de que los perfiles microbianos se alteren.

“Las decisiones sobre la nutrición, estilo de vida y tratamientos farmacológicos repercuten en la microbiota”

Por consiguiente, conviene recordar que nuestro cuerpo es un inmenso ecosistema plagado de microorganismos. Las decisiones sobre la nutrición, estilo de vida y tratamientos farmacológicos repercuten en la orquesta sinfónica microbiana que nos alberga. El cerebro es uno de los más sensibles a los cambios en las sintonías bacterianas que lo acaban enfermando.