INTERNACIONAL
24/08/2020 13:15 CEST

Las medidas más curiosas que se han tomado en el mundo contra el coronavirus

Desde prohibir que se nombre el virus hasta encarcelar a quien salga de casa, pasando por sambenitos para incumplidores y coñac como 'remedio'

No queda sino batirnos. El Covid-19 está obligando al mundo a ponerse firme contra un mal desconocido, porque es que no hay otra: por más que pese a los negacionistas y “defensores de la libertad”, es el confinamiento, el aislamiento incluso, la distancia social, la higiene extrema y la boca tapada lo que funciona para parar el coronavirus o, al menos, hacer menos grave su estocada.

Son medidas universales las que se han ido tomando, centradas en la limitación del contacto entre personas, la reducción de su exposición, el bloqueo a los estornudos y la saliva... pero que en algunos lugares se han visto complementadas por órdenes, disposiciones e iniciativas más llamativas, pero no necesariamente efectivas. 

“El-que-no-debe-ser-nombrado”

Turkmenistán, un país gobernado por el autoritario Gurbanguly Berdimuhamedow desde 2006, impidió que se nombrase incluso el nombre del mal, ni Covid-19 ni coronavirus. Así lo denunciaron varios periodistas locales, que hablaban de censura en todas las informaciones al respecto, para evitar que se extendiese la idea de crisis. La policía recibió la orden de detener a todo aquel que estuviese hablando sobre el tema en la calle. Como si pudiera desaparecer... La pandemia pone en jaque su idea de que la nación “está viviendo el momento más feliz de su historia”.

Sobre sexos y sexo

Por ejemplo, las autoridades de Panamá decidieron que los hombres y las mujeres podrían salir de casa por separado, en días diferentes. Los sexos no se podrían mezclar, así, en las calles del país centroamericano. Desde el 1 de abril, se decidió que ellas podrían salir a comprar comida los lunes, miércoles y viernes, mientras que ellos tendrían permitido hacerlo los martes, jueves y sábados. El domingo, todos a casa. La medida se ha levantado con el paso de los días, aunque aún surgen unos cien casos nuevos al día

En Irlanda, por su parte, al inicio de la pandemia se impusieron protocolos con medidas para tener sexo de forma segura, que incluía recomendaciones para que los ciudadanos sólo fueran sexualmente activos con la pareja con la que viven, siempre que no tuviera síntomas del virus, y se evitara tener relaciones o incluso besar a alguien fuera de su hogar o sospechosa de tener la enfermedad.

“Vale la pena tomarse un descanso de las interacciones físicas y cara a cara, especialmente si conoce a sus parejas sexuales en línea o se gana la vida teniendo relaciones sexuales. Considere usar video, sexting o salas de chat y asegúrese de desinfectar los teclados y las pantallas táctiles que comparte con otros”, aconsejó el servicio de salud. Además, reordaba que la masturbación no propagará el coronavirus “especialmente si te lavas las manos (y cualquier juguete sexual) con agua y jabón durante al menos 20 segundos antes y después”.

Muchas parejas han tenido que soportar en estos meses el problema de vivir cada uno en un país -por cuestiones laborales, personales, por confinamientos comenzados en otro lugar- y ver cómo Gobiernos como el de Bélgica impedían su reagrupación. Justo esta semana se ha resuelto esta “injusticia”, como denunciaban los afectados. 

Castigos sonrojantes

En India ha habido verdadera mano dura. Se adoptaron las medidas de confinamiento ya habituales pero, con 1.353 millones de habitantes, los desmanes se multiplicaban, así que optaron por establecer patrullas intensas en las calles y castigar comportamientos poco seguros. Así, llegaron los abusos policiales, las palizas, las órdenes de volver a casa a palo limpio o los castigos, que iban desde el servicio comunitario a hacer flexiones en mitad de la calle.

También se inventaron las llamadas “caretas de la vergüenza”, una especie de moderno sambenito que marcaba a quienes se hubieran saltado el encierro, acompañado de un cartel en el que se leía “perdón”. En el caso de los extranjeros, se les castigó a escribir 500 veces “no respeté el confinamiento. Perdón”.

A la cárcel... o a la tumba

No son pocos los países que han optado por la prisión para quienes sacaban los pies del tiesto. Rusia, Hungría, Serbia... Los rusos impusieron penas de cinco años de cárcel como castigo más duro por pasarse la cuarentena, en un país en el que la policía puede acudir a un domicilio en cualquier momento para comprobar que se está en casa o no. En Hungría, penas de hasta ocho años de cárcel por cuestiones de encierro, pero también hasta cinco años de prisión por la difusión de noticias falsas sobre la pandemia. En Serbia, las condenas firmes se dieron ya en la primera semana de encierro; la más sonada, tres meses para el futbolista Prijovic, ahora en la liga saudí. Se había reunido para tomar unas copas, pese a la prohibición de reunirse más de cinco personas en espacios cerrados y de dos en el exterior. 

Se lleva la palma el Gobierno del brutal Rodrigo Duterte, en Filipinas, que se hizo con poderes especiales contra el coronavirus otorgados por el Congreso y avisó a quien se salte las estrictas normas: “A cambio de causar problemas, te enviaré a la tumba”. “Mis órdenes son para la policía y el ejército: si hay problemas o surge una situación en que la gente pelea y sus vidas están en peligro, disparen a matar”, autorizó. Las autoridades locales de la ciudad de Santa Cruz, al sur de Manila, encerraron toda una noche a cinco jóvenes en una jaula el 20 de marzo, después de haber sido acorralados por perros callejeros, por “haber violado el toque de queda y agredirles verbalmente”. Duterte aplaudió esa “lección”. 

Emergencia permanente y toque de queda

Entre las medidas de cerrojazo, destaca la decisión del parlamento húngaro de autorizar al primer ministro, el polémico ultraderechista Viktor Orban, a gobernar por decreto bajo un estado de emergencia, que se establecía con duración indeterminada. Al final, estuvo en vigor hasta junio. Los opositores denunciaron que se trataba de un paso excesivo, que el Ejecutivo estaba usando para extremar el control de la disidencia y evitar cualquier tipo de contestación. 

En otros lugares, como Ecuador, se adoptaron toques de queda nocturnos. Allí, no se podía salir a la calle entre las nueve y las cinco de la mañana, una medida que alcanzó a todo el país y que se mantiene en algunas áreas pequeñas. También se hizo eso en Europa, en ciudades como Belgrado (Serbia) o Amberes (Bélgica), de once y media de la noche a seis de la mañana. No se tomaba una decisión así desde los bombardeos y el cerco de la Segunda Guerra Mundial. 

Contra la violencia machista

El Ejecutivo de Australia detectó que, como consecuencia del confinamiento, había una importante subida de los casos de violencia machista. Por eso,  anunció una inversión de 150 millones de dólares australianos (unos 82 millones de euros) en programas de lucha contra la violencia doméstica. Un dinero destinado a ONG, para mejorar la atención telefónica. Las búsquedas en Google vinculadas a la ayuda en caso de violencia de género se incrementaron en un 75% desde que el gobierno australiano comenzó a poner restricciones por el avance de la pandemia.

Tecnología al poder

Muchos han sido los inventos promovidos estos días para evitar el contacto entre personas o tocar superficies en las que el virus pueda mantenerse vivo, pero entre ellos destacan los robots instalados en Túnez y el Japón para patrullar, ver si la gente cumple con el confinamiento, solicitar la documentación y lanzar mensajes de ánimo y de aviso a los ciudadanos.

En el país asiático, unos niños han inventado además un dispensador de gel hidroalcohólico hecho con piezas de Lego, que el Gobierno ha hecho propio y se va a instalar en las escuelas. 

En Nepal, los agentes de policía recurrieron a una especie de pinza, que sirve para “capturar” a los civiles sin tener que tocarlos ni acercarse. 

 

El alcohol, ¿solución o problema?

En Kenia fue muy polémico el pack entregado por el gobernador de Nairobi, porque incluyó botellas de coñac como si fueran de primera necesidad y con el mensaje, erróneo según las Naciones Unidas y la Asociación Médica Africana, de que el alcohol podía ayudar a prevenir la enfermedad. El reparto se hacía a través de una ONG que preside el mismo gobernador. Todo quedaba en casa. 

En Sudáfrica, en cambio, la medida que se adoptó fue la de vetar la venta de alcohol, un paso muy impopular. Lo que pretendían las autoridades era rebajar el número de personas que iban a los hospitales por ingesta excesiva, por accidentes o por peleas provocadas por borracheras. Se calcula que antes de la pandemia se daban 42.000 asistencias médicas a la semana, y con esta orden, bajaron entre un 60 y un 70%. 

Proteccionismo y solidaridad

En América Latina, azotada por la pandemia un poco después que Asia y Europa, se han producido también medidas llamativas en el plano económico, como la decisión de Bolivia de impedir que salieran del país productos esenciales como como geles, desinfectantes, mascarillas o jabón. Lo comprado, allí se quedaba; lo producido en casa, también. Emergencia obliga. 

En El Salvador, por su parte, el Gobierno se ofreció a retrasar el pago de facturas esenciales como la luz, el agua o el teléfono y también el abono de créditos bancarios, para salir adelante en los peores meses. 

Vigilia rebajada

Los obispos de varias diócesis de Estados Unidos decidieron levantar parte de las restricciones de la cuaresma por la irrupción del coronavirus. Un obispo de Nueva Jersey, con 600.000 fieles en su diócesis de Metuchen, permitió comer carne los viernes, salvo el Viernes Santo. “Dadas las dificultades para obtener algunos tipos de comida y los muchos otros sacrificios que estamos sufriendo de repente, he concedido una dispensa de la abstención de comer carne los viernes para lo que queda de cuaresma”, publicó el obispo, James F. Checchio, en la cuenta de Twitter.

Por supuesto, la orden general en el planeta ha sido la de anular cualquier evento religioso y tomar medidas como no dar la comunión, no imponer ceniza, no permitir lavar los pies en el recinto... 

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